28 de agosto de 2012 11:59 hs

Ramiro De León cree que su vocación por la moda nació de un viaje que hizo con sus tíos a Buenos Aires en la década de los 70, cuando todavía era un niño. Nunca se olvidó del “lujo excesivo” que vio una noche en el hotel Sheraton en la capital argentina. Su abuela era modista de alta costura, su madre también y su padre había tenido una sastrería de joven. El diseño le corría por las venas. Fue cinco años a la Facultad de Ingeniería, donde sufrió “como un perro”. En 1987, cuando tenía 20 años, empezó a trabajar en el taller de sus padres en la parte de diseño.

Tres años después puso su primera marca, Apolonia. Y fue en 2008 cuando abrió un atelier de alta costura con la grifa que lleva su nombre. Recientemente fue designado coordinador general de la Facultad de Diseño de la Universidad de la Empresa (UDE), convirtiéndose así en el primer diseñador que ocupa ese cargo.

¿ La moda de alta costura es un negocio rentable?

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Sí, existe un público para la alta costura y estamos cada vez más rodeados de diseño, lo que hace que la gente se acostumbre a consumir diseño en cualquier cosa, lo que lleva a la customización. Esto hace que haya personas dispuestas a pagar un diseño exclusivo debido a la relación que existe entre el look que quiere dar y cómo eso les hace sentir. Es aquello de escapar de la masa. Ahora hay una situación económica que lo permite. La gente está gastando más en momentos, no tanto en cosas. El tipo de ropa que vendo es para un momento.

¿Cómo le llegan las clientas?

Referidas. Tengo una política desarrollada hacia las referidas. El 95% es recomendación, por eso uno tiene que cuidar si estás trabajando bien o no. Y cuidar el servicio posventa. Me gusta tener una relación cercana con la clienta más allá del vestido en sí. Me gusta saber qué pasó, cómo le fue, cómo disfrutó; vivir con ellas la experiencia.

¿Cómo maneja la competencia?

Me diferencio a base de diseño de autor. Tengo registros de derecho de autor en muchísimos procesos de fabricación y ornamentación. Si alguien lo pudiera copiar hay un tema de derechos de autor. También tengo registros de ornamentación orgánica –decorar con la propia tela del vestido sin agregar nada– y en investigación textil. Uso mucho láser, tecnología, alteración química, nunca dejo una tela como viene. No estoy para nada en contra de los sintéticos: hay sintéticos maravillosos. El 90% del mercado mundial de telas es sintético.

¿Qué opina de cómo viste la mujer ejecutiva uruguaya?

Vamos mejorando. Hace varios años que se animaron a separarse de la imagen de los hombres. Años atrás no querían llamar la atención, tenía que ser una cosa muy tranquila. Sin embargo, ahora lo justo de un trajecito está bien visto. La sastrería del hombre y de la mujer es completamente distinta. Es mucho más complicada la buena sastrería de mujer porque hay largo de talles para mejorar, busto grande, chico, cintura, cola. Nosotros tenemos que mejorar esa forma. Esa unión entre saber manejar la función y la forma: es el diseño que se paga porque eso no se compra hecho.

¿La ejecutiva aplica su inteligencia a la hora de vestirse?

Ahora se ve como inteligente una mujer bonita. Una mujer bien vestida no es una mujer vestida de hombre. Da cierto poder mostrarse, un poder que los hombres nunca vamos a tener. Es el hecho de no pronunciar palabra y que haya un halo que diga “estoy aquí”. Estamos alejando a la mujer-florero. El dueño de la compañía antes tenía al lado a un florero, súper exhibido. Pero eso ahora cambió, incluso algunas empresas hasta lo promueven.

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