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Los neutrales en el Centenario

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La remodelación del estadio en 105 días: la advertencia de Conmebol, el susto por atentado y el cambio de arco a tres semanas de las finales

En una carrera contrarreloj, la AUF acompañó un ambicioso proyecto, que financió Conmebol y que tuvo al Estadio como anfitrión de las finales únicas de Libertadores y Sudamericana: historias, secretos y anécdotas de un hecho histórico, que marcó un antes y un después para Uruguay

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19 de diciembre de 2021 a las 05:00

Durante los dos últimos sábados de noviembre el mundo del fútbol se detuvo para mirar a Uruguay, descubrir la magia del histórico Estadio Centenario y sorprenderse con su vigencia. Como sede de las finales únicas de la Copa Libertadores y de la Copa Sudamericana ocupó un lugar privilegiado en la agenda internacional.

Así como llegó la intensidad de las finales, se fue. Sin embargo, en medio de esos dos extremos que marcó la intervención de Conmebol en Montevideo, quedaron grabadas a fuego anécdotas, historias y momentos que dejan en la superficie el legado de la obra del Estadio Centenario que se mide en la modernización de su infraestructura y en las experiencias para los dirigentes y funcionarios.

Los integrantes del Comité Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Jorge Casales y Andrea Lanfranco, fueron quienes dirigieron la actividad desde la AUF y en una charla con Referí sorprendieron con detalles, apuntes y reflexiones que quedaron grabados a fuego en los 105 días de remodelación.

El palco del Centenario

“Fueron 105 días, desde que comenzaron las obras el 1° de agosto hasta que la AUF le entregó las llaves del Estadio a Conmebol el 13 y 14 de noviembre, en donde pasamos por todos los estados y vivimos todas las experiencias que te puedas imaginar”, resume el dirigente.

Un sueño para 2022 que se adelantó a 2021

“Este Ejecutivo se postuló para hacer la Libertadores 2022 y estábamos en todos los preparativos para convencer a Conmebol que el Estadio Centenario podía ser la sede, cuando en mayo de 2021 recibimos la confirmación para las dos finales de ese año. En ese momento ya habíamos empezado a hacer el proyecto del cambio de la iluminación del Estadio y en enero 2021, cuando aún nadie imaginaba lo que vendría, hicimos un llamado a licitación”, apuntan.

El Centenario, histórico por ser el anfitrión del Mundial de 1930, se había quedado en el tiempo. Uruguay había sido observado por Conmebol porque el Estadio tenía 750 luxes (patrón en que se mide la iluminación de los estadios) y el mínimo para competencias de Conmebol era de 1.100. Tras la obras, para las finales de Conmebol inauguraron la iluminación con 1.500 luxes.

La designación de la sede fue tan sorpresiva como vertiginosa la transformación del estadio.

En la primera semana de mayo, Conmebol llegó a Montevideo para ver hoteles, canchas de entrenamiento y condiciones del Centenario, para confirmar o no la sede de los dos partidos.

El 13 de mayo oficializó Montevideo para las finales únicas de Libertadores y Sudamericana, y el 20 de noviembre debía estar pronta la remodelación.

“Planteamos la fecha en que se jugaba la primera final, tiramos líneas para atrás y empezamos a trabajar”, explican.

Andrea Lanfranco y Jorge Casales

Desde que Conmebol confirmó la sede de las dos finales, la AUF caminó junto al órgano rector del fútbol sudamericano.

En esos 105 días (las obras comienzan el primer día de agosto), “fue una locura la calidad y el nivel de intervención que se hizo en el Estadio Centenario”, explica Casales.

La AUF tuvo que cumplir con un reglamento y manual de operaciones con exigencias, rendición de cuentas e infraestrucutra y tiempos de Conmebol y FIFA, muy lejos de la realidad que vive la competencia local, en donde los horarios de los partidos comienzan de acuerdo a la predisposición de los futbolistas y entrenadores en cada encuentro.

De todas formas, entre agosto y noviembre pasaron por todo.

“(En Conmebol) se asustaron un poco cuando vieron todo lo que había que hacer y en la forma en que se encontraban algunas instalaciones del Estadio porque veníamos de un año de pandemia”, explican.

Los días más complicados

El día más difícil fue un fin de semana a falta de 40 días para entregar las obras, a fines de setiembre, porque Conmebol advirtió que podía retirar la sede al Estadio Centenario.

“Fue un fin de semana terrible”, dicen los dos, se miran y se ríen, luego de haber pasado por aquella experiencia, que en el momento resultó traumática, subrayan.

Casales lo resume en una frase. “Era sábado y de pronto comienzan a llegar mensajes duros de Whatsapp, de Conmebol. ‘Que no llegábamos’, ‘que si no triplicábamos la cantidad de personal que trabajaba no lo conseguíamos’, ‘que sería una vergüenza’, también dijeron que pensaban cambiar la sede porque no íbamos a llegar. Les pedimos que confiaran en nosotros, que íbamos a cumplir con todo. Finalmente así ocurrió”. No obstante ese fin de semana no lo olvidan más.

Banco técnico y de suplentes

En ese momento, Lanfranco le cambió el tono de los mensajes de Whatsapp al teléfono: “Llegó un punto en que cada vez que sentía que sonaba el teléfono me ponía mal. Lo tuve que cambiar. No soportaba más, porque si sonaba no era por una buena noticia sino porque faltaba algo, faltaba gente, que no empezaban en hora tal obra. El estrés fue tremendo y no te miento cuando te digo que las jornadas empezaban 6.30 y terminaban a medianoche de lunes a lunes y que te daban ganas de salir corriendo”.

¡Hay que conseguir ocho cancheros!

En la charla con los neutrales de la AUF, en cada comentario aportan una nueva historia.

La AUF tuvo que contratar a ocho cancheros y dos ingenieros agrónomos para el trabajo en la nueva cancha, y se dieron de frente con una realidad: no los conseguían.

“Empezamos a llamar a los clubes y nos encontramos con que no podían prestar a sus cancheros, porque estaban en actividad. Trajimos a los del Complejo Celeste y, como no llegábamos a los ocho, hablamos hasta con las intendencias. Finalmente conseguimos cuatro cancheros y cuatro auxiliares”.

A cada situación extrema, se planteaba una nueva.

“Cuando empezaron a mandar la cancha en 18 camiones refrigerados, que debían llegar de acuerdo a un cronograma y al segundo día nos encontramos con que hubo un paro de camioneros en Brasil y durante dos días no salieron... ¡eso fue muy estresante!”.

Traigan arcos nuevos

Conmebol trajo desde Brasil la carpa gigante que instalaron en el Méndez Piana, las lonas que colocaron en el Estadio, los ómnibus y dos autos blindados para las autoridades.

Cada día se encontraban con un asunto nuevo a resolver.

A tres semanas de las final de la Sudamericana tuvieron que cambiar los arcos. ¡Sí, los arcos!

“Los arcos del Estadio eran cuadrados, pero los que pedía Conmebol debían tener un borde con cierta forma, imperceptible, que lo hacía redondo. Exigían que fueran como querían, pero nosotros ya teníamos la base de cemento que está bajo la tierra para sostener los arcos con la forma de los arcos. Era imposible colocar los que quería Conmebol”, apunta Casales.

Cuando Saceem, empresa constructora que acompañó a la AUF y Conmebol en todo el proceso, y uno de los ingenieros agrónomos respondieron que era “imposible” y que “no se hacían responsables porque el césped no va a agarrar”, Lanfranco creyó que nada peor podía ocurrir.

Casales explicó que transmitieron el tema a Conmebol y la respuesta fue: “No hay chance, un partido no se puede llegar a definir por un mal pique en un palo y que después nos digan que no hicimos lo correcto. Por tanto tienen que estar los arcos correctos”.

Vista del piso y de la Colombes con el tablero

Con esa respuesta, en ese tono, la AUF tuvo que traer cuatro arcos de Brasil y realizar un ajuste en la base de cemento, que tallaron con un talador de precisión para que el arco encastrara. Todo contrarreloj. El césped prendió y la final se jugó, y el cambio de arcos a último momento se recuerda como una anécdota.

El último sobresalto: ¡no embacaron las butacas!

Finalmente, el último susto se los dieron las butacas del palco, que fue lo último que instalaron.

Una fábrica en España paró la producción para dedicarse exclusivamente al trabajo para el Estadio Centenario. Tenían el barco que traería la mercadería. Estaba todo pronto en el puerto de Valencia, pero el embarque quedó para atrás. No salió. Se demoró unos días y Conmebol pedía un plan B, que la AUF diseñó pero no ejecutó. Finalmente, las butacas llegaron el 10 de noviembre, se colocaron en dos días, y el 13 les dieron las llaves del Centenario a Conmebol.

Durante esos 105 días trabajaron 1.000 personas. Hicieron una cancha nueva, cambiaron toda la iluminación, dos vestuarios nuevos con una disposición diferente a la que tenía y con las exigencias de FIFA, palcos de autoridades, palcos de prensa, 25 de los 50 baños a nuevos y los otros tuvieron intervenciones.

La Torre de los Homenajes fue restaurada con personal especializado y quedó a nueva.

Una mancha blanca y el día que temieron un atentado

Cuando parecía que estaba todo listo. Un día el susto fue enorme: apareció una mancha blanca en una de las fosas de agua, detrás de los arcos, que sirve para regar la cancha. Inmediatamente sonaron las alarmas por temas de seguridad y ante riesgos de atentado. Se paró todo. Mandaron a estudiar el agua y confirmaron que se trataba de un procedimiento en el que un pintor utilizó el agua para limpiar sus materiales.

Y había más, cuando quedaba menos tiempo. En el Estadio Centenario hay una subestación de UTE. Durante los trabajos de remodelación uno de los ingenieros de Saccem abrió las puertas de la subestación, ingresó, miró, salió, cerró las puertas y dijo: “Se apagan las luces en este momento, ya mismo estoy pidiendo la autorización a UTE para que corte el servicio durante el fin de semana”. ¿Qué había ocurrido? El tablero antiguo tenía otras llaves y extensiones. “No sé cómo no explotó esto”, apuntó el ingeniero, cuenta Lanfranco.

Finalmente, hicieron una nueva subestación y de ahí hacia adentro del Estadio todo el tendido de cables nuevos, que fue canalizado por bandejas.

También las fosas se hicieron a nuevas. Estaban rajadas y tenían en el fondo lonas que intentaban contener que se filtrara agua, sin embargo, el agua se iba y dañaba instalaciones eléctricas. Ahora no tienen pérdidas y de allí sale el agua que se utiliza para el riego de la cancha.

Casales y Lanfranco

Para la anécdota queda el hecho que tuvieron que agrandar el portón porque no entraban los ómnibus que Conmebol trajo desde Brasil para trasladar a los planteles.

Y, finalmente, cuidaron hasta los detalles más mínimos. Los ensayos para armar el escenario de premiación y para colocar las telas en la cancha en el espectáculo previo los hicieron durante varios días en la cancha de fútbol del Comando del Ejército, en bulevar Artigas. Estaba todo cronometrado y si no salía bien, debían repetirlo. Hubo un día que se quedaron ensayando hasta las 3 de la mañana porque no salía, apuntan.

Finalmente, el 20 de noviembre se jugó la final de la Sudamericana que consagró a Athletico Paranaense sobre Red Bull Bragantino.

Athletico Paranaense campeón de la Sudamericana

Una semana después, el sábado 27, Palmeiras se llevó la Libertadores frente a Flamengo.

Palmeiras campeón de la Libertadores

El día después

“El gran legado es el estadio que nos queda. Era muy difícil que Uruguay por sí mismo, salvo que privatizara los trabajos hiciera una obra de estas características”, apuntan.

“Esta experiencia no solo dejó infraestructura sino las enseñanzas y experiencias de organizar un evento de estas características. Hicimos un posgrado”, dice Lanfranco.

“Después de todo este recorrido quedó una experiencia de organización de eventos y como dirigentes hicimos un posgrado. Llegamos hasta el último detalle. Tenemos que volcar toda esa enseñanza para el fútbol uruguayo, porque hay un antes y un después de todo esto, te cambia la cabeza y entendés por qué se hacen bien las cosas a ese nivel, porque se sigue estrictamente un manual y se respeta lo que dice. Esta experiencia nos impulsa a que para 2022 generemos un manual de competiciones para el fútbol uruguayo, que deberán votar los clubes", concluyó.

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