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Agustina González, la capitana que es un ejemplo de sacrificio y amor por el fútbol

Agustina González divide su tiempo entre un almacén y San Jacinto Rentistas, donde es una de las referentes del Torneo Rexona de Fútbol Femenino

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25 de enero de 2021 a las 05:00

El esfuerzo de Agustina González para jugar en la selección uruguaya y al mismo tiempo terminar sexto de liceo, fue titánico. Ariel Longo la convocó para la preselección sub 20 en setiembre de 2017 cuando estaba terminando sus estudios de secundaria en San Jacinto, y los horarios coincidían con los entrenamientos en el Complejo Celeste, ubicado a más de 30 kilómetros. ¿Cómo hizo para estar en los dos lugares al mismo tiempo?

Así lo contó Agustina a Referí: “Para mí fue todo re complicado. Iba al liceo de 13 a 19 horas y las prácticas eran a las 15 en Montevideo. ¿Cómo hacía? Estábamos casi a fin de año, último de liceo, tenía los parciales, y no podía dejarlo. Entonces hablamos con Ariel para que nos diera un certificado y cambiarme al liceo de Sauce, que era de mañana. Fue un caos para mí, compañeros nuevos, un lugar que no conocía. Me iba a las 6 de la mañana de casa en Ucot para Sauce, volvía en el ómnibus que llegaba cerca de las 14 a casa, mi mamá me alcanzaba el bolso de la práctica y la comida a la ruta porque no me daba el tiempo para ir a casa, y me tomaba el Gabard (empresa de ómnibus) para el Complejo Celeste. Almorzaba arriba del ómnibus. A la vuelta llegaba a las 21 a casa y al otro día, otra vez lo mismo. Cuando mi mamá me llamaba a las 6 para ir al liceo, lo que menos quería era levantarme”.

La entrega resultó total, como cuando sale a la cancha con la camiseta número 5 y el brazalete de capitana de San Jacinto Rentistas, participante del Torneo Rexona de fútbol femenino de Primera División de la AUF. Tres meses de sacrificio, pero todo salió bien. Salvó el año de liceo y quedó en el plantel celeste que participó del Sudamericano sub 20 de Ecuador en 2018. “Valió la pena, viajamos en enero a Quito y para mí fue la mayor experiencia: fui una de las capitanas suplentes y tuve minutos en todos los partidos”, recordó la futbolista de 21 años, que además de “raspar” en la mitad de la cancha, atiende junto a su abuela un almacén en su casa, entre San Jacinto y Santa Rosa.

“Estoy prácticamente todo el día ahí. Es más llevadero porque está la abuela y gracias a ella he podido seguir jugando al fútbol. El año pasado no sabía si arrancaba porque me levanto y voy al almacén, cerramos al mediodía y a las 16 abrimos de vuelta hasta las 21. Se me hacía imposible ir a entrenar”, apuntó. Pero la abuela se sacrifica por ella y la reemplaza cuando va a entrenar o los domingos a jugar. “Si estuviera sola no podría jugar al fútbol”, admitió.

También fue fundamental Michael Sorano, fundador, presidente, delegado, coordinador y entrenador (sí, todo eso junto) del San Jacinto: “Michael me insistió tanto que no dejara, que siguiera. Cuando sos chica es más fácil, tenés menos responsabilidades, tus padres te llevan a todos lados, pero a medida que vas creciendo se complica y desgraciadamente las mujeres no pueden dejar de trabajar para jugar al fútbol. Ahí es donde más se nota la diferencia con el masculino. Conozco muchas chiquilinas que tienen que abandonar por estudio, trabajo o porque tienen hijos. No les queda otra”.

Agustina le agradece siempre a Michael, quien resultó fundamental en su presente futbolístico. Le gusta jugar al fútbol desde que tiene uso de razón. “De niña jamás toqué una muñeca, siempre andaba corriendo atrás de una pelota”, dice. Pero a sus padres no les agradaba mucho la idea de que jugara con varones y compartiera vestuarios con ellos. Un día Michael la vio jugando a la pelota en un cumpleaños y le llamó la atención. Así que en 2012, cuando armó un equipo femenino de baby, la llamó para entrenar: “Para mí fue una felicidad tremenda; si la práctica era las 5, yo a las 4 estaba ahí”, señaló Agustina.

En 2013 participaron en la liga Juventud de Barros Blancos y fueron campeonas sub 13. Al año siguiente muchas de las niñas se pasaron de edad y no podían seguir en baby (Agustina entre ellas), por lo que Michael formó un equipo para competir en AUF en 2014. Salieron vicecampeonas en sub 16 detrás de Colón, y campeonas de la misma categoría en 2015 al vencer en un cuadrangular final contra Nacional, City Park y Peñarol. “Cuando salí del último partido, me encuentro con el delegado nuestro y me dice, ‘no cuentes nada, pero el técnico de la selección preguntó por vos. No es nada oficial, pero tenelo en cuenta’”. A fines de 2015 Michael le comunicó que Longo la había convocado para la selección uruguaya Sub 16 que preparaba el Sudamericano en Venezuela.

“Yo no podía ni creerlo, no sabía ni lo que era eso tampoco. Todo nuevo para mí. Empezamos a entrenar a fines de 2015 para viajar a Venezuela al Sudamericano que se jugaba a fines de febrero. Éramos un montón de chiquilinas y tuve la suerte de quedar entre las 22. Era la primera vez que viajaba en avión. Entrenábamos de lunes a viernes, unos nervios... Ninguna sabía seguro que viajaba, hasta que a lo último dio la lista”.

En 2017 se formó el equipo de Primera y ese año el San Jacinto ascendió. La mejor temporada fue en 2018, cuando lograron el cuarto puesto detrás de los grandes del fútbol femenino: Peñarol, Nacional y Colón. En 2019 el cuadro se fusionó con Rentistas. “A nosotras nos sirvió porque nos ayuda con los campeonatos, con los equipos, de local jugamos en la cancha de Rentistas, podemos usarla para entrenar, aunque preferimos hacerlo en el Mario Vecino de San Jacinto porque nos queda más cerca. El lunes 18 de enero empezamos el año, entrenamos lunes, miércoles y viernes, y están invitadas a sumarse todas las chiquilinas de todas las edades”.

Este año el equipo jugará en Segunda división. “Se notó que somos un plantel muy joven, nos cuesta juntarnos para entrenar, lo pagamos el año pasado. Espero que este año nos sirva para crecer, madurar como equipo y volver a ascender”, indicó Agustina, que únicamente se sienta frente al televisor cuando juegan la selección, Peñarol o transmiten el clásico femenino.

Desde su óptica piensa que el fútbol femenino está creciendo en Uruguay: “En comparación con otros años veo cosas positivas. Hay más competencias que antes, las selecciones tienen más oportunidades. La primera vez que estuve no nos pagaban los viáticos, ahora siempre nos pagan. Son cosas mínimas, pero es un cambio importante. Antes la selección mayor no tenía mucha competencia, ahora dos por tres sale algún amistoso y Ariel Longo invita a alguna de la mayor para entrenar con la sub 20, las tiene en cuenta”, apuntó Agustina, una capitana de carácter fuerte y mucho amor por el fútbol.  

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