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La inercia

Desde 2018 se viene hablando de la importancia de la competitividad para desarrollar la economía, es más, fue uno de los principales temas de la campaña política

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27 de agosto de 2021 a las 21:28

Por Marcelo Nougué (*) especial para El Observador.

Una vez más el tema combustibles está arriba de la mesa. Más allá de la coyuntura del precio del barril de petróleo o de la variación del dólar, Uruguay sigue padeciendo las consecuencias del monopolio de la empresa estatal Ancap. En esto no tiene nada que ver la forma de calcular el combustible, ni la periodicidad de la fijación de precios. Es verdad que en la región ha subido sistemáticamente y a veces hasta con más frecuencia que la mensual que fija la Ley de Urgente Consideración (LUC).

Somos rehenes de una empresa que recauda para otros fines, que no es solamente el cubrir los costos de los propios combustibles, recauda para el portland, para el biodiesel, para las empresas de transporte de pasajeros, para la Intendencia de Montevideo, etcétera, etcétera y varios etcéteras más. Todo eso es posible por el monopolio y porque desde hace muchos años los diferentes gobiernos de diferentes colores utilizaron a la empresa estatal para sostener políticas que nada tienen que ver con el trabajo genuino, con la inversión real, con la competitividad necesaria y urgente para desarrollar el país.

En un país altamente centralizado, los combustibles contribuyen de forma permanente a profundizar este problema instalado hace más de 100 años y anterior a la creación de la propia empresa. Contribuye trasladando $ 3,48 por litro de gasoil que se cargue en cualquier punto del Uruguay a las empresas de transporte metropolitano mayormente. Contribuye al centralismo aportando el 1% de cada litro de nafta o gasoil que se consuma en el interior a la Intendencia de Montevideo solamente por el hecho de tener la refinería en La Teja.

Hablar de los cambios necesarios en este tema –como en otros–, genera una reacción automática en los grupos y corporativismos que se benefician de este mal para la sociedad, genera reacciones desmedidas en los colectivos políticos que sueñan con un Estado grande y pesado como forma de dominar al país y la sociedad. Los adalides del estatismo desenfrenado se rasgan las vestiduras, utilizando inclusive los mismos argumentos, tanto los de un extremo ideológico como los del otro, los une el amor por el Estado, aunque en el exceso del mismo le vaya el futuro empresarial y laboral a decenas de miles de compatriotas.

Desde 2018 se viene hablando de la importancia de la competitividad para desarrollar la economía, es más, fue uno de los principales temas de la campaña política. Muchos pensamos que se había entendido lo fundamental de tener este tema como política de Estado, pero nos equivocamos. Pasado el fragor de la batalla electoral los estatistas lograron acomodarse para que aun desde la coalición se moviera todo para que todo quede igual.

Dar la pelea por los cambios no es sencilla y menos desde el llano.

Muchos confunden la necesidad de los cambios en temas como el combustible con críticas al gobierno de turno, por lo tanto en el gobierno anterior pegaban los oficialistas del momento y en el actual los defensores de las actuales autoridades. Una vez más la discusión de políticas se transforma en una defensa de políticos, una defensa que muchas veces ni los propios políticos pretenden, porque lo que necesitan es que se les recuerde y se apoyen los cambios comprometidos en campaña.

En este país las políticas cumplen con una de las leyes básicas de la física, la inercia, o sea tienden a mantener la misma dirección que traen desde hace tiempo o, como dice alguna definición más académica, son incapaces de modificar por sí mismas el estado de reposo o movimiento en que se encuentran. A no ser que se ejerza sobre ellas una fuerza en otra dirección, todo seguirá igual. Por lo tanto, la responsabilidad ciudadana de aquellos que pretendemos cambios nos impone salir a manifestarlos, salir a defender lo que pensamos y entendemos importante para el futuro del país y de nuestros gurises.

En definitiva, romper los monopolios depende de los políticos, que se salga de la inercia depende de nosotros… nos vemos en las rutas.

(*) Vocero de Un Solo Uruguay.

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