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La vertiginosa carrera de Pastorini, uno de los goleadores del Apertura

Viajaba todos los días desde Florida, se probó en Italia, lo borraron de Rumania por no hablar el idioma, rompió con Fonseca y terminó en Sinaloa hasta encontrar la madurez en Wanderers

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13 de marzo de 2019 a las 05:04

Arrancaba el día a las 6.30 y no llegaba a su Florida natal hasta la noche. Viajaba fundido, durmiendo arriba de un ómnibus. Se lo llevaron a Italia, entrenó en el Chievo, pero no hubo acuerdo. Volvió y debió estar seis meses entrenando solo, con un preparador físico. Desembarcó libre en Peñarol para jugar en Tercera y acarició el milagro de la Libertadores de 2011. Gregorio Pérez llegó un año después y le dijo que se buscara equipo. Explotó con goles en el humilde Racing. Armó la valija y desembarcó en Rumania. Echaron al técnico y el que llegó le dijo: “El que no habla rumano, no juega”. No le pagaron y se fue. Rompió con su representante Daniel Fonseca. Recibió una chance para ir a Irapuato. Buscó todo en Internet. A punto de viajar, le dijeron que el club había sido vendido y que se iban a Sinaloa, donde andaba el Chapo Guzmán, el peligroso narcotraficante. De retorno pasó por Chile. Hasta su regreso.

Vértigo. La palabra que puede definir la carrera de Rodrigo Pastorini. El breve resumen pinta de cuerpo y alma lo vivido en poco más de 10 años.

Hoy, con 29 años, disfruta el fútbol desde otra perspectiva. Desde la etapa de la madurez que lo lleva a ser uno de los goleadores del Torneo Apertura defendiendo a Wanderers.

Todo comenzó cuando el Cholo Trueba, aquel hombre corpulento que andaba recorriendo las canchas de baby fútbol buscando jugadores para Danubio, lo vio en un partido. A los pocos días estaba golpeando la puerta de su casa en Florida.

Rodrigo tenía 13 años. Entonces acordaron que viniera a practicar una vez por semana y a jugar los fines de semana. Le pagaban los pasajes a él y a su hermano, que era golero.

Para el segundo año aumentaron los sacrificios. “Salía del liceo a la 1 de la tarde. Me subía a un ómnibus en Florida y me bajaba en Tres Cruces a las 14.40. Ahí me esperaba un taxi que me llevaba volando al Forno (vieja cancha de entrenamiento de las juveniles de Danubio en Camino Carrasco) porque la práctica empezaba a las 15”, contó Pastorini a Referí.

Fueron años de esfuerzo. Su familia no lo dejaba venir a Montevideo porque querían que terminara el liceo en Florida.

Cuando lo ascendieron a Quinta división el club exigió que fuera a entrenar todos los días. Arrancaba a las 6.30 de la mañana y no llegaba a su casa hasta la noche. Terminaba agotado. Al finalizar el liceo, la familia decidió venirse a Montevideo. Y el sacrificado pasó a ser su padre que todos los días se iba a trabajar a Florida.

La salida de Danubio

Rodrigo no olvida más la Liguilla de 2008 porque en el partido con Peñarol, que Danubio perdió 2 a 0, Martín Lasarte lo hizo debutar en Primera división.

En la temporada 2009/2010 jugó 15 partidos. Cuando fueron a renovar el contrato, su representante Daniel Fonseca no se puso de acuerdo con los dirigentes y se lo llevó a Italia. Se probó en el Chievo Verona. Tampoco hubo arreglo en los números. Volvió con el período de pases cerrado. Tenía que esperar seis meses para fichar en un club. Fue duro. Entrenó solo de setiembre a enero. Ese mes acordó su incorporación a Peñarol. Las cosas estaban claras: iba para jugar en la Tercera división.

“Arranco bien y Diego Aguirre me asciende. Era 2011, año en que Peñarol hizo la campaña de la Libertadores llegando a la final. Como dividían el plantel me toca jugar en el campeonato local contra Defensor y hago un gol. Me incluyen en la lista de la Libertadores”, rememoró Pastorini.

Pero Aguirre se fue y llegó Gregorio Pérez que le comunicó que se buscara club porque no lo iba a tener en cuenta. Peñarol lo cedió a préstamo seis meses a Racing. Marcó ocho goles.

Cuando terminó la temporada se presentó en Peñarol con aires renovados. El técnico era Jorge Da Silva. Se quedó. El equipo salió campeón, pero contó con escasas chances de jugar.

“Y yo quería jugar”, dice sin ánimo de arrepentimientos a Referí. “Me salió lo de Wanderers y en 2013 rescindí contrato con Peñarol y me vine”.

Fue el año de la consolidación. Se encontró con un técnico como Alfredo Arias con el que compartía el mismo pensamiento futbolístico. “Eso me ayudó, me sentí cómodo, porque se jugaba como me convenía”.

A sufrir a Rumania

Sus buenas producciones en los bohemios encontraron eco en el exterior. Surgió la chance de ir a Rumania y no lo dudó. Era la oportunidad de marcar la diferencia económica.

“Cuando llegué estaba todo bien, el técnico me había pedido, y me quería poner enseguida. Pero a las tres semanas lo echan. Llega un técnico que me dice que si no hablaba rumano no jugaba. El que no entendía rumano no podía jugar. Y como yo no entendía qué iba a hacer, me resigne. Era un señor mayor. Pedía ciertas cosas distintas y me costó”, recordó.

Pastorini acotó que fue un año extraño. El club tuvo cinco entrenadores. Pero el tema no fue solo ese. “El club entró en quiebra económica y varias veces no me pagaban. Me quería volver”.

A la Sinaloa del Chapo

En ese ínterin Pastorini tiene diferencias con su representante Fonseca, y rompe el vínculo. “Es que cuando me pasaron todos esos problemas en Rumania no me sentí respaldado. No volví a hablar más con él”. A través de su actual representante, Fernando Neira, consiguen la posibilidad de ir a Irapuato de México. “Me metí en Internet para informarme de todo y cuando estoy saliendo me dicen que el equipo lo compró otra gente, que iban a Sinaloa y se iba a llamar Murciélagos Fútbol Club. Que arrancaba todo de cero”.

¡Sinaloa! La ciudad de donde llegaban noticias diarias de problemas con los narcos.

“No fui con miedo. Nunca me pasó nada. Dicen, y luego lo comprobé, que si no te metés con nada raro no pasa nada. Me fui a un barrio privado y después me enteré que los barrios privados estaban vinculados con los narcos. Yo andaba metido donde estaban ellos. Me enteré de cada cosas… Un día hablando con el seguridad le pregunto por una tremenda casa que estaba abandonada a dos casas de la mía, y me dijo que de ahí habían sacado en helicóptero a un narco importante”, contó el goleador de Wanderers.

Y agregó: “Yo estaba sentado en casa y por la puerta pasaban cada autos, Los Mochis se llamaba la zona, que fue donde atraparon el Chapo. Pasaban cosas raras. Pero tenías que hacer la vista gorda. ¿Qué cosas? Y prendías la radio de mañana y te enterabas de los ajustes de cuentas todos los días. Se entrenaba muy temprano por el calor. A las 7 empezaba la práctica y ya había 28°C”.

Luego de una temporada se fue a Santiago Wanderers de Chile. Jugó apenas 13 partidos. Hasta que regresó a las fuentes. Wanderers la abrió las puertas como si fuera su casa.

Rodeado de su familia, que le eligió hasta el número 14 de su camiseta, dice que no mira la tabla de goleadores. Afirma que la propuesta del técnico Román Cuello los lleva a proponer todos. Se siente cómodo y aspira a tener la motivación de pelear por algo.

Está claro que Rodrigo disfruta esta nueva etapa de su vida. Más tranquilo. Sin aquella adrenalina que marcó su carrera a ritmo de vértigo.

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