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Ni los médicos ni los legisladores entienden a los adolescentes

Existen muy pocas investigaciones científicas sobre el período difuso entre la infancia y la adultez

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14 de marzo de 2018 a las 05:00

Por Anjana Ahuja
The Financial Times

Cualesquiera que sean sus manías — tirar puertas, gruñir, pasar demasiado tiempo en Snapchat — los adolescentes tienen razón en algo: nadie los entiende. Esta penumbra de incomprensión abarca no sólo a los padres, sino también a los doctores, psicólogos, neurocientíficos, científicos sociales, expertos legales y educadores.

Sorprendentemente, existen muy pocas investigaciones científicas sobre el período difuso entre la infancia y la adultez. Como señaló un editorial en la revista Nature este mes: "Un sistema de salud moderno sin un enfoque en los desafíos únicos de la pediatría o la geriatría sería impensable; sin embargo, no hay un esfuerzo similar en favor de los
adolescentes".

Éste es el caso a pesar del hecho de que los jóvenes de 10 a 24 años ahora constituyen una histórica cuarta parte de la población mundial.

El término adolescencia se deriva del latín "adolescere", que significa "crecer" pero, en muchos otros contextos, elude una definición fácil. La Organización Mundial de la Salud ubica la adolescencia entre las edades de 10 y 19 años, con otras categorías que se adentran en ese complejo territorio.

La ONU define un joven como una persona entre 15 y 24 años de edad, un género que se superpone con "niño" (menores de 18 años) y "personas jóvenes" genéricas (de 10 a 24 años). Por lo tanto, no debería sorprendernos que haya una gran variación en todo el mundo -e incluso dentro de los países- en las edades en que los jóvenes adquieren la responsabilidad de tomar decisiones como adultos.

Laurence Steinberg, profesor de psicología de la Universidad del Temple en Filadelfia, y autor de 'Edad de la oportunidad: lecciones de la nueva ciencia de la adolescencia', escribió: "Una sociedad que trata a niños de 12 años que cometen delitos graves como adultos porque son lo suficientemente maduros como para 'saber las consecuencias', pero les prohíbe a los jóvenes de 20 años comprar alcohol porque son demasiado inmaduros para manejarlo, está profundamente confundida en cuanto a cómo tratar a las personas en este rango de edad".

La biología proporciona un indicador obvio. Se piensa que la adolescencia comienza con el inicio de la pubertad (desarrollo sexual), pero los patrones de pubertad varían en todo el mundo — y dentro de los países — con el tiempo. Un estudio muestra que, a mediados del siglo XIX, las niñas de los países desarrollados tenían su primer período entre los 15 y los 16 años de edad.

Para el año 2000, esto había bajado a menos de 13, una tendencia que se ha atribuido a una mejor nutrición y cuidado de la salud. La pubertad también ocurre más temprano en los niños. Se piensa que la obesidad infantil es un factor acelerador.

Sin embargo, estos cuerpos en flor están gobernados por cerebros infantiles. El profesor Steinberg señala que el cerebro joven continúa madurando hasta alrededor de los 25 años.

Los cambios en el desarrollo neurológico dependen en parte de las hormonas y pueden impulsar un comportamiento riesgoso e impulsivo en busca del placer. En consecuencia, el profesor Steinberg extiende el dominio de la adolescencia a las edadescomprendidas entre los 10 y los 25 años. A los 25 años de edad, por supuesto, los jóvenes ya están logrando los hitos sociales de la edad adulta: conducir, votar, trabajar, vivir de forma independiente, alistarse en el ejército, beber, comprar armas, casarse y convertirse en padres. La sociedad los habrá sexualizado para ese entonces. Y para aquéllos que están conectados digitalmente, los pasos equivocados de los jóvenes son hoy capturados, compartidos y archivados para siempre. Esa colisión de los cerebros de los adolescentes con las normas de los adultos podría ser la base de algunas de las estadísticas más oscuras relacionadas con los jóvenes.

Las principales causas de muerte adolescente son, respectivamente, los accidentes de tráfico, el VIH y el suicidio.

La salud de los adolescentes también merece una contemplación específica porque los hábitos de la juventud pueden convertirse en los lastres de la adultez: los adolescentes que fuman marihuana o nicotina, o que abusan del alcohol, a menudo quedan atrapados de por vida.

Los problemas de salud mental tienden a surgir temprano en la adultez, pero los adolescentes afectados son diagnosticados en su mayoría en base a criterios de adultos y tratados con medicamentos destinados a pacientes mayores. Cuando se trata de entender a los adolescentes, son los adultos quienes necesitan crecer.


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