4 de noviembre de 2011 23:04 hs

No existe, hoy día, discrepancia alguna entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en cuanto al manejo de la política económica. La desaceleración de la actividad, la elevada deuda pública, el déficit fiscal, la inflación y los efectos de un posible agravamiento de la crisis mundial, están fuera de sus preocupaciones respecto a Uruguay. Según sostienen, el país es hoy menos vulnerable que antes de la caída de Lehman Brothers en 2008, y su manejo económico está en línea con las prácticas fomentadas por el organismo internacional.

Una delegación del FMI venida desde Washington –encabezada por el economista Ulric Erickson von Allmen– se reunió en las últimas dos semanas con autoridades de gobierno, analistas privados, empresarios y sindicalistas para obtener una visión amplia sobre el estado de situación de la política uruguaya.

“No le hemos realizado ninguna recomendación fuerte al gobierno” en el plano macroeconómico, dijo ayer el jefe de la misión en diálogo con El Observador. El asesor del FMI destacó que “los riesgos principales provienen del exterior” –porque “Uruguay no es inmune a un agravamiento de la crisis global”–, pero que “está en una posición fuerte para enfrentar” esos shock.

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Luego de crecer 8,5% durante 2010, el FMI espera que la economía uruguaya se desacelere a 6% este año, para luego afirmarse a partir de 2013 en una tasa de expansión más sostenible, del orden de 4% anual.

“Aun en el entorno económico más débil, hay suficiente combustible en el tanque para sostener la economía”, explicó Erickson. Incluso si se compara con 2008, antes del estallido del banco estadoundiense Lehman Brothers, que precipitó el desenlace de la crisis económica mundial, “la posición económica está más equilibrada” y “la deuda está en una posición más fuerte”.

A la hora de evaluar las políticas macroeconómicas del gobierno, el jefe de la misión del FMI se mostró complacido con las decisiones tomadas por el Ministerio de Economía (MEF) y el Banco Central (BCU).

Por más que la inflación interanual se haya ubicado en 2011 sistemáticamente por encima del rango meta de entre 4% y 6% –el dato de octubre arroja un alza de precios de 7,88% respecto a igual mes del año anterior–, no es vista por el FMI como “un problema macro importante”. Erickson señaló que en el pasado, cuando sí “fue una preocupación”, el gobierno tomó “varias medidas adecuadas”, principalmente desde la política monetaria –ajuste al alza de la tasa de referencia y revisión de la política de encajes bancarios– que permitieron restar importancia al fenómeno.

Según la visión del FMI, en la medida que la economía uruguaya se desacelere y los precios internacionales detengan su crecimiento, la inflación se adentrará en la meta oficial.

En las últimas revisiones en el marco del artículo 4º, el diagnóstico del FMI aconsejaba una moderación del gasto público acorde con un ciclo económico expansivo, que permitiera al gobierno aplicar políticas con margen para amortiguar los efectos de una eventual reversión a futuro de las condiciones macroeconómicas.

Sin embargo, en esta ocasión, la visión del FMI se tornó más parecida a la del gobierno. Según Erickson, “desde el punto de vista fiscal, la política del gobierno es neutra porque no añade presión adicional sobre la demanda”. Además sostuvo que es “coherente con el objetivo de reducir la deuda pública a mediano plazo”. En los 12 meses terminados en setiembre, el desequilibrio de las cuentas públicas alcanzó a 0,7% del Producto Bruto Interno (PBI).

Tampoco la política cambiaria genera rispideces entre el modelo del gobierno y el del organismo internacional. “El tipo de cambio no está sobrevaluado”, afirmó el experto y sostuvo que “la competitividad no es una preocupación importante”. Al respecto sostuvo que las cuentas externas y las reservas internacionales dan tranquilidad al respecto, así como la política de “flotación del peso”, donde el gobierno “permitió movimientos (del precio del dólar) en todas las direcciones”.

En materia de deuda, el jefe de la misión del FMI se mostró satisfecho con el objetivo del gobierno de terminar el año con una reducción importante de la dolarización de la deuda, lo que estimó como “un seguro importante frente a shocks globales”.

En un eventual agravamiento de la crisis, destacó que Uruguay, al estar “menos integrado a los mercados de capitales” que el resto de los países emergentes, tendrá una exposición menor. Las vulnerabilidades del país vienen por el lado de la economía real: las exportaciones y la inversión extranjera. Al respecto sostuvo que “en el escenario base, el FMI no prevé una caída abrupta en el precio de las materias primas”, con lo cual el impacto sobre Uruguay sería acotado.

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