Potosí declaró el estado de desastre natural en el marco de una emergencia hídrica en siete de los nueve departamentos del país.

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Potosí está bajo una intensa sequía en medio de la incesante actividad minera boliviana

La escasez hídrica provocada por el fenómeno El Niño tensiona la relación entre pobladores y empresas por un recurso vital para la vida y necesario para la minería
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17 de noviembre de 2023 a las 05:00

A más de 4.000 metros a altura, en el muy árido entorno del altiplano boliviano, los 230.000 habitantes de Potosí enfrentan la peor sequía en la historia reciente de la ciudad ubicada al pie del Cerro Rico, cuyas vetas de plata alimentaron entre los siglos XVI y XVIII las arcas de la corona española.

Hoy, el agua escasea y las mujeres indígenas lavan la ropa y se aprovisionan del vital recurso en piletas públicas ubicadas en los altos de la ciudad, piletas que son alimentadas con tanques cisternas, mientras la actividad minera continúa siendo una fuente de ingresos para los pobladores.

La sequía comenzó hace tres meses y en los últimos sesenta días comenzaron los racionamientos de agua, que varían de intensidad según las zonas. Los camiones cisterna no dan abasto y apenas asoman por las colinas de Potosí, donde el corte es permanente, pobladores desesperados se abalanzan con baldes y barriles.

“A veces no nos dejan retornar hasta que llega otra cisterna", comenta el chofer Teodoro Mamani. A 4.100 metros de altura, la temperatura en Potosí llegó el 26 de agosto pasado hasta los 27,8°C, la más alta desde que comenzaron los registros en 1953, según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) del país.

Flora Benavides, un ama de casa de 49 años, llega temprano con dos bolsas de ropa sucia hasta las termas de Chaqui, un municipio localizado a 39 kilómetros de Potosí, mientras un grupo de mujeres de trenzas largas y sombreros de ala ancha lavan la ropa en las piletas de cemento construidas por las autoridades del distrito y llenas con agua subterránea.

No lejos de allí, por el equivalente a un dólar, las madres ingresan con sus hijos en "piscinas" de agua empozada, para que tomen su primer baño en una semana.  "De niña venía con mis papás a los termales, pero sólo por entretenimiento. Ahora volvimos para lavar ropa. Es una pena, porque no hay agua", dice Benavides, que reutiliza al máximo el agua que logra almacenar y aparta apenas la necesaria para el aseo.

Potosí declaró el estado de desastre natural para recibir ayuda del gobierno nacional en el marco de una emergencia hídrica que se extiende a siete de los nueve departamentos del país, que enfrenta el fenómeno de El Niño, origen de una intensa sequía que, además, provocó incendios que devoraron ya más de dos millones de hectáreas de bosques y pastizales desde septiembre pasado.

Agua o minería

En Potosí están los mayores yacimientos de plata, plomo, zinc y estaño de Bolivia, y pese al racionamiento del agua, la producción apenas cayó alrededor de un 10% en los últimos meses, según la Corporación Minera de Bolivia.

Los ingenios mineros aseguran que cuentan con reservas, pero están pagando hasta US$ 120 por 40.000 litros a los indígenas que viven cerca de las 12 lagunas que conforman las dos cuencas que abastecen a Potosí. Sin embargo, los pobladores creen que la empresa pública de agua está surtiendo clandestinamente a las empresas, mientras raciona drásticamente el servicio a los hogares.

Carlos Chumacero, gerente de la Administración Autónoma para Obras Sanitarias de Potosí (Aapos), rechaza las acusaciones. "Procedí con el corte absoluto del suministro de agua a las empresas a causa de la presión social", dice el funcionario.

El dilema es evidente. En una región en la que la minería es la principal y casi única actividad económica, la paralización de las mineras representaría un durísimo golpe para los pobladores. "¿Qué vamos a comer?", se pregunta Gumercinda Limachi, una indígena de 20 años.

"Yo quiero que haya agua para los dos, para las casas y para las minas", dice la mujer, mientras su esposo trabaja en la minería y ella lleva a sus dos hijos de cuatro y un año a los termales de Chaqui para bañarlos.

"Despojo hídrico"

Ante la grave escasez de agua, el gerente de la Aapos identifica en un mapa las lagunas que todavía pueden abastecerse a la ciudad. Con una inversión inicial de US$ 215.000, las autoridades quieren canalizar el agua de esas lagunas hasta las plantas potabilizadoras, explica Chumacero.

Sin embargo, la comunidad de Jesús de Machaca se muestra reticente. Su portavoz, la dirigente indígena Lidia Marca, cree que la Aapos quiere desviar el agua hacia los ingenios mineros.

“La empresa no les cortó el suministro como dice. Le está vendiendo agua. De hecho, tenemos el informe en donde la misma empresa admite que les estaba garantizando el suministro hasta hace muy pocos días", señala Marca. "Ellos no pueden elegir quién va a vivir, nosotros necesitamos agua", agrega.

Pese al proyecto para derivar el agua de las lagunas hacia las plantas potabilizadoras, los ambientalistas estiman que la solución no está en las lagunas. “Aquí hubo un despojo hídrico por parte de las mineras”, denuncia Milenka Almanza, del colectivo Mujeres de Plata.

Al igual que otros integrantes de organizaciones sociales, Almanza advierte que la dinámica productiva de la región debe cambiar. “Desde hace siglos, la actividad económica de la zona está basada en la explotación minera, y eso produce contaminantes y consume la poca agua que tenemos. Mientras no haya una transición ecológica nada va a mejorar”, explica.

Por lo pronto, las estimaciones del servicio meteorológico del país señalan que la escasez hídrica se agravará en el corto plazo. Los reportes indican que se esperan lluvias de muy poca intensidad hasta fin de año.

 

(Con información de AFP)

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