15 de diciembre de 2011 18:53 hs

Hace poco más de un año lo acusaron de loco cuando reveló sus intenciones de llenar un Teatro de Verano con un espectáculo teatral. Él prefirió hacerle caso a Rockefeller, cubrirse los oídos y así taparle la boca a cientos de incrédulos que no confiaban en que una fiesta de fin de año convocada por un actor pudiera reunir a 4000 personas. Mañana, el mentor de decenas de personajes como Gustaf van Perinostein, Victor Hurtado, Atilio Capanga, Rudy Volcán, William Cash y El Gran Gustaf, irá por la revancha con una nueva despedida en el Defensor Sporting.

En una época cargada de despedidas: ¿Hay lugar para una más?
Lo que pasa es que está lleno de eventos privados pero no había ninguna despedida pública. Esta fiesta se inspira un poco en lo que hacía Andy Kaufman, que puede verse en la película El mundo de Andy, protagonizada por Jim Carrey. A fin de año, el tipo juntaba a la gente en los grandes teatros de Estados Unidos y ponía ómnibus fuera para regalarles chocolate caliente y ofrecerles una gran fiesta a los espectadores. Y a mi me pareció que eso recobra el sentido más puro del teatro, como el que tenían los griegos.

Y se tiró al agua casi sin antecedentes…
Sí, el único antecedente de un actor enfrentado a miles de personas fue en 1936 cuando Eduardo Depauli, un gran actor cómico de radio, consiguió llenar el Estadio Centenario, llevando una orquesta de tango y organizando un partido de fútbol en joda.

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¿Qué habrá de nuevo este año?
Se presentará una nueva función de Hiper Tensión con un apéndice de todo lo que ha pasado en el mundo noticioso. A su vez, estará un gran amigo argentino, el DJ Fabián Jara, con su popular set de música para animar la previa y para terminar la jornada.

¿Qué marcas le dejó su primera época de formación teatral con Luis Cerminara y Alberto Restuccia?
Una marca a fuego; artística y ética. Cerminara siempre decía que lo que uno dice sobre el escenario hay que sostenerlo afuera. Incluso hoy, a menudo me encuentro planteándome que pensarían ellos de las cosas que hago. De hecho, en el último Teatro de Verano, Restuccia fue como espectador y fue muy emocionante que me dijera que me había recibido como actor. A él siempre le gustó Charles Bukowski, y yo en el show leí Un cordón en el zapato. Le había apostado a un amigo que iba a leer un texto de este autor a 4000 personas y que me iban a aplaudir de pie. Y al final sucedió. Yo no sería lo que soy si no hubiera ido a esa escuela. Teatro Uno marcó mucho la impronta de varios cómicos uruguayos. Me acuerdo que a la primera clase en el 94 fui con una cuadernola, y volví sin un apunte. Cerminara nos hizo pasar a todos al frente a improvisar.

¿Cuál es la lección teatral que más recuerda?
La primera que me dio Restuccia. Puso en un pizarrón: “Teatro = E=MC2”” (la fórmula de la energía). “Si ustedes no manejan bien esto están fritos”, remarcó. Y es verdad.

En Twitter tiene más de 5000 seguidores. ¿Qué tan importante son para usted las redes sociales?
Son un gran medio de difusión de mi trabajo. Este año, Twitter se convirtió en el canal donde podía publicar los comentarios que no estaba volcando en la radio por estar grabando en Buenos Aires. Hubo campañas muy graciosas como “No te banco Sarkozy”, en la que mucha gente se sumó a comentar aspectos en los que Uruguay le sacaba ventaja a Francia.

Llegó a manejar más de una decena de personajes al mismo tiempo: ¿Cuál es su estrategia para no confundirlos?
En radio Sarandí llegué a hacer veinte. Cuando hacía Víctor Hurtado, me ponía el overol y la gente me miraba como un loco pero eso me ayudaba a entrar en el personaje. Al resto de los personajes les creaba una biografía, que no siempre explicitaba pero me servía a la hora de expresarme.

¿A esta altura quién lo llama por su verdadero nombre, Gustavo Perini?
Fa. Casi ni yo me acuerdo que me llamo así. El pseudónimo de Gustaf nació en los primeros años que empecé a hacer teatro, allá por la década del 94 cuando empecé a estudiar teatro con Alberto Restuccia y Luis Cerminara. En ese entonces, yo amaba al director de cine polaco Krzysztof Kieślowski, y entonces para los monólogos me bauticé Gustaf van Perinostein. Luego para hacerlo más simple fue quedando Gustaf.

¿Y a juzgar por sus preferencias recientes, de quién tomaría un pseudónimo?
No se si para cambiarme el pseudónimo pero ahora estoy enganchado con el libro Eramos unos Niños de Patti Smith, que se centra en su llegada a Nueva York y en su relación con Robert Mapplethorpe. También estoy leyendo Retratos y encuentros de Gay Talese, en donde el periodista estadounidense va tras la figura de Frank Sinatra y aunque nunca puede agarrarlo, escribe un gran reportaje.

¿Cuál es su top 3 de cómicos?
Siempre reivindico a Roberto Barry, un actor uruguayo, que quedó muy estigmatizado porque hacía chistes verdes. Creo que es un capo que habría que rescatar. Después obviamente me gusta Charles Chaplín, Luis Sandrini, Alberto Sordi, Pepe Biondi y de los uruguayos contemporáneos me gustan Jorge Esmoris, Luis Orpi y Petru Valensky.

¿Cuál fue el mejor consejo que le dieron en el último tiempo?
No recuerdo... lo que me resultó útil fue una frase de Rockefeller, a quien una vez le preguntaron cuál era la fórmula del éxito. Su respuesta fue que no la tenía pero que sí sabía la del fracaso: “hacerle caso a todo el mundo”. Y mi próximo libro (que todavía no se cuando lo voy a sacar) va a tratar de eso, de todas las negativas y la desconfianza que había de que se llevara a cabo el show en el Teatro de Verano. Si yo le hubiera creído a todos no hubiera hecho la fiesta.

O sea que se puede decir que el mejor consejo se lo dio Rockefeller
Y se podría decir que sí. No está nada mal.

¿Cuál es su propia definición de humor?
No lo sé. Creo que cuando el pez está en el agua no sabe que es H20, y eso es lo apasionante. El humor es tan subjetivo, que no todo el mundo se ríe de lo mismo. Siempre es traumático y apasionante enfrentarse al público para hacerlo reír. Si tuviera una única fórmula, el humor dejaría de ser emocionante.

EL SHOW

La gran despedida del Gran Gustaf comenzará mañana a las 21 horas en el Defensor Sporting. Entradas: $250

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