Tras los comicios, controlar el dólar
El gobierno argentino profundizó las medidas para frenar la fuga de capitales
El gobierno argentino profundizó las medidas para frenar la fuga de capitales
Puede parecer extraño visto desde fuera, pero para los argentinos es lo más natural del mundo. Uno puede votar un domingo a Cristina Kirchner para que "profundice el modelo" durante cuatro años más y, al lunes siguiente, desprenderse de la moneda nacional y comprar dólares "por las dudas".
Es así que el aluvión de votos con el que la presidenta plebiscitó su gestión convive con el récord histórico de fuga de capitales. A esta altura, ya se batió la marca de 2008, un año signado en lo interno por la crisis política que enfrentó al gobierno con los productores rurales y, en lo externo, por el "efecto Lehman Brothers".
Se estima que ya se fueron del sistema financiero unos US$ 22 mil millones, con un promedio de fuga que en los últimos tres meses ascendió a la impresionante marca de US$ 3.000 millones por mes.
El diagnóstico que hacen los analistas es simple: la gente comenzó a comprar dólares a comienzos de año porque percibía que su cotización estaba atrasada, tan barato que no será sostenible por mucho tiempo más.
Pero, al mismo tiempo, era plenamente consciente de que ningún gobierno argentino devalúa en plena campaña electoral, y menos un gobierno que ha hecho del elevado consumo el leit motiv de su modelo económico.
"Esa percepción de un dólar con un precio insostenible tiene un asidero real en la situación económica; no se trata de una cuestión psicológica que se pueda resolver con inyecciones de confianza discursiva. Lo que el gobierno consiguió con la reelección es el margen político para hacer correcciones sin que la situación se descontrole, pero de ninguna manera consiguió un aval para no hacer correcciones", afirma Jorge Todesca, ex viceministro de Economía.
Y sus palabras parecen confirmadas por el mercado de futuros, donde se negocia el dólar de noviembre de 2012 un 17% más caro que el de hoy, cuando el gobierno sostiene que la devaluación en 12 meses no será mayor de 6%.
De manera que en los últimos meses se había empezado a generar entre los argentinos una convicción. La de que el día después de las elecciones vendrían los cambios inevitables en la política económica. Por eso, en las semanas previas a la reelección de Cristina, la compra de dólares se exacerbó ante la casi certeza de que había que apurarse a comprar un "producto" que no estaría subsidiado por mucho tiempo más.
Y el gobierno no defraudó a quienes reclamaban señales en forma de medidas económicas concretas. Solo que no lo hizo de la manera que los economistas le recomendaban.
La fórmula ortodoxa para esta circunstancia es una mezcla de medidas antiinflacionarias, una mayor disciplina fiscal, suba de las tasas de interés y una leve aceleración de la tasa devaluatoria.
Pero el gobierno, en cambio, parece decidido a dar un mensaje de estabilidad cambiaria. Quiere demostrar que, aunque tenga que sacrificar US$ 700 millones semanales de las reservas del Banco Central, no convalidará una devaluación mayor a la proyectada.
Claro que eso no implica que se siente alegremente a ver cómo el sistema financiero sigue sufriendo esa sangría de divisas. De manera que puso manos a la obra en dos sentidos. Primero, dificultar la demanda de dólares con mayores controles. Y segundo, acrecentar la oferta para que no le duela tanto al Banco Central. Medidas nuevas, recuerdos viejos.
Las medidas empezaron el mismísimo lunes posterior a la reelección de Cristina, todavía con el eco de los festejos por la histórica votación. Esa mañana, el centro porteño amaneció con inspectores que recorrían las calles repartiendo formularios entre quienes compraban dólares en las casas de cambios.
El objetivo de esa medida era atacar la organización del "dólar blue", como se conoce al mercado paralelo, y que se vale de "coleros". Son personas de bajos recursos que, a cambio de unos 500 pesos uruguayos aceptan presentar su documentación para comprar el tope diario permitido de 2.500 dólares. La organización luego vende esos dólares en el mercado informal, donde la cotización puede ser entre 5% y 10% más alta que la oficial.
Pero las medidas siguieron. Al día siguiente se clausuraron casas de cambios en el aeropuerto de Ezeiza. Y el miércoles un decreto obligó a las empresas petroleras y mineras a liquidar en el mercado de cambios local todas sus utilidades, dando marcha atrás con los contratos que permitían las remesas de ganancias
(ver página 13).
También a las aseguradoras se las obligó a invertir todos sus fondos en activos del mercado local (léase en bonos emitidos por el Estado argentino).
El jueves una nueva medida obligó a registrar en el sistema financiero argentino los resultados de ventas de inmuebles, de empresas o de aportes de capital. Y cuando parecía que ya no habría más medidas por tomar, en la noche del viernes se conoció una resolución del Banco Central por la cual ya no alcanzará con presentar documentación personal y acreditar ingresos para poder comprar dólares. Ahora la AFIP, el organismo recaudador de impuestos, deberá dar permiso explícito ante cada operación, y dirá si los ingresos declarados por esa persona coinciden con la cantidad de dólares que quiere adquirir. Para algunos analistas, esto puede ser el inicio de un mercado cambiario desdoblado, en el cual los importadores o quienes quieran adquirir dólares para un negocio inmobiliario podrán acceder al mercado formal con la cotización "oficial". Mientras que aquellos que sean "rebotados" por la AFIP, deberán resignarse a pagar un sobreprecio en el mercado paralelo. Muchos recordaban en las últimas horas la profecía que hace un año había hecho el ex ministro Domingo Cavallo. El padre del régimen de convertibilidad había advertido que, en la medida en que el gobierno se empeñara en combatir la fuga mediante restricciones, se recrearía un mercado paralelo al estilo del que había en los años 80. E incluso pronosticó que podría ocurrir algo parecido a lo que se ve en Venezuela, donde la brecha entre el dólar oficial y el informal es de 100%. Ante la catarata de medidas, las reacciones de los analistas económicos ha sido de profundo escepticismo. "Estas medidas apuntan a amplificar la oferta de dólares. Pero el problema de Argentina no es de oferta, sino de demanda, que va a continuar alta", diagnostica el economista Carlos Melconian. En la misma línea, José Luis Espert calificó de "absurdas desde lo conceptual y desde lo numérico" las medidas gubernamentales. Y lo de "numérico" está vinculado con lo exiguo de los nuevos recursos conseguidos cuando se los compara con la magnitud de la fuga. Por ejemplo, la liquidación de las empresas petroleras podría agregar, según las estimaciones, una oferta de US$ 3.000 millones al año, mientras el mercado cambiario transa una cifra similar en apenas un mes. Hay, además, otro motivo de preocupación. Y es que esta política de sostenimiento del "dólar barato" se hace con el objetivo de sostener en alto el consumo interno. Pero la fuga de capitales ha derivado en una suba de las tasas de interés, ya que los bancos ven con temor cómo todos los depositantes cancelan sus plazos fijos en pesos para pasarse a los dólares. En consecuencia, se encareció el crédito y los bancos ya están previendo que en 2012 se notará una desaceleración en los niveles de endeudamiento de las familias. Ergo, menos actividad comercial.