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Uruguay recuperó la identidad

Los dos jugaron 80' para ganar y al final firmaron el 0-0, en un partido en el que la celeste volvió a mostrarse saludable

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31 de agosto de 2017 a las 22:00

La imagen del final, de esos 10 minutos con los 22 jugadores de Uruguay y Argentina tocando para el costado, haciendo tiempo en el Estadio Centenario –como si estuvieran en La Paz– para concluir con un 0-0 que en definitiva le sirvió a las dos selecciones, invitó a los suspicaces a buscar sospechas donde no hubo, tras 80 minutos de fútbol en el que los dos jugaron para ganar, pero no lo consiguieron.

Con ese telón de fondo, alimentado perversamente por arreglos del pasado que beneficiaron a los celestes, Uruguay firmó un empate que dejó un buen sabor de boca, ya no solo por ese punto que adquiere valor superlativo y mantiene a los celestes terceros en la tabla y en la puerta de la histórica clasificación directa al Mundial 2018, sino por la forma en que Uruguay recuperó su identidad. Esa en la que durante una década transformó en un símbolo –criticado pero símbolo al fin– y que tuvo momentos épicos (Mundial de 2010, Copa América de 2011).

Uruguay volvió a mostrar su mejor versión defensiva, la que en definitiva le permite lograr el equilibrio, a partir de las modificaciones que introdujo Tabárez tras un golpe de timón. Profundizó un cambio histórico: sacó del equipo a Maxi Pereira y Arévalo Ríos y mandó a la cancha a Martín Cáceres por derecha y a Nández al mediocampo. El técnico no se quedó en eso. Rearmó con una estructura bien sólida con dos líneas de cuatro, que jugaron como deben hacerlo –con el sello de Tabárez–, bien apretados, sin brindar espacios a su rival y recostados sobre el arco de Muslera.

Reconstruyó el mediocampo con Nández donde mejor juega, como volante por afuera, y acertó una vez más el entrenador con Tata González. En lo previo, por el nivel que tiene en el torneo local, generaba dudas. Sin embargo, en la cancha el volante de Nacional mostró su valor. Como doble cinco por izquierda, junto a Vecino que pasó a la derecha, se transformó durante 60 minutos en la sombra de Messi. Después no le dio el físico y lo condicionó la tarjeta amarilla. Uruguay volvió a ser Uruguay, en una versión saludable, rubricada al final con el arco en cero.

La selección recuperó también su identidad por el sacrificio de Suárez y Cavani, particularmente del de PSG, que defendió y atacó, desdoblándose como sabe hacerlo, a partir de un resto físico como muy pocos tienen en el plantel, y con un Suárez de un corazón enorme que no solo mostró su carácter y capacidad milagrosa de recuperación para volver dos semanas después de una lesión en la rodilla para defender a Uruguay en un partido clave, sino para transformarse en pieza importante.

La celeste tuvo en el primer tiempo tres situaciones de gol: a los 8', con un desborde del pistolero, que comprometió a los zagueros que desviaron al córner; a los 30', Cavani presionó la salida, recuperó una pelota y Suárez remató desde 45 metros y la pelota se fue apenas afuera; a los 37', Nández, donde juega más cómodo, robó una pelota, y promovió una jugada que acabó con Cavani resolviendo de taco, en el área chica y con el balón saliendo apenas afuera.

Uruguay había recuperado su identidad a partir de la concentración, la aplicación táctica y la convicción de jugadores –fieles a la propuesta del DT–, que cuidaron cada metro de la cancha. Lo que no era poca cosa.

El segundo tiempo fue diferente. Porque el desgaste pasó factura, porque Uruguay perdió la consistencia del primer período. A tiempo Tabárez sacó a Tata González, diezmado y con amarilla: mandó a Nández al medio y dio ingreso a Corujo como volante externo. El de Boca no rindió en el nivel superlativo como en la banda derecha. Por esa razón el sufrido segundo tiempo, en el que Muslera se consolidó como figura.

En el cierre del partido, Tabárez se equivocó. Se durmió en el cambio de Suárez. Después de dos semanas de inactividad, el salteño no parecía estar en condiciones para jugar 90'. Se apagó en los últimos 30, y a los 82' salió acalambrado, un riesgo innecesario aunque un pecado inevitable, porque el Pistolero parece inagotable.

Los últimos 10' del partido se desarrollaron bajo con un pacto de no agresión. Los riesgos de perder ante la mínima falla, con físicos extenuados, se presentaba como un mal negocio atacar cuando el punto les brindaba equilibrio a los dos: a Uruguay para seguir tercero y a Argentina para igualar a Chile. La carrera para llegar a Rusia 2018 mantiene obstáculos, pero Uruguay recuperó lo más importante, su identidad



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