La evidencia es contundente y se repite desde, al menos, la década de 1990: en Uruguay el contexto de la escuela es “una condena” que determina cómo serán los resultados educativos de los alumnos. El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) demostró en 2022 que el sistema de enseñanza no estaba pudiendo revertir esa inequidad de origen: los muros del gueto invisible casi no se rompen. Y ahora el mismo Instituto se pregunta: ¿Qué factores contribuyen a que algunos centros de educación primaria tengan mejores desempeños que los esperados?
De eso versa un nuevo reporte que se presenta este miércoles y que, comprueba, existen algunas estrategias que mejoran la performance de las escuelas sea cual sea su contexto. Y a esa conclusión —además del reconocimiento de estrategias específicas—, el Ineed llega después de analizar los datos de las últimas pruebas estandarizadas (Aristas) y una serie de entrevistas en profundidad a maestros y directores.
Cuando al fallecido novelista Daniel Pennac le preguntaron sobre su formación y su capacidad de atrapar a millones de niños con su literatura, respondió: “Siempre he pensado que la escuela la hacen, en primer lugar, los docentes”.
La frase puede sonar a un cliché de esos que decoran los regalos del Día del Maestro cada setiembre. Pero el reporte del Ineed encuentra que la solidez de la comunidad profesional “es uno de los aspectos que diferencian a los centros con logros mejores a los esperados”.
Por ejemplo: tiene más chances de conseguir mejores resultados —incluso a pesar del contexto en el que está enclavado— un centro educativo en que su director haya iniciado estudios de posgrados. Todavía más si ese director tiene capacidad de liderazgo pedagógico (sugiere a los docentes qué y cómo enseñar), y más aún si ese director cuenta con liderazgo inclusivo (como le dicen los técnicos a la capacidad de generar sinergia entre el equipo docente, planificación conjunta).
La experiencia y estabilidad de los docentes en sus cargos, en la misma escuela, es otra de las explicaciones. Al ser entrevistada, una directora resumió: “La profesora de educación física tiene muchísimos años en la escuela, es una referente, los padres y los niños fueron alumnos de ella y, bueno, tiene dominio de grupo y es del barrio, conoce a todos”.
El reporte de Ineed insiste en que también hacen la diferencia las prácticas pedagógicas: la coordinación y planificación entre docentes, la demanda cognitiva en lectura...
En las escuelas a las que le va mejor, “los maestros enfatizan en mayor medida las tareas más complejas durante la enseñanza de los contenidos curriculares de matemática y lectura”.
Algunas escuelas —en especial colegios privados, según las entrevistas— consiguen mejores desempeños cuando la maestra antes de iniciar el año lectivo tiene un tiempo de intercambio con el equipo docente del año anterior, cuando ese intercambio va más allá de un simple acto administrativo e incluso cuando una misma docente acompaña a los estudiantes en su tránsito por todo un tramo (la misma maestra de primero sigue con su grupo en segundo, la de tercero los acompaña a cuarto, y la de quinta a sexto).
En una de las escuelas más destacadas, por ejemplo, “planifican con la maestra de la otra clase del mismo grado de forma semanal y se reúnen en sala docente una vez al mes, donde intercambian sobre proyectos de ciclo o el proyecto institucional, se dedica tiempo a aspectos administrativos, se aprovecha para planificar con el colectivo, entre otras actividades”.
La convivencia y el clima educativo
Cuando El Observador realizó una investigación periodística sobre cómo la violencia barrial terminaba repercutiendo en los niños, una de las consecuencias más comentadas por los docentes era la dificultad para descender en el aula el “estado de alerta” y generar una confianza entre pares.
Ahora el reporte del Ineed lo ve con los datos de Aristas. En las escuelas a las que le va mejor de lo esperado se percibe un mejor comportamiento de los alumnos en el aula y mejor vínculo entre pares, que, a la vez, redunda en mayor sentimiento de pertenencia a ese centro educativo.
Una directora cuenta un caso de éxito: “Se hizo un plan de convivencia institucional porque las familias ingresaban y ‘ni buenos días ni buenas tardes’ y ya se metían dentro del salón, entonces era como un poco compleja esa situación [...] Cuando llamamos a las familias comúnmente están dispuestas”.
Después de identificar y describir estos distintos factores que contribuyen a que a unas escuelas les vaya mejor de lo esperado, el equipo técnico del Ineed hizo un ejercicio estadístico para intentar explicar qué aspectos hacen aumentar la probabilidad de que ocurran esos logros o “fracasos”.
Para los logros mejores a los esperados hacen la diferencia (desde esa probabilidad matemática): el nivel educativo del director de la escuela, la demanda cognitiva en lectura, la motivación y autorregulación de los alumnos y el vínculo entre ellos.
A la inversa, para los logros peores a lo que cabría pensarse son claves: el comportamiento de los alumnos en el aula y que los docentes promuevan (o no) la enseñanza de la matemática mediante el descubrimiento.