El documento que tomó estado público este miércoles argumenta que, en la actualidad, las personas y empresas no pueden aprovechar plenamente su propia información para obtener mejores condiciones de financiamiento o acceder a nuevos servicios.
A la mañana siguiente, la Cámara Uruguay Fintech reunió a los principales actores del sector para un encuentro que resultó el contexto ideal para intercambiar sobre las experiencias en finanzas abiertas de la región, el aterrizaje de estos modelos en Uruguay, la importancia de la interoperabilidad y la seguridad de los datos.
En este marco, la presidenta de la Cámara Uruguay Fintech y cofundadora de la empresa Prometeo, Ximena Aleman, explicó a Café y Negocios cuáles serán los beneficios que llegarán a los usuarios en esta nueva ola que profundiza lo ya hecho en la inclusión financiera.
¿Qué cambios puede representar para el usuario un sistema de finanzas abiertas?
El sistema de finanzas abiertas lo primero que hace es reconocer un derecho que el usuario tiene.
El usuario es el propietario de su información financiera. Esa información está alojada en el sistema de la empresa financiera que le presta el servicio, pero le pertenece a él. Entonces, el usuario tiene que tener el derecho de poder compartir esa información, si así lo desea, para que otra empresa financiera pueda brindarle mejores servicios financieros basados en esa información. Y esto es clave en el crédito, por ejemplo.
El día de mañana vos querés comprar una casa, comprar una moto, pedir un crédito para lo que sea, y podés ir con tu información financiera a solicitar un crédito, sin tener que hacerlo adentro de la misma institución que hoy tiene la información.
Lo que pretende este anteproyecto de ley es poder generar competencia y mejor acceso a servicios financieros para los usuarios.
En definitiva, tiene como resultado condiciones más beneficiosas para el usuario en los productos financieros...
La idea es que esa información permita que el crédito se customice en función de tu información financiera, según tus ingresos y tus gastos, que no sea necesario tener que ir con un balance o con una certificación contable.
Cualquier banco o institución financiera conoce mucho a sus usuarios y eso es un valor para la persona, es un activo que muestra qué capacidad de pago tiene, cuál es su capacidad de ahorro, en qué gasta y en función de eso se puede customizar la oferta de servicios financieros.
Donde más impacto tiene esto es en el crédito, pero se puede ver también en inversión, en ahorro, en cuentas remuneradas. Depende del perfil de la persona, donde esto le calza mejor. Pero es algo que tiene un impacto transversal a todos los servicios financieros que cualquiera puede consumir.
Uruguay es una plaza donde hay poco acceso a servicios financieros y por eso este anteproyecto de ley está muy vinculado a reforzar lo que se hizo en inclusión financiera en Uruguay hace 12 años. Se trata, de alguna forma, de una segunda ola.
¿Cómo seguimos mejorando el acceso a servicios financieros? Una cuenta bancaria es muy básico, una tarjeta de débito es básico. ¿Qué más se puede hacer? Hoy por hoy, gracias a la tecnología, se puede hacer mucho más. Este anteproyecto de ley podría ser el puntapié para eso. Hay que ver cómo termina convirtiéndose en ley y cómo se cristaliza su aplicación concreta en el mercado pero, como anteproyecto, es una buena noticia.
¿Qué desafíos le presenta esto a las empresas que hoy en día están operando y tienen que adaptarse al cambio?
Es muy pronto para saber cómo esto se va a concretar y cuál será el impacto para las empresas financieras.
Sí, seguramente hay un impacto, pero va hacia donde está yendo el mundo. No es algo que tome por sorpresa a ninguna empresa financiera porque de alguna forma lo que está buscando Uruguay es subirse a estándares globales de infraestructura.
¿Uruguay está atrasado?
Sí, estamos atrasados con respecto a lo que podés ver hoy en Europa, con respecto a lo que pasa, por ejemplo, en India o en Brasil. Hay algunos países como Chile, Perú y Colombia que están más adelantados. Pero esto es algo que se está discutiendo en muchos países. Esta renovación de la infraestructura financiera es un movimiento global.
¿Genera oportunidades para que crezca el ecosistema fintech en Uruguay?
Es temprano para decirlo. El impacto para el sector va a depender de cómo se termine cristalziando en la realidad. A nivel global hemos visto distintas experiencias con distintas consecuencias para el sector fintech. Depende de cómo esto se ejecute.
¿Pueden ser buenas noticias?
Sí, porque la infraestructura tiene que ser una herramienta de desarrollo y esta es una nueva infraestructura financiera. Si genera un escenario de mayor competencia, de mayor acceso y conectividad con infraestructura, de interoperabilidad, sí va a ser bueno para el sector porque va a permitir que más empresas financieras operen en condiciones de mercado más competitivas y quienes se van a beneficiar van a ser los usuarios. Estos servicios los van a poder dar fintech que entienden distinto a los usuarios, tienen más apetito de riesgo y una mirada más ágil, por lo que pueden captar otras porciones del mercado que por hoy están excluidas.
¿El ecosistema fintech uruguayo está maduro de cara a este cambio?
Desde hace 10 años la Cámara Uruguay Fintech trabaja para que haya un sector financiero más competitivo en Uruguay y para que haya mayor acceso a servicios financieros en el país. Hay muchas empresas fintech que están esperando que regulatoriamente haya una infraestructura que les permita operar y servir el mercado local. Uruguay es un hub fintech global, exporta fintech para todo el mundo, y hay muchas empresas de fintech que están mirando la plaza local y esperando para ver cómo pueden participar del mercado.
¿Se puede esperar que vengan nuevas fintech internacionales a operar en Uruguay?
Sí, cien por cien.