26 de julio de 2025 5:00 hs

Lo primero que aparece en el plano es un delfín. El mamífero marino cuelga del techo de cara a la cámara. Después se percibe que lo rodean cuadros, dibujos, decorados que reflejan una historia. Esa historia es la de los tres hombres que entran vestidos de negro desde fuera de campo: los tres integrantes de Divididos.

Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella saludan desde el interior de su hogar desde hace tres décadas, el estudio/sala de ensayo/punto de encuentro La calandria. Un lugar donde cada objeto es un guiño al camino compartido.

Como ese delfín colgante, que es un recordatorio de la presentación del disco Divididos por la felicidad de Sumo (donde tocaban Mollo y Arnedo), en 1985, en el Teatro Astros. “La escenografía del lugar eran dos delfines de telgopor. Como le dicen ustedes, espumaplast”, traduce enseguida Mollo.

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Rodeados de esas historias –de su historia– Divididos habla de su retorno a Uruguay, que será el próximo 8 de agosto, para presentarse en Sitio, la carpa de espectáculos ubicada en el Velódromo Municipal. Allí repasarán esa historia musical, mientras ultiman los detalles de un disco nuevo (el primero con canciones nuevas en 16 años), del que todavía no sonará nada en vivo.

Desde su sala de ensayo, la banda argentina habló con El Observador sobre ese nuevo proyecto, sobre el paso del tiempo y el misterio para la permanencia del grupo, y sobre cómo se sorprendieron al verse convertidos en los últimos años en una banda de estadios, luego de que una mala experiencia hace décadas los llevara a decir “nunca más” a ese tipo de recintos.

¿Cada cuanto ensaya Divididos?

Ricardo Mollo: Nos encontramos una o dos veces por semana y tocamos un rato, charlamos otro poco.

Diego Arnedo: Comemos otro poco, no deja de ser una casa esto (risas).

RM: Y ahora estamos con los ensayos un poco más abocados a los temas nuevos.

¿Se está cocinando ese disco nuevo?

RM: En realidad ya está cocinado, terminado. Solo falta simplemente sacarlo a pasear.

¿Se va a escuchar alguna de las canciones nuevas en el show de Sitio?

RM: No, hasta que no presentemos el disco no. Si todo sale bien va a estar en noviembre, así que la próxima vez que vayamos a Uruguay seguramente sí.

¿Les sorprendió lo que se dilató un disco de canciones nuevas, en este caso 16 años?

RM: No, porque como lo estamos haciendo no nos dimos cuenta. Y el tiempo pasa.

01 Divididos en AAAJ (Foto- Ignacio Arnedo & Martin Cornejo)

Cuando aparecen las canciones nuevas, ¿hay una cierta presión de que tengan que, entre comillas, competir con las que vienen de hace tantos años y que el público ya las tiene tan arraigadas?

DA: Eso radica un poco en la diferencia de una canción con el tema de la melodía, el armado. Por más que utilices un género o te deposites dentro del rock, ponele, qué sé yo, lo que difiere es que es otra melodía, otra letra, otra tocada, qué sé yo, ahí está la novedad. Y el paso del tiempo hace mucho. Cada vez que salía un disco nuevo era como “uuuh, no camina”, después pasa el tiempo y las cosas se ubican en otro lugar, así que hay que tener paciencia básicamente.

Catriel Ciavarella: También una banda con tanto bagaje, de tantos años, es lógico que no va a pasar lo que pasa una banda cuando tiene el segundo disco, el tercer disco, que es la novedad. Es algo que si te fijás pasa en todas las bandas que tienen su largo recorrido. Es natural. Los Rolling Stones pueden hacer un disco nuevo, pero van a venir a tocar Satisfaction y nadie va a estar esperando lo otro. Es algo natural del paso del tiempo y la cantidad de cosas que hay atrás.

Son esas canciones que empiezan a trascender generaciones, que me imagino que ustedes lo ven también en los shows.

RM: Sí, lo loco es cuando un tema que parecía que nunca iba a salir de casa termina siendo algo popular. Nos pasó con Otroletravaladna, que cuando salió el disco nadie lo quería escuchar, mucha gente dejó de venir a vernos, pasaron muchas cosas, y de pronto hoy tocamos algunos temas del disco y realmente sucede algo que no lo esperas.

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Hablando de la permanencia, del tiempo que hace que están juntos ¿Hay alguna estrategia? ¿Hubo algún momento que se dieron cuenta de la cantidad de años que hacía que estaban juntos y encontraron una razón por la que eso pasa?

DA: Yo me lo pregunté siempre, cómo puede ser que en cada situación nueva que pasó, sigue dándose ese encuentro que decís “qué loco, cómo puede ser que siga estable” en una situación de un eterno ahora. Sabiendo que el tema de tener una banda, tener un grupo, no es una cosa fácil. Siempre hay una crisis nueva. Pasaron 15 años desde que no hacíamos un disco y no nos dimos cuenta. Es como que no nos damos cuenta de nada. Lo único que hacemos es tocar, que está buenísimo.

Una cosa medio de matrimonio, de matrimonio entre tres, de costumbre.

RM: Un poliamor (risas). Es una elección diaria, te elegís todos los días, entonces el tiempo no pasa, porque sigue esa cosa de tener ganas de seguir haciéndolo, pasa por ahí. Caes en la cuenta cuando pasa esa cronología, de ver los años que estás juntos, si no seguís viniendo a ensayar. Nosotros estamos en esta casa desde hace 30 años, y ha pasado de todo, han pasado discos, cosas personales, musicales, de todo. Lo único que creo que va quedando de todo eso es las ganas de seguir viniendo. Las respuestas uno las busca cuando alguien las pregunta, porque si no ni te lo preguntás. Si no te lo cuestionás, es porque está todo bien.

Me imagino que les debe haber pasado un millón de veces que la gente se acerca y les habla de lo que han significado para ellos, para sus vidas y demás. Pero, ¿qué pasa cuando eso lo hace un colega? Cuando los invitan a tocar en un disco, como pasó hace poco con Ricardo con No Te Va Gustar y con Laura Canoura, por decirles ejemplos uruguayos, o cuando hacen una versión de ustedes.

RM: Ahí te das cuenta del cariño porque no pasa por otro lado que no sea eso. Cuando me llamó Emiliano (Brancciari) para grabar con ellos sentís como esa cosa del paso del tiempo y el cariño que se genera sin querer o sin saber.

Más allá del disco nuevo también, en los últimos años han publicado varios discos en vivo. ¿Les interesaba también ese formato, mostrar lo que se genera en el vivo, lo que capturan de alguna manera ese tipo de discos?

DA: El vivo tiene algo que el estudio no tiene. Entonces hay un montón de factores. Uno es la magia, que creo que tiene que ver también con la perseverancia, con la búsqueda de que eso que haces cuando te vuelve te guste. Y en el vivo se da o que estabas sintonizado y estabas en el momento donde esas cosas sucedían o no. Entonces algunos vivos tienen esa magia que decís que bueno estaría seguir escuchando esto, entonces ahí es donde eso se transforma en la posibilidad de poder escucharlo en alguna plataforma o convertirlo en un disco. El Vivo acá se convirtió en un disco en el 2003 por eso, porque un día escuchamos la grabación y dijimos, “uy está bueno esto, hagamos un disco”, pero no se da siempre.

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En los últimos años vienen haciendo muchos shows más grandes, en estadios también. ¿Los sorprendió entrar en ese ciclo de banda de estadio?

RM: Después de tantos años es como que se hizo esperar, fue algo a lo que particularmente yo no quería acceder por una mala experiencia que tuvimos en el año 93 y sentía que no estaba bueno. Lo que pasa es que hoy el avance tecnológico de las pantallas y todo eso da como otro marco donde vos podés llegar a lograr cierta intimidad en un lugar grande. Entonces se alinearon los planetas. Pero por muchos años fue todo lo contrario, porque sentía que no nos veíamos con la gente, y que había un montón de cosas que te alejaban un poco, pero al final el paso del tiempo también ayuda a entender otras cosas.

¿Qué pasó en 1993?

RM: Un show un poco accidentado en la presentación de La era de la boludez en Vélez. No tengo un lindo recuerdo de ese momento y a partir de eso fue “nunca más”. Salvo tocar en algún festival, que es un poco más impersonal, los conciertos de la banda era mejor en lugares “abarcables”, por poner una palabra.

Ahora que han hecho las dos experiencias, ¿siguen prefiriendo la sala más chica que el estadio?

CC: Las dos cosas. Cada una tiene lo suyo. El otro día tocamos en el Movistar Arena, que es un lugar más grande, que entran como 15 mil personas. Salís y decís “la verdad, qué bueno que está”. Y después tocamos en el Teatro Flores y decís, “che, qué bueno que está”. Y tocás en Obras y decís “qué bueno que está” (Risas). Es re loco, pero cuando el show está en ese punto de conexión, trascendés al lugar. Estamos en un momento donde nos pasa eso más allá de donde toquemos.

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