La cantautora mexicana Silvana Estrada llega al Teatro Solís: "No sé si el arte es importante o no, pero a mí sí me salvó la vida"
La ascendente cantante veracruzana vuelve a Montevideo; llega para presentar su último disco, Vendrán suaves lluvias, el próximo 12 de marzo en el teatro Solís
15 de febrero 2026 - 5:00hs
Silvana Estrada se presenta el 12 de marzo en el Teatro Solís
La mexicana Silvana Estrada ha dicho, en algunas de las decenas de entrevistas que ha dado en los últimos años, cosas como estas: que su último disco se inspiró en el Blood on the tracks de Bob Dylan y que Billie Holiday le abrió los ojos, que cantar con una banda la ha hecho extrañar la época en la que recorría los pequeños escenarios de su país sola con el cuatro venezolano al hombro, que creció en el bosque veracruzano a la sombra de sus padres luthiers, que “puede sonar fuerte” pero también creció perreando un reggaetón que ya considera folclore latinoamericano, que ha leído a Roberto Juarroz con fruición, que el espíritu de Chavela Vargas la ayudó a terminar una canción en honor a dos amigos asesinados, que su faro es Violeta Parra, su amiga Natalia Lafourcade, y que siente, a veces, que no pertenece a ningún sitio.
Peculiar o no, su música contiene todo lo anterior. Y esa cualidad única —única pero deudora: en ella hay herencia de Violeta Parra, Chavela, Julieta Venegas y Lafourcade, entre otras voces— es lo que en buena medida la ha puesto en un sitial de privilegio en la lista de cantautores latinoamericanos del momento. Nacida en Xalapa, Veracruz, hace 28 años, y con un Grammy Latino a la mejor artista nueva debajo del brazo desde 2022, Estrada ha hecho de su impresionante voz el instrumento distintivo en un corpus de obra que carga enormes cantidades de poesía, una apuesta por la recuperación de las raíces de la canción mexicana y un espíritu que conecta a su generación con las que vinieron antes.
Su último disco es Vendrán suaves lluvias, publicado en 2025, y en él abandona el despojo instrumental de su primer proyecto, Marchita, para abrazar un trabajo orquestal que eleva su potencial como cantante a otro nivel. Estrada compuso este disco en un momento en que buscaba la luz en medio de una tormenta personal oscurísima, que entre otras cosas incluyó el asesinato de dos de sus mejores amigos en Ciudad de México. De alguna forma, la cantante logró extraer belleza del horror y le dio forma a canciones que fluyen etéreas y potentes a la vez. Para una muestra rápida, escuchar Cada día te extraño menos, Como un pájaro, o la tristísima Un rayo de luz.
Silvana Estrada llegará dentro de poco a Uruguay, y no será su primera presentación en el país. En 2023, la mexicana llegó a la Sala Zitarrosa y la llenó. Entre esa fecha y el 2026, su fenómeno creció y se convirtió en un nombre de peso en la escena latinoamericana. Ahora, el próximo 12 de marzo se presentará en el Teatro Solís, un show para el que todavía quedan entradas. En ese contexto, y en medio de una gira mexicana que la tiene agotando más de cincuenta shows antes de tocar tierra en Montevideo, Estrada habló con El Observador.
¿Qué recordás de tu primer show en Uruguay en 2023?
No era la primera vez que estaba en Uruguay, pero sí era la primera vez que tocaba allí. Y claro que me acuerdo. Me acuerdo porque fue uno de esos shows en los que está todo patas para arriba y luego se abre el telón y todo se resuelve y es maravilloso. Hacía mucho frío, estaba enferma de la garganta, había un cuarteto de cuerdas y solo ensayé con ellos 20 minutos antes de salir al escenario. Todo fue muy cuesta arriba, pero me acuerdo mucho del cariño de la gente, del cuidado, del respeto. Fue una noche en la que me sentí victoriosa, me sentí como espartana. Los uruguayos me sostuvieron un montón, hasta el día de hoy me acuerdo.
Silvana Estrada se presenta el 12 de marzo en el Teatro Solís
Jesús Soto Fuentes
¿Cuál es la principal diferencia entre aquella Silvana Estada y la que se presentará en marzo en el Solís?
Mi manera de girar, algo que a lo mejor la gente no lo siente directamente. Ahora viajo con más gente. Voy con mi banda. En Montevideo estaré con ellos por primera vez. Y pues nada, estoy muy emocionada de poder regresar acompañada a un montón de lugares a los que fui sola. A mí me encanta cantar sola. De hecho, a veces cuando estoy con la banda lo extraño, ¿eh? Pero estoy enamorada de mi banda. Soy muy feliz. Esto es lo que siempre quise. Todo el mundo toca dos o tres instrumentos, todos estamos todo el rato rotando instrumentos, todos estamos orquestando la música. Vendrán Suaves Lluvias, que es mi último disco, lo estamos tocando completo, y es un disco con orquesta.
De hecho, ese arreglo orquestal es uno de los grandes cambios de Marchita a Vendrán Suaves Lluvias.
Sí. Marchita proponía una soledad en el escenario que estuvo muy bien para ese momento, porque estaba yendo por primera vez a muchos lugares sola, lo que me parece bien para empezar a presentarse. Pero ahora con la banda estar orquestando todo el rato Vendrán suaves lluvias ha sido un reto, pero ha sido súper divertido y está sonando tan bonito. Cuando lleguemos a Montevideo vamos a tener encima como 50 conciertos, porque ahora mismo estamos de gira en México. Así que allá nos vamos a leer la mente, y eso me encanta. Yo estudié jazz, y te enseña a dejar siempre abierto el lugar para la improvisación, para sorprendernos, para realmente sentir que nos leemos la mente.
¿Estudiar jazz fue un punto de quiebre en la forma en la que concebís el acto de hacer música?
Sí. A ver, no terminé la carrera, hay que decirlo de una vez por todas (ríe), porque me puse a hacer canciones y pues ya. Pero sí, mi primer gran amor fue la improvisación. Y en ese sentido, creo que nunca más se me fue. Y es loco, porque siendo cantautora quizás no es tan usual, ¿no? Pero creo que hay ahí un nervio, una adrenalina, un vértigo que me gusta mantener. Porque algo que me dio el jazz como principio, como un valor para seguir, es nunca confiarse. Todo es un juego y lo hermoso del juego es que te tiene en el presente, y la diversión también. Para mí siempre fue un poco así. Si hago canciones quiero estar presente, quiero que haya un poco de peligro. No sé si eso se transmite al público, pero como cantante quiero que haya todo el rato un vértigo. ¿Qué pasa si musicalmente me voy para otro lado por un momento? ¿Será que la banda me sigue? Hay cosas que han salido terriblemente mal, pero con los años he ido afinando los espacios donde cabe el juego y donde cabe más la estructura. El jazz fue la música que me regaló la diversión. Mis papás son músicos clásicos, y no es que la música clásica no sea divertida, pero sí que no hay mucho espacio para el juego.
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Allí uno se adapta a algo que ya está preestablecido, con sus moldes y lineamientos.
Sí, también hay que pensar que en una gira tocas el mismo repertorio muchas veces. Y en ese sentido estoy contenta porque logré un repertorio que puedo ir cambiando cada noche. Quiero decir: en esta gira sí o sí tocamos Vendrán suaves lluvias completo, pero después vamos poniendo y quitando canciones de otros discos. Haciendo estas cosas ya no te aburres, te mantienes vivo, despierto. Porque es fácil dormirse un poco cuando llevas mucho tiempo de gira.
¿Y los versos, la poesía de tus canciones? ¿Cómo escribís?
Pues en verdad soy un poco caótica, pero lo más parecido a un proceso que tengo para escribir es, obviamente, leer y escribir mucho. Hago muchos ejercicios de escritura. Hubo un momento en el que tenía el deseo de hacer poesía y decía "voy a editar un libro", pero con los años me di cuenta de que yo hago canciones y estoy bien así. Pero escribo mucho, hago muchísimos ejercicios de escritura automática, y a partir de eso sustraigo mis intereses. En esos ejercicios de escritura me doy cuenta de qué es lo que realmente quiero hablar. Porque siento que mi proceso es muy visceral. Entonces, en esta escritura automática surge de lo que quiero hablar de verdad. Porque a veces el ego quiere que hables de otras cosas, ¿no? Esa visceralidad te lleva a una verdad mucho más rica sobre la cual trabajar. Y luego, escribo letras y armonía al mismo tiempo. No me pasa esto de hacer primero una letra y luego musicalizarla. He trabajado con gente que lo hace y mis respetos, porque es muy difícil. Yo tengo que hacer ambas cosas porque tengo formación de cantante, entonces la palabra ya de por sí propone una melodía y en ese sentido trato de que nazcan juntas, lo más compenetradas en ese paralelismo que al final se une.
Vendrán suaves lluvias está marcado, según has dicho, por el ánimo de trabajar “la tormenta interior” que tenías en ese momento. ¿Qué tipo de canciones entendés que salieron de ese proceso interno?
Por un lado, creo que son canciones muy íntimas. Son un poco confesiones y narraciones de mi vida, pero siento que también hay algo en ellas profundamente popular. Quise generar espacios amplios, y las canciones, consciente o inconscientemente, los tienen: hay coros, melodías, y quizás son un poco más cercanas o amplias. Creo que antes nunca había hecho un disco con melodías generosas. Me pasó que con Marchita las melodías eran un poco complicadas.
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Silvana Estrada se presenta el 12 de marzo en el Teatro Solís
Has dicho que Blood on the Tracks de Bob Dylan fue una influencia directa.
Sí. Mi hacer como cantautora viene de un lugar muy personal e íntimo. Y yo sé que hago canciones, pero no muchas veces me he sentido cantautora. Siento que soy muy buena en mi mundo, pero no tengo eso del cantautor que puede hacer canciones con cualquier cosa, no me hace muy feliz. En este disco tenía ganas de buscar más la estructura de la canción. Estaba escuchando mucho a Dylan, a Joni Mitchell, y de repente se abrían estas melodías que sonaban un poco como infinitas. Creo que estas canciones salieron además del estado emocional en el que estaba trabajando, realmente estaba destruida. Creo que estaba tan destruida que mi afán era salir.
Da la sensación, escuchando el disco, de que te es fácil extraer belleza de esos momentos de oscuridad. ¿Es así?
No sé si es fácil, pero me es natural. Es mi manera de existir. Es la manera en la que me vinculo a la realidad. Yo fui una niña muy triste y lo digo sin amargura. Mis primeros años de juventud fueron muy amargos. En algún momento, para seguir, para no decir "adiós mundo cruel", tuve que hacer el ejercicio de buscar la belleza. Para sobrevivir. Por eso es gracioso que la gente diga que el arte no es importante. No sé si es importante o no, pero a mí sí me salvó la vida. Así que creo que, más que serme fácil, es mi manera de vivir: poder ver la herida, porque además hay muchas, ahondar ahí y encontrar algo por lo que valga la pena vivir.