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3 de julio de 2026 13:09 hs

La reciente eliminación de la selección uruguaya del Mundial 2026 dejó una certeza que va más allá de lo estrictamente deportivo: Marcelo Bielsa sigue siendo uno de los mayores generadores de narrativa en la industria del fútbol. Tras el fracaso en la cancha, el entrenador ofreció una extensa conferencia de prensa de más de una hora y media que, lejos de aclarar el panorama futbolístico, se transformó en el combustible perfecto para alimentar las discusiones.

Pero a su vez sostuvo que "los futbolistas me plantearon la idea de no entrenar separados en dos grupos" y que "también hubo un pedido vinculado a la reducción de las charlas. Ellos preferían que se redujera ese tiempo y también accedí a eso".

Desde Argentina, el periodista y director de Big Data Sports, Marcelo Gantman, escribió una larga nota acerca de otra mirada y de cómo vio la conferencia de Marcelo Bielsa.

Entre otras cosas explicó que "si no hubo equipo que siga en el Mundial, la moneda de cambio es el largo parlamento. La autopsia deportiva que luego abrirá decenas de subtramas para conversar. Se habla de lo que Bielsa habla. Ya no del equipo. Se impuso la línea discursiva que instala que los futbolistas no tienen capacidad de atención suficiente. El pensamiento interior de cada uno completa la idea que se hace pública y construcción colectiva: la 'tiktokización' del jugador".

El resumen de lo que piensa Marcelo Gantman de la conferencia de Marcelo Bielsa

La crítica central -según Marcelo Gantman-radica en cómo el análisis del juego real se diluye frente a la potencia del mito. En lugar de profundizar en las razones por las cuales el equipo de la selección uruguaya de Marcelo Bielsa lució desorganizada y superada en sus tres encuentros directos, la conversación pública se desvió hacia cuestiones periféricas y discursivas.

El foco se trasladó de inmediato a la supuesta "tiktokización" de los futbolistas, instalando la idea de que las nuevas generaciones carecen de la capacidad de atención necesaria para asimilar las complejas metodologías de trabajo del técnico rosarino. Este argumento funciona como un comodín argumental, un refugio para sus defensores y un blanco fácil para sus detractores.

El artículo cuestiona esta dualidad cínica que impera en las plataformas digitales, donde el fútbol pasa de ser un deporte a un laberinto de posturas ideológicas irreconciliables.

Mientras el "bielsismo" justifica las fallas acusando una desconexión cultural con los jugadores modernos, quienes critican el fútbol actual se contradicen argumentando que el futbolista padece una sobrecarga de datos.

Al final, las redes sociales aíslan a los usuarios en burbujas hiperpersonalizadas que multiplican los clips y las declaraciones vacías, alejando el debate del verdadero rendimiento sobre el césped.

Bielsa, aun sin proponérselo, se convierte en un producto de consumo ideal para un Mundial conectado las 24 horas. Sus largas intervenciones operan como un "producto sustituto" de alto valor en el mercado del entretenimiento deportivo. Sin embargo, detrás de la mímica y de las explicaciones enciclopédicas compartidas en bucle, queda una profunda sensación de pérdida: la de un equipo que, en vez de iluminar con su juego, terminó reducido a una interminable factoría de contenidos digitales.

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