Carlos “Chacho” Álvarez fue elegido por los países de la Unión de los Naciones Suramericanas (Unasur) como el jefe de la misión que evaluará las elecciones del próximo domingo en Venezuela. En diálogo con El Observador, horas antes de viajar definitivamente a su destino, resumió las experiencias de su primer visita de observación a ese país, destacó los avances del modelo venezolano y se hizo eco de los cuestionamientos de los opositores.
¿Con quiénes estuvo en Venezuela?
Primero me reuní con todos los embajadores de los países de la Unasur, algo importante para conocer su opinión y su visión política general. Luego estuvimos con los cuatro rectores (faltaba uno) del Consejo Nacional Electoral (CNE), que es la máxima autoridad en el país y es un cuarto poder. Al día siguiente, tuvimos una reunión muy larga en el comité de campaña de Henrique Capriles, el candidato opositor.
¿Qué plantearon los opositores?
El coordinador de la campaña hizo cuestionamientos a lo que ellos llaman el ventajismo político, que es la diferencia de recursos que puede tener el oficialismo respecto a la oposición. Pero al mismo tiempo reconocían la confiabilidad del sistema electoral venezolano. Me dijeron que ellos empezaban una nueva generación, que el problema de Venezuela no era solo Chávez y que hacían una autocrítica de cómo se había desarrollado la historia de la oposición. Sobre todo, lamentaban haberse equivocado con las denuncias de fraude en las elecciones de 2006 y por no haberse presentado en los comicios parlamentarios, dejando sin oposición a la Asamblea Nacional. Intentaban demostrarnos que tenían una idea remozada y actualizada de cómo debía ser una oposición.
¿El ventajismo político es uno de los grandes temas en Venezuela?
Es uno de los grandes temas pendientes de América Latina y me parecería muy bien que Unasur siga desarrollando la idea del Consejo Electoral y llegue a hacer un observatorio electoral que no solamente trabaje sobre la transparencia del acto electoral, que es muy importante, sino sobre todo el proceso, tal como hacen las observaciones tradicionales.
¿O sea que la Unasur, hoy no puede hacer nada frente a las denuncias de ventajismo?
No. Como jefe de misión de Unasur, voy a hacer un informe y le adjuntaré al secretario general de Unasur y a la cancillería de Perú –que lleva la presidencia protémpore– todos los documentos críticos y las observaciones que ha hecho la oposición, inclusive en el CNE. Así, las autoridades podrán tener todo el material.
Va a presentar las denuncias con los resultados sobre la mesa.
Sí, porque Unasur no está haciendo una observación tradicional, sino que es un sistema de acompañamiento electoral. La idea es ir conformando un consejo electoral con más protocolos de cómo participar en las elecciones, quizá con delegaciones más numerosas, quizá con delegaciones que vayan con anterioridad al proceso. Se necesita madurar un organismo que tenga capacidad de hacer una observación tal cual las conocemos.
¿Qué otras dificultades tienen los opositores?
Como dificultad principal, reconocen que Chávez se metió en el corazón de muchos millones de venezolanos y que el problema para ellos no es solamente sacarlo de Miraflores, sino de muchos venezolanos humildes. Luego, también hacen votos por un proceso electoral tranquilo, en calma, sobre todo, sin disturbios. Por otra parte, plantearon algo que es muy delicado: aclararon de muchas maneras que ellos van a reconocer los resultados electorales. Porque es importante que las dos fuerzas principales que compiten reconozcan los datos como válidos, y ese es el tema que flota como de preocupación.
¿Qué caracteriza el sistema venezolano?
Venezuela es un caso paradójico. Me llamó mucho la atención porque es una democracia muy polarizada con discursos muy antagonizados y dos visiones radicalmente distintas de país. Pero sin embargo, el sistema electoral es uno de los más adelantados de América Latina. Por ejemplo, en el comando de la oposición nadie me ha dicho que desconfía del software o de las máquinas electorales; no había ninguna duda sobre el sistema.
¿Cree que un debate enriquecería el proceso electoral?
Los debates siempre son útiles. Eso no quiere decir que sean un elemento irremplazable. Agregan, permiten a los votantes tener algunos elementos que quizá puedan ayudar a decidir su voto. Pero también hay que reconocer que tienen mucho de escenificación y no son absolutamente clarificadores respecto a lo que pueda hacer uno u otro si llega al gobierno. En el caso de Venezuela, los campos están muy definidos y es muy difícil que un debate mueva a la gente del lugar en el que está. La venezolana es una democracia muy antagonizada y con campos muy claros en cuanto a la identidad.