22 de diciembre 2013 - 20:47hs

Esta semana Amnistía Internacional se sumó al reclamo que días antes había hecho Médicos Sin Fronteras y pidió a la ONU que se haga cargo de la situación en República Centroafricana (RCA), donde las milicias matan a machetazos y ya obligaron a más de 500.000 personas a huir de sus casas y refugiarse en iglesias, campamentos o entre los árboles por miedo a ser decapitados.

Desde la ciudad de Bossangoa –segunda más importante del país– y a punto de tomarse un avión hacia la capital Bangui, con El Observador habló Bob McCarthy, coordinador de emergencia de Unicef en ese país, que Forbes Internacional calificó como “el más triste del mundo”. Con una carrera profesional de 25 años, McCarthy pasó por varios países africanos e incluso estuvo secuestrado durante 24 horas en Somalia en 2006. Lo que vive ahora, sin embargo, es lo peor que ha visto en todos estos años.

¿Cuáles son sus impresiones de la situación?

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La situación es extremadamente mala. Hay muchos cientos de miles de desplazados, más de 500.000. Hay gente que necesita protección y que tiene mucho miedo, especialmente las mujeres y los niños. Naciones Unidas y las organizaciones humanitarias hacen lo mejor que pueden, pero es muy difícil. Por ejemplo, por parte de Unicef somos 60 personas trabajando aquí y, en términos económicos, hemos recibido la mitad de lo que pedimos. Todavía necesitamos aproximadamente US$ 15 millones; nosotros requerimos US$ 30 millones.

¿Cuáles son las necesidades más urgentes ahora?

El mayor problema ahora es la protección para la población. Esto implica que puedan vivir con cierto nivel de seguridad. Pero además de garantizar la seguridad, necesitamos proporcionar agua, asistencia a los refugiados y, por supuesto, asistencia alimentaria. Esas son las necesidades más inmediatas que vemos y Unicef y otras agencias de Naciones Unidas están intentando atenderlas.

¿Cuándo llegó a República Centroafricana?

Llegué a fines de marzo.

¿Cómo evolucionó el país desde entonces?

La situación se agravó demasiado. Y el 5 de diciembre hubo grandes combates en Bangui y Bossangoa. La situación empeoró demasiado desde ese día y no vimos muchos resultados, aunque esperamos ver una mejora.

¿Cómo ve el apoyo de otros países? ¿Aumenta o no?

Sí, recibimos apoyo de instituciones para monitorear la situación y proteger a la población y eso es bienvenido, pero se necesita más, se necesita más, se necesita más. Incluso lo digo de vuelta, se necesita más, se necesita más, se necesita más. Porque se necesita, la gente está en demasiado malas condiciones, las peores que he visto. Trabajo en esto desde hace 25 años y esto es lo peor que vi en toda mi carrera.

¿En qué países estuvo?

Somalia, Etiopía, Sudán, Kenia, Madagascar y alguno más.

¿Y qué hace que este conflicto sea peor que los otros?

Lo que lo hace peor es que la gente ya vivía en situaciones extremas de pobreza y las circunstancias en las que sobreviven los niños son muy malas. Entonces, la guerra en gran medida destruyó lo poco que había, que aunque era insuficiente, ahora es más que insuficiente para los niños y las mujeres que viven en cualquier estrato de la sociedad. República Centroafricana está entre los diez peores países del mundo para los niños.

¿Ve similitudes entre esto y el genocidio de Ruanda de 1994?

Sí, en algunas regiones la gente es blanco de ataques por razones étnicas o religiosas. Hay cierta similitud en ese sentido, pero espero que esto no se agrave. Aunque es extremadamente delicado ahora.

¿Cuáles son sus previsiones del conflicto?

No puedo decirlo. Sí puedo decir lo que espero. Espero que tengamos paz, que haya más fuerzas de seguridad en el terreno y que las agencias humanitarias tengamos más margen para proporcionar la ayuda que tenemos que dar a los niños, las mujeres, los más grandes, las familias. Y espero que algún gobierno mejor pueda asumir el control y atender las necesidades de la gente, porque este es uno de los problemas del país, donde durante muchos años los líderes del país no mostraron interés por conocer las necesidades de las personas. Eso es lo que tenemos que ver acá y es lo que esperamos ver.

¿Hay seguridad para su trabajo?

Cuando estaba en Bossangoa la seguridad nos la daban las fuerzas regionales de paz e hicieron un trabajo excelente. Hay registros históricos de circunstancias en las que los pacificadores internacionales fallaron, pero esta semana en Bossangoa no fue así. Se quedaron en su lugar y protegieron a la gente. Y si no lo hubieran hecho, muchos habrían muerto. Y los que actuaron no fueron de Naciones Unidas, Estados Unidos o Francia o Nigeria, Marruecos o India. Eran tropas del país vecino, la República del Congo. Ellos se ubicaron entre la población que era disparada y los atacantes, y los protegieron. Eso fue espectacular, una historia hermosa que debe ser contada.

Ese cuerpo, la Fuerza Multinacional del Centro de África (FOMAC, un grupo militar compuesto por oficiales de los países que integran la Comunidad Económica de Estados del Centro de África) es el verdadero cuerpo de paz aquí: hicieron un gran trabajo al proteger a la gente. Necesitamos esa actitud y esa lucha por la humanidad.

¿Su seguridad estuvo en riesgo en algún momento?

No directamente, pero estuvimos en una zona donde hubo batallas y algunas balas perdidas llegaron al lugar donde estábamos, así que nos tuvimos que tirar al piso mientras seguía el tiroteo a nuestro alrededor. No creo que nosotros fuéramos el blanco, pero estuvimos muy cerca. No fue una situación muy buena.

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