10 de agosto de 2012 20:05 hs

El realizador de Otario (1997) y Corazón de fuego (2003) conversó con El Observador sobre el estreno de su tercer largometraje, El ingeniero, discreto en su producción, con mucho texto y paisaje y con una mirada crítica del turbio mundo del fútbol. Su guion, el primero que escribe en solitario, gira en torno al halo de misterio que dejó un prestigioso director técnico (Jorge Denevi), que en plena gloria se retiró sorpresivamente del medio sin conceder entrevistas. Muchos años después, un joven periodista (Jorge Temponi) logrará convencerlo de revelar sus razones.

¿Le tuvo miedo a tanto texto a la hora de dirigir?
En todo momento. Cuando empecé a medir, me dije: “Si no empiezo a cortar van a ser dos horas y media de un viejo hablando”. En el montaje se sacaron entre 20 y 30 minutos de diálogo. Pero si bien le tenía miedo, sabía que la película era eso. Asumí desde el principio que era una película muy hablada.

Un altísimo porcentaje del film es la actuación de Jorge Denevi. ¿Cómo fue su elección?
Cuando terminé de escribir el guion me di cuenta de que no había muchas opciones. Fui directamente a su casa y le dije: “El ingeniero Erramuspe tenés que ser vos”. Por suerte salió todo bien. Lo que me hizo intuir que tenía que ser él fue que necesitaba a una persona acostumbrada a dirigir equipos humanos. Creo que hay una gran semejanza entre la experiencia de un director técnico y un director de teatro.

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¿Cuánto hay de su padre Eduardo Arsuaga, ex presidente de Defensor Sporting, en la película?
A veces me siento en la necesidad de aclarar que con 46 años tengo mis propias opiniones. El mundo del fútbol me acompañó desde chico y mi interés por la naturaleza también. De la mezcla de ambos nació este proyecto. A mi edad, es obvio que yo ya tengo mis propias opiniones. Pero hubo veces que escribía algo y la gente en la productora me decía: “¡Cuidado, eso puede parecer como que lo escribió tu padre!”. Pero era mi opinión. Al punto de que un día lo tuve que llamar: “¿Vos tenés problema con que yo piense así?”, le pregunté. Es gracioso pero le tuve que pedir permiso para opinar.

¿Pero tuvo que modificar el guion?
Cuando mi padre leyó el guion me quiso reescribir algunas cosas. “Esto no lo podés decir así, me dijo”. En realidad, lo que más le preocupaba era que se pudieran identificar las personas a las que, por momentos, estaba referido el relato. Pero ha venido mucha gente cercana al fútbol y no identifica la mitad de las cosas.

¿Se puede decir que es una película que denuncia varias turbiedades del negocio del fútbol?
Nunca la concebí como una película de denuncia: simplemente intenta mostrar una determinada concepción de ese mundo. Acaban de probar que el expresidente de la FIFA, João Havelange, aceptó sobornos por millones de dólares y que la mano derecha en ese momento era Joseph Blatter, el actual presidente de la Federación. La realidad supera ampliamente lo que yo digo en esta ficción.

¿Qué personajes lo inspiraron para componer al ingeniero Erramuspe? El profesor José Ricardo De León fue una referencia, sobre todo en la construcción del mito del ingeniero Erramuspe. Él escribía muy florido, a veces sus frases eran muy oscuras. Junté un montón de textos con los que trabajamos con Denevi. Toda su ideología futbolera está muy presente, pero curiosamente la película no recoge anécdotas de él. De alguna manera, Marcelo Bielsa también fue otro referente.Hay mucho de lo que pasó en Argentina, de cómo se han destruido las selecciones juveniles.

¿Cuál fue su mayor desafío como director?
No tuve un desafío. Yo siempre voy como un inconsciente. De lo que sí me di cuenta es de que cuando vos escribís todo y los personajes salen de tu cabeza es mucho más fácil oriental a los actores.Para los tiempos del cine en general y del nacional en particular, fue un proyecto que surgió de un tirón.Es verdad. El guion lo terminé de escribir en febrero de 2011. Lo escribí en dos etapas. Las primeras 60 páginas me llevaron menos de un mes, el remate me llevó bastante más. El plan de rodaje fue de 20 días.

¿Qué aprendizajes que tuvo en sus anteriores películas Otario (1997) y Corazón de fuego (2003) le sirvieron para este tercer largometraje?
Otario nunca debió haber sido una película, se tendría que haber quedado en programa de televisión. Por esas cosas infantiles, la mandamos a San Sebastián y, como la aceptaron, la pasamos a cine. De alguna manera se hizo para demostrar que podíamos hacer determinado tipo de producción y ese no es motivo suficiente. Corazón de fuego requirió de un andamiaje económico muy complejo. A su vez, por inexperiencia cedí en un montón de cosas en las que no debería haber cedido, como el propio título. (Yo quería que se llamara “Los durmientes”).
Hubo estupideces mías a la hora de hacer los acuerdos que derivaron en que nos robaran todos los derechos de las ventas internacionales. Económicamente fue un desastre, invertimos dólares y cobramos menos que pesos devaluados. Pude trabajar muy poco con los actores. Pero fueron proyectos tan distintos que no sé decirte cuáles fueron los aprendizajes aplicados.
En El ingeniero, el hecho de que los personajes estuvieran tan vivos en mi cabeza me ayudó mucho y creo que pasará a ser un tema importante para mí de ahora en adelante.

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