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La garrafa fue lanzada desde la parte más alta de la Amsterdam y golpeó a un policía

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A cinco años del clásico de la garrafa: un antes y un después en el fútbol uruguayo

Hace cinco años el fútbol uruguayo sufría uno de los peores días de violencia cuando una garrafa fue lanzada desde la tribuna de Peñarol a la Policía: ¿qué ocurrió ese día y qué fue lo que cambió?

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30 de noviembre de 2021 a las 12:28

A la misma hora que el último sábado el Estadio Centenario era una fiesta de nivel mundial por la final única de la Copa Libertadores, cinco años atrás el fútbol uruguayo se hundía en sus peores horas de violencia en el día del clásico de la garrafa.

Un clásico Nacional-Peñarol por el Campeonato Uruguayo Especial 2016, que nunca comenzaría (ni se jugaría y se resolvería en los tribunales con triunfo para Nacional), fue suspendido luego que, en medio del caos que se vivía en la tribuna Ámsterdam, donde los parciales aurinegros se enfrentaban a la Policía, un hincha lanzó una garrafa desde la parte superior de la cabecera del estadio y lesionó a un integrante del cuerpo.

La tapa de El Observador ese día

Entonces, el fútbol uruguayo tuvo un antes y un después. Por estos días, la violencia dentro de los estadios erradicada y la "lista negra" (que en estos momentos incluye a 907 personas) es garante de contención para los violentos.

Esto ocurría el sábado 27 de noviembre de 2016 en la tribuna Ámsterdam del Estadio Centenario:

La garrafa llega al suelo e impacta en un perro de la policía y en un funcionario

Esto ocurría el sábado 27 de noviembre de 2021 en la misma tribuna del Estadio Centenario:

Sábado 27 de noviembre de 2021, final de la Libertadores, el estadio es una fiesta

¿Qué sucedió un mes antes del espisodio de la garrafa?

En un pormenorizado relato en primera persona en su libro El fútbol y mi verdad, de editorial Planeta, el expresidente Wilmar Valdez contó con detalles la forma en que vivió una de sus peores experiencias en el fútbol uruguayo, la que resume con una anécdota que hoy puede generar una mueca de sonrisa pero que cinco años atrás despertó inquietud.

Domingo 23 de octubre de 2016. Como cada fin de semana estaba con el corazón en la boca por la violencia en los estadios y los incidentes, que nos mantenían en medio de un polvorín.

Recuerdo que ese día venía de afuera, escuchando la radio, como lo hacía siempre, porque estaba metido 100% en el fútbol nuestro. Era muy importante para mí.

Estaban en el entretiempo de Peñarol y Rampla Juniors cuando comienzan a comentar que había un herido de bala en el Estadio Centenario. Ya había hablado con Rafa Fernández, vicepresidente de la AUF en ese momento, quien me contó todo lo que había sucedido y le dije que no se podía seguir jugando con un herido en la tribuna.

Mientras tanto, en la radio la manija con el tema era terrible. No era para menos. En un momento, además de toda esa catarata de comentarios y opiniones vertidas en los medios, uno de los periodistas dice: “Valdez tiene que suspender, Valdez tiene que suspender el fútbol”.

Estaba tratando de solucionar el tema, pero el enojo fue tal al escuchar el comentario, que tomé el teléfono y llamé al periodista y le dije: “¿Qué te creés, que estoy durmiendo la siesta? El partido se va a suspender”. Si eso sucediera hoy, con las experiencias que viví, no lo llamaría, pero en ese momento la presión era tal que reaccioné automáticamente y llamé al periodista”.

Ese encuentro de la novena fecha del Uruguayo Especial se suspendió y el tribunal declaró ganador a Rampla sobre Peñarol.

El tema de seguridad fue uno de los cuatro pilares de la gestión de Valdez en la AUF, a la que llegó en abril de 2014 y de la que se alejó cuatro años después, en agosto 2018.

También fue un asunto central para la Secretaría Nacional del Deporte, en ese momento encabezada por Fernando Cácereres, que impulsó la transformación que finalmente ocurrió y que generó un nuevo orden para el fútbol uruguayo.

Wilmar Valdez presidió la AUF en aquellos días de violencia extrema

El expresidente lo asumió como un asunto clave en su administración, ya que había sido un detonante para la salida de Bauzá.

Debíamos resolverlo. Estaba convencido de que había que solucionarlo. Siempre entendí, desde la época de dirigente de Rentistas, que el fútbol tenía un grado de responsabilidad por lo que sucedía en las canchas en cuanto a la violencia, sin perder de vista que la autoridad pública, el gobierno, la policía siempre serán los máximos responsables en materia de seguridad. Un poder que no se puede sustituir. ¿Por qué? Desde mi punto de vista, el fútbol podía hacer más de lo que estaba realizando y el asunto de fondo pasaba por dejar de echarse culpas, del gobierno al fútbol, del fútbol al gobierno. Cada uno debía cumplir su función. Había leído bastante acerca de otros países que sufrieron el problema y que lograron solucionarlo. Sobre todo, me había interiorizado de los casos de España e Inglaterra. En ambos países, el Estado había cumplido un papel preponderante de liderazgo en la solución del problema, pero también con una ineludible y firme colaboración de los actores del fútbol.

Cómo empezaron a procesar los cambios

Al otro día de la salida de Bauzá, el 31 de marzo de 2014, se produjo una reunión del presidente de la República, José Mujica, con los presidentes de todos los clubes de Primera División de la AUF y el compromiso de todos de votar el nuevo código disciplinario.

En ese momento el fútbol uruguayo estaba envuelto en una situación política extrema y en un punto crítico en torno a la violencia. No había marcha atrás, porque fue el compromiso que los clubes asumieron con el Presidente de la República.

Así lo sigue relatando Valdez:

De alguna forma, en aquella ocasión se empezaba a cercar a los violentos, rivales directos del desarrollo del fútbol local, en donde la violencia había corrido a las familias de las canchas. A los pocos días de haber asumido tuve una reunión con el subsecretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, quien me recordó los dos compromisos que habían asumido Bauzá y los presidentes de los clubes con el gobierno. La verdad no participé de esa reunión, pero cada vez que me juntaba con las autoridades del Ministerio del Interior, me lo recordaban con énfasis. 

El primer punto era la colocación de las cámaras de reconocimiento facial. Esto era innegociable para el gobierno. Segundo, aprobar el nuevo código disciplinario que incluía la polémica responsabilidad objetiva de los clubes frente a los episodios de violencia.

Fue así que se llamó a un proceso licitatorio.

Comenzamos a trabajar este tema inmediatamente apenas asumimos el gobierno de la AUF.

El primer llamado a precios se declaró desierto. Era imposible para el fútbol afrontar la inversión en función del sistema que rondaba en los US$ 5.000.000.

El Ministerio del Interior entendía que el fútbol debía pagar y asumir el costo total de la instalación de las cámaras, como ocurrió en definitiva.

Este punto fue de mucha discusión con los clubes, que en realidad tenían parte de razón, por eso propusimos compartir la inversión.

El ministerio fue inflexible siempre en este punto.

En su libro, Valdez contó todos los detalles de lo que ocurrió y cómo cambió la AUF tras la instalación de las cámaras de seguridad

En medio de aquella situación crítica, en agosto de 2016, Río de Janeiro era sede de los Juegos Olímpicos y Valdez viajó hacia esa ciudad. No lo hizo en tren de paseo sino para reunirse con el presidente de FIFA, Gianni Infantino, con quien le unía una buena relación debido a que había alcanzado la presidencia con el impulso que dio la AUF a su candidatura.

Sin comprometerlo y sin pasar por encima de ninguna norma, le explicamos la situación que vivía Uruguay en torno al tema violencia y le pedimos, que en lo que estuviera a su alcance, hiciera todo lo posible para asistir a la AUF con los fondos de FIFA para proyectos de desarrollo.

Apenas tuvieron el visto bueno de Infantino, regresó a Montevideo.

Si habrán sido difíciles aquellos días, que estábamos invitados a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río 2016, y desistimos de la invitación. Nos volvimos de inmediato (a Montevideo). Lo importante era resolver el tema de la seguridad y conseguir los recursos necesarios para las cámaras de reconocimiento facial.

"Hoy me permito decir que fue un antes y un después la colocación de este sistema. Es una de las satisfacciones que tengo. Esta tecnología fue clave para filtrar el ingreso de violentos a los estadios. Se tomó más conciencia y compromiso en los clubes, especialmente en Nacional y Peñarol, quienes colocaron a su costo en sus estadios, el mismo sistema" (Wilmar Valdez, expresidente de la AUF)

El fútbol estaba envuelto en un profundo caos.

El 15 de agosto de 2016, con la presión del fútbol suspendido por tiempo indefinido, firmamos un convenio con el Ministerio del Interior. Presentamos un cronograma detallado de acciones tendientes a la instalación del sistema de videovigilancia y control de acceso por reconocimiento facial en el Estadio Centenario. De esa forma lográbamos comprometernos definitivamente e iniciar la actividad deportiva.

Así comenzaba el Uruguayo Especial 2016.

El triste domingo del clásico de la garrafa

Así lo relató Valdez con detalles que no se conocían:

Era domingo 27 de noviembre de 2016, de tarde. Nacional y Peñarol jugaban por el Campeonato Uruguayo Especial. Durante la semana hablamos con Luis Gallo, integrante de la Comisión de Deportes del Parlamento, para ir juntos al partido. Gallo se había preocupado y ocupado del tema y tuvimos varias reuniones.

Me pasó a buscar por casa. Llegamos al Estadio y observé un clima raro, con poca gente en los alrededores.

Ingresamos y nos fuimos al palco. Nos sentamos, y a los 10 minutos de haber llegado me llama Jorge Vázquez para comentarme información que manejaban, que venía una turba para el Estadio.

Aquel día, como apasionado del fútbol, viví una de las experiencias más desagradables en ese período.

Antes que tiraran la garrafa desde la tribuna sabía que algo iba a pasar. Desconocíamos cuál era el nivel de violencia que se iba a registrar, pero presentíamos que algo iba a suceder.

La tapa del libro publicado este año, en el que Valdez relata su historia en el fútbol

En esa comunicación por teléfono, Vázquez me pidió que suspendiera el partido. Le dije que no, que se podía suspender y que solo los jueces lo podían suspender en la cancha si entendían que no se daban las garantías.

Enseguida bajé al vestuario de los árbitros y en unos instantes pasó de todo.

Fue un cúmulo de episodios y situaciones que marcaron aquellos minutos de violencia en niveles impensados para el fútbol uruguayo.

El estadio parecía un campo de guerra. El Jefe de Policía me decía, ‘vamos a dar las garantías para jugar, entramos a la Ámsterdam y desalojamos la tribuna’.

Recuerdo que, de solo imaginar ese escenario, con la Policía entrando a desalojar la tribuna, visualizaba lo peor.

Entonces hablé con los árbitros, capitanes y delegados, y estaba claro que no estaban la garantías. Era imposible jugar en ese clima.

Finalmente, en ese momento, con criterio y sentido común el juez del partido decidió la suspensión del clásico del Campeonato Uruguayo Especial.

Aquel clásico no se jugó. Se suspendió. Pasó a tribunales y fue declarado ganador Nacional, quien se consagraría campeón del Uruguayo.

Lo que sucedió hace cinco años cambiaría para siempre las tribunas del fútbol uruguayo.

La nueva normalidad en el fútbol

A partir del episodio de la garrafa, la AUF avanzó en tres aspectos claves y se observaron inmediatamente los resultados:

1) Profesionalización de la seguridad en el fútbol. En enero de 2017 la AUF contrató a Rafael Peña, quien hasta diciembre de 2016 había trabajado en Buenos Aires como jefe de Interpol para toda Latinoamérica y se había retirado de esa función. Peña continúa en la Asociación.

2) Las cámaras y el reconocimiento facial como soporte para identificar a los violentos del fútbol, en caso de incidentes, e impedir su ingreso a los estadios. Saber quiénes son todos los que acceden al fútbol se transformó en un asunto clave. Desde que se instaló este sistema todos los que ingresan a un estadio están registrados con nombre y documento de identidad.

3) La "lista negra". Un elemento clave para evitar que los violentos ingresaran al fútbol.

4) Desde que está en marcha este proceso se registró solo un episodio de violencia dentro de los estadios en el fútbol profesional, en mayo de 2017 en un clásico Rampla-Cerro. El tribunal les aplicó sanciones a los dos clubes.

Desde entonces, las cámaras de seguridad que están instaladas en el Estadio Centenario, Gran Parque Central, Campeón del Siglo y en equipos móviles que recorren el país le dieron al fútbol uruguayo un marco de seguridad tal que impide que los violentos ingresen a los estadios. Y si acceden y cometen delitos, pasan a engrosar la "lista negra".

En estos momentos, son 907 personas las que integran la lista de quienes no pueden ingresar a las canchas.

En febrero de 2017, cuando Peña llegó a la AUF, había 94 en la lista negra. En enero de 2018 la integraban más de 400 personas. En agosto del 2019, 631. En setiembre de este año, 735 personas.

También el gobierno reglamentó la duración de la sanción que hasta el año pasado no tenía límites, y quienes ingresaban a la lista no salían más. El decreto establece que la inclusión en las "listas negras" será de hasta 15 años para aquellos casos en los que se pruebe una infracción “gravísima”, o por el período que determine la Justicia en caso de una sanción penal.

Además, desde este año está trabajando una comisión técnica para inhabilitados. Se trata de dos exmagistrados y un profesor grado 5 de derecho, quienes analizan cada caso y resuelven el tiempo en el que permanecerán en la "lista negra".

¿Quiénes integran el equipo de seguridad de la AUF actualmente? Lo componen Peña y Gustavo Mariosa, quienes trabajan con un equipo más amplio que integran tres delegados honorarios y 15 oficiales de seguridad, también honorarios.

El equipo de seguridad que encabeza Peña comenzó a trabajar el 1° de febrero de 2017 exclusivamente con el fútbol profesional. Tras el episodio que ocurrió en juveniles, cuando fue baleado el entrenador de Rampla de ese momento, Luis "Ronco" López, en mayo de 2017, la comisión de seguridad se encargó de todos los deportes que tiene la AUF, profesional, amateur, juvenil y otras disciplinas, como futsal y fútbol playa. También se hizo cargo de la selección desde 2018.

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