5 de julio 2019 - 15:03hs

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En esta nueva edición de la newsletter Decisión 2019, exclusiva para suscriptores Member, te compartiré las conclusiones que dejó el domingo de internas y un análisis sobre los gestos posteriores de los candidatos y los partidos.

 

Si el domingo el FA terminó herido, en la semana se complicó más

Con las urnas recién abiertas, el domingo de noche escribí una primera impresión sobre el resultado electoral: Las internas dejaron el peor escenario para el Frente Amplio (FA).  Pasaron las horas y lejos de empezar a revertir esta situación el oficialismo se enredó aún más.

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A ese debilitamiento del arco socialdemócrata del FA se le agrega la victoria de Ernesto Talvi, que le suma al bloque opositor de blancos y colorados una figura con más chances de robar votos entre los desencantados de la coalición oficialista que si el candidato fuera Julio María Sanguinetti.

Para completar el cuadro negativo para la izquierda, Luis Lacalle Pou logró resolver rápido las diferencias internas y selló una fórmula paritaria en la misma noche de la elección.

Si tengo que definir con emojis cómo quedó la dirigencia frenteamplista con el resultado de las internas, elijo estos:

Con el paso de las horas se podía esperar una reacción ágil del FA. Pero no. En primer lugar la autocrítica nunca llegó. Por el contrario, se pudo ver al presidente del FA, Javier Miranda, casi que culpando a los votantes por el resultado.

Y la semana solo empeoró.  

¿No sabía que iba a ganar la interna?

Martínez empezó una ronda de contactos para definir la vicepresidencia. Hasta ahí todo bien. Era una buena señal para la izquierda que su flamante candidato escuchara a los dirigentes históricos y a todos los sectores. Pero con el correr de las horas se metió en un sainete que lo único que hace es pintar la imagen de un líder errático.

Fue dilatando la decisión, con una fecha límite de hoy autoimpuesta por el inicio de sus vacaciones, que lo único que hizo fue agregarle presión. Vetó a Cosse, especuló con promover a un hombre, enfureció a las feministas y le propuso el cargo a dos mujeres desconocidas para la gran mayoría de los votantes. Para peor, se expuso a que una de ellas le dijera que no, luego que todo el país ya sabía de la propuesta.

La imagen que deja Martínez con esta movida es la de la improvisación. ¿El candidato oficialista no sabía que iba a ganar las internas? ¿No pensó en un plan A, en un B y en un C? El escenario que se concretó fue el más previsible: ganó él, con una diferencia que le permite decidir con libertad y con el orden de precandidatos que habían previsto las encuestas. Aún así, Martínez empezó la semana sin tener claro a quién quería para la vice. O al menos eso fue lo que transmitió.

 

Cómo salir de acá: la idea de volver a un símil del Encuentro Progresista

El FA deberá dedicar tiempo a analizar cómo llegó a esta situación, que tuvo un resultado negativo pese a que hasta la elección la dirigencia creyó que estaba llevando a cabo una buena campaña hacia junio, por lo unitaria y tranquila. La realidad es que ese estilo de campaña es aburrido y no motiva a nadie. 

Y si al menos esa unidad le hubiese ahorrado todos los problemas posteriores para el armado de la fórmula se podría justificar la falta de “sex appeal”. Pero no. 

Lo único bueno que deja todo este episodio para el FA es que por primera vez ven una posible derrota muy cerca y eso los puede obligar a realizar cambios fuertes. La mayoría de los dirigentes oficialistas con los que hablé en estos días se mostró extremadamente preocupado.

Por ahora, la única idea que empieza a asomar es la de formar un nuevo polo “progresista” que sirva para captar o retener a votantes que hoy están más lejos que cerca del FA. En 1994 crearon el Encuentro Progresista como puerta de entrada a figuras de los partidos tradicionales; ahora en la izquierda empiezan a pensar en algo similar. El lema seguirá siendo el Frente Amplio, pero si uno escucha y lee entre líneas las declaraciones de Martínez, Miranda y otros tantos dirigentes en las últimas horas, detecta que la palabra “progresista” se repite.

Todos saben que ahora, si no quieren perder, deben poner toda la carne en el asador. Por eso Mujica, que hace algunos meses renunció a su banca y dijo que se retiraba de la política, prepara su retorno. No solo para hacer campaña, sino también para encabezar la lista al Senado del MPP y asumir la banca.

 

Lacalle Pou y sus movimientos de ajedrez

Lacalle Pou hizo todo lo contrario que Martínez. El día antes de las elecciones cerró un preacuerdo con sus rivales, contemplando diferentes tipos de escenarios: victoria con amplio margen (como finalmente consiguió), con un resultado más cercano o incluso con diferente orden entre sus rivales.

El domingo no tuvo más que esperar los resultados para ejecutar lo que había conversado.  Esa es una práctica habitual en el líder blanco: como si fuera un ajedrez, analiza cada movida, la repercusión que puede tener y se plantea escenarios de cómo resolver ese tema. 

En el FA muchos quedaron impactados con cómo se movió y lo bien que le salió la jugada.

Es que además, luego de la elección, pudo dedicarse a articular en dos sentidos: por un lado la interna blanca y por otro los contactos con el bloque antifrentista. Para ese último punto, movió rápido la misma noche de las elecciones. Llamó a todos los ganadores y además lo hizo público en su discurso. Así se posicionó como líder de la oposición, algo que de todas formas le traerá algunos desafíos adicionales, como bien reseñó Martín Natalevich en esta nota.

En esta semana, antes de irse de vacaciones desde el próximo lunes, también consolidó sus vínculos con Larrañaga y el grupo de los intendentes. El candidato necesita generar la confianza suficiente en sus compañeros de partido –sobre todo luego de haber elegido como candidata a vice a alguien de su propio sector– de que hacia las legislativas de octubre trabajará con ecuanimidad y sin favorecer a las listas que respaldaron su candidatura en la interna.

 

Por más que lo tapen, el sartorismo será una piedra en el zapato: ahora dice que un gobierno de Lacalle "traerá más crisis"

Ahora Lacalle tiene el desafío de mantenerse en esa racha positiva. Pero para eso tendrá un desafío grande: evaluar los movimientos de Juan Sartori –que ya anunció que se quedará y será candidato al Senado– y analizar qué hacer con él.

Por lo bajo hay dirigentes blancos que pretenden que el PN se lo saque de arriba. Esa decisión radical no está planteada como un escenario posible. Ni siquiera los dirigentes que más lo enfrentaron al comienzo –y que incluso plantearon impedirle presentarse por el lema– hoy están afines a eso.

Pero cualquier movimiento con Sartori tiene sus costos.

Las primeras señales no son positivas para los blancos. El mano derecha del millonario, Óscar Costa, declaró en esta nota  esta semana que las medidas que propone Lacalle Pou “van a traer más crisis económica”. 

¿Cómo van a salir a conseguir votos desde el sartorismo para un candidato que creen que va a generar crisis? La respuesta de Costa es que ellos van a procurar tener un Senado fuerte, para proyectarse hacia 2024. Acá, el audio completo del diálogo de Costa con el periodista Guillermo Losa

Por ahora los blancos de Lacalle Pou no reaccionaron. A medida que avance la campaña y si en el comando de Sartori siguen expresándose en este tono, el problema se renovará. 

El millonario recién llegado a la política incluso es un problema que no solo puede traer dolores de cabeza pensando en octubre. Si finalmente la oposición gana el balotaje en noviembre, hay grandes riesgos de que la bancada rebelde del PN sea la del sartorismo. Por eso urge que Lacalle Pou resuelva temprano este asunto.

La mejor imagen de la situación que enfrentan los blancos con Sartori la dio Nelson Fernández en una columna publicada el lunes: “Es el borracho de un casamiento que puede estropear la fiesta”. Si lo echan del salón seguro será un lío que generará problemas. Si lo dejan libre, estarán todo el tiempo con el jesús en la boca esperando una situación complicada. Y, para peor, no confían ni en él ni en su entorno como para realizar un pacto que los deje tranquilos.

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