El asalto al supermercado de la avenida Rivera y Luis Alberto de Herrera, tuvo cinco protagonistas: dos delincuentes, la cajera del comercio, el responsable de la Unidad de Respuesta de la Policía de Montevideo de la zona II, Álvaro García, y un taxista.
Mientras la cajera fue quien terminó siendo tomada de rehén por uno de los delincuentes, el policía estuvo encargado de negociar con ese ladrón pero, al mismo tiempo, el taxista permitió que el otro delincuente, un menor de edad, fuera capturado. A continuación el relato de cada uno de ellos, reconstruido por El Observador.
Le apoyó el arma en la sien, en la nuca y en toda la cabeza
"Esto es un asalto, dame toda la plata". A la cajera del supermercado le empezaron a apuntar con un revólver apenas le dijeron esas palabras. Estaba sola atendiendo y vio entrar a los dos ladrones con armas en la mano. El que la apuntó y le pidió el dinero era el menor de 17 años. Sin dudarlo, le entregó toda la plata de la caja, que no sumaba más de $ 4.000.
Le preguntó por los cigarrillos y le pidió que le abriera la vitrina con las bebidas alcohólicas de la que se robó dos whiskies 12 años, que metió en su mochila. Luego la obligó a que abriera el cofre de seguridad, del que tomó unos $ 30 mil y la apuró temiendo que llegara la Policía.
Según el testimonio de la mujer a la policía, fue el ladrón de 17 años quien le avisó a su compañero que estaban rodeados y salió haciéndose el inocente, pero lo atraparon.
También declaró que el mayor la agarró por el cuello y le apoyó el arma en la sien, en la nuca, en toda la cabeza. Salió con ella pidiendo a la Policía que liberara a su compañero y que le trajeran un auto, algo a lo que obedecieron. Con el auto delante, un policía apareció por detrás y le apuntó al delincuente, que soltó a la rehén. La cajera se agachó, salió corriendo a esconderse detrás de un árbol y fue asistida por policías que la llevaron a un centro de salud para un chequeo general.
El ladrón del pompón rojo registrado por las cámaras
El ideólogo del robo al supermercado, que fue quien tomó a una empleada de rehén, estaba identificado por la Policía desde hacía un tiempo. La clave parareconocerlo fue su atuendo: en todas las rapiñas con las que lo vinculan aparece en las cámaras de seguridad con un gorro rojo con un pompón. De hecho, cuando lo detuvieron reconoció haber participado de otro robo a un comercio de Pocitos, por el que la Justicia también lo está indagando. La Policía tiene la certeza de que en las últimas semanas fue el responsable de cuatro rapiñas más, según supo El Observador. Este miércoles le ofreció a su compañero "hacer" unos pesos, se tomaron un ómnibus que los dejó por Parque Batlle y fueron en taxi hasta Rivera y Luis Alberto de Herrera. Caminaron una cuadra de más, cruzaron a la acera del supermercado y entraron. Sacó su arma de la cintura y apuntó a la cajera pidiéndole la plata, mientras su compañero controlando a los siete clientes que hacían la fila a quienes los obligó a ir al fondo del local. El hombre dijo que el arma era de él y que la había comprado antes de ser procesado en 2014 por una rapiña.
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De jefe a negociador
El curso que el comisario Álvaro García tomó años atrás sobre rescate de rehenes debió ser puesto en práctica de un momento para otro. El miércoles por la noche le notificaron que en avenida Rivera y Luis Alberto de Herrera había un asalto y debió acudir como jefe de la Unidad de Respuesta de la Policía de Montevideo de la zona II, que abarca entre otros barrios a Pocitos. Cuando García llegó al lugar debió empezar a negociar con uno de los delincuentes, a quien le ofreció su auto, que es en realidad del Ministerio del Interior y está georeferenciado. El primer pedido del ladrón había sido tomarse un taxi, pero hacerlo implicaba poner a otra persona en riego. García contó en conferencia de prensa que fue "una experiencia nueva" el haberse estrenado como negociador.
Una pieza clave en el operativo
Sobre la hora 20 del miércoles, un taxista se encontraba en la avenida Luis Alberto de Herrera, casi en la entrada del Montevideo Shopping cuando vio que un joven corría por la vereda. Cruzó por delante del taxi y se subió atrás. Agitado, le pidió que lo llevara al Cerro. Otro hombre se acercó y le gritó que no moviera el auto porque era un ladrón. El taxista trancó las puertas para que no pudiera salir. Con el delincuente atrapado, llamó al 911. En tres minutos aparecieron patrulleros que detuvieron al delincuente. El taxista dijo a la Policía que el joven lloraba, y pegaba patadas a la puerta para que abriera, relataron a El Observador fuentes vinculadas al caso.