Nacional > Herederos del poder

El tercer hijo que imita a su padre y llega a la Presidencia en más de 100 años

Luis Lacalle Pou es el tercer mandatario cuyo padre también fue presidente

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25 de noviembre de 2019 a las 05:01

Hasta este domingo Uruguay había tenido dos presidentes hijos de presidentes. En el derrotero del primero hubo batallas épicas, batidas a duelo y el impulso de leyes  que marcaron a fuego la historia del país.  Más cerca en el tiempo, el otro fue proscripto, atravesó una crisis y tomó decisiones importantes para salir de ella. El tercero asume el 1º de marzo y no tiene tanta experiencia política como los otros dos. Pero se conocen algunas historias suyas, como una pelea en el Palacio Legislativo, su primer discurso tembloroso sobre un estrado y una postura actual sólida frente a sus contrincantes. 

Pasó más de un siglo para que Uruguay tuviera tres presidentes hijos de presidentes. El primero fue José Batlle y Ordóñez. Hijo del general Lorenzo Battle —mandatario entre 1868 y 1872—, estuvo al frente del gobierno en dos períodos. La primera vez entre 1903 y 1907 y la segunda entre 1911 y 1915 . 

El 16 de junio de 1886 fundó el diario El Día y desde sus páginas lanzó furiosas críticas contra Máximo Santos. Antes de llegar a la Presidencia estuvo algunas veces preso por razones políticas. 

Resultó electo en 1903 con el apoyo del sector nacionalista disidente que respondía a Eduardo Acevedo Díaz. En 1904 comandó personalmente al Ejército para enfrentar a los blancos en la batalla de Masoller, en la que fue mortalmente herido el caudillo Aparicio Saravia. El triunfo terminó de consolidarlo como líder colorado. 

En ese mandato abolió la pena de muerte y  defendió un proyecto —que luego fue aprobado— para legalizar el divorcio. En 1906 ordenó la prisión de Luis Alberto de Herrera, que era legislador en ese momento. Al finalizar su primer gobierno realizó un viaje a Egipto y modernizó el diario El Día. 

El 1° de marzo de 1911 el Parlamento lo eligió nuevamente presidente. Y ese fue uno de los mandatos más recordados de la historia. Ideó la ley de ocho horas de trabajo, las pensiones a la vejez, decidió crear monopolios estatales (UTE y AFE, por ejemplo) e incrementó los impuestos a la propiedad de la tierra, entre muchas otras acciones. 

Uno de sus objetivos fue que los ricos fueran menos ricos para que los pobres fueran menos pobres. “Es necesario que los pobres vivan mejor, que sean felices, que no tengan para ellos solamente la tarea, en tanto para los demás queda el bienestar. Eso es lo que deben hacer los gobiernos”, decía. 
Luego de su presidencia se batió a duelo de pistola con referentes del Partido Nacional.

El batllista de la crisis

El segundo caso fue el de Jorge Batlle Ibáñez, hijo de Luis Batlle Berres (presidente entre 1947 y 1951). En 1968 fue acusado de beneficiarse al haber accedido a información confidencial sobre una próxima devaluación del peso uruguayo. 

La “infidencia”, como se conoce ese hecho, nunca pudo corroborarse. Pero tuvo derivaciones y por eso se batió a duelo con sable con Manuel Flores Mora en noviembre de 1970. Se candidateó como presidente para las elecciones de 1971, pero fue derrotado por Juan María Bordaberry. 

Estuvo dos meses preso en 1972 tras ser procesado por la justicia militar por haber atacado moralmente al Ejército. Había denunciado que algunos militares hacían investigaciones ilegales que buscaban perjudicarlo. 

En 1976, durante la dictadura, fue proscripto. Apoyó a Julio María Sanguinetti en las elecciones internas de 1982 y fue desproscripto al año siguiente. En el balotaje del 28 de noviembre de 1999 fue elegido presidente. Ese fue su quinto intento para llegar a máximo mandatario. 

Su gobierno, entre 2000 y 2005, fue tormentoso. En 2001 se detectó la aparición de aftosa que le quitó estatus sanitario a Uruguay. 
En 2002 llegó la crisis económica. Los argentinos comenzaron a retirar en masa sus depósitos en los bancos uruguayos y se generó una corrida. Con el sistema tecleando se dispuso de un feriado bancario el 30 de julio de 2002 y se reprogramó la devolución de depósitos. 

Batlle logró sortear la quiebra del sistema bancario con un crédito de US$ 1.500 millones otorgado por el Tesoro de Estados Unidos. Eso pudo conseguirse por la relación cercana que tenía con el presidente George W. Bush. Al año siguiente la economía comenzó a recuperarse. 

Dejó frases célebres, como “We’re fantastic” o la consideración de que los argentinos eran “una manga de ladrones del primero al último”. 

Vuelta al herrerismo 

Ahora le llegó el turno a Luis Lacalle Pou, hijo de Luis Alberto Lacalle, presidente entre 1990 y 1995, y bisnieto de Luis Alberto de Herrera. 
Recuerda que su primer discurso político realizado en la década de 1990 en Bella Unión fue corto y malo.

Entrevistado en el ciclo De Cerca, indicó que su padre no le había dicho que debería hacerlo. “Me arruinó el día”, sostuvo. “Habló otro antes que era muy alto. El micrófono me había quedado muy arriba. Hablé y un loco del fondo me dice: ‘No se escucha’. ‘¿Qué querés que haga si soy petiso’, le dije”, relató.

Su carrera parlamentaria comenzó en 1999, cuando fue elegido diputado. En 2007 durante una sesión parlamentaria se agarró a trompadas con legisladores frenteamplistas luego que Juan José Domínguez le dijera “oligarca puto”. 

Permaneció en Diputados hasta 2014. En esa elección fue el candidato a presidente por el Partido Nacional y perdió con Tabaré Vázquez. Entonces, asumió como senador. Para esta campaña se preparó fuerte y resistió embates de sus contendientes. Respondió todas las preguntas, hasta las más íntimas. Reconoció haber consumido drogas y habló de todas las inyecciones que le dieron de niño por problemas de salud. 

Uno de los momentos en que se mostró más enfático fue cuando en una entrevista televisiva le preguntaron por su padre y su conducta ética. “Puedo ser distinto a mi viejo en muchas cosas. Ahora en tema de moral y de ética la fruta cae cerca del árbol”, dijo en el programa Santo y seña. “¿Sos como él?”, le preguntó el periodista. “Sí y con mucho orgullo. Si hay alguna duda sobre la moral de Lacalle yo soy igual a mi viejo”, remarcó.

Luis Alberto Lacalle estuvo por fuera de la campaña para las elecciones, algo acordado con su hijo. No apareció en público, no hizo declaraciones de ningún tipo. Este domingo sí habló. Pocos minutos antes de la hora 17 llegó en una camioneta blanca al Liceo Monseñor Isasa, de la calle Alejo Rosell y Rius para votar en el circuito 519. Antes de colocar el voto en la urna le dio un beso al sobre.

“Se imaginan que para mí no es un voto cualquiera. Es una ocasión impactante para mí y Julita. Hoy le hemos dado el sufragio a un gran ciudadano, por encima del parentesco. Alguien que se lo ha ganado en buena ley; sabio, prudente, patriota”, dijo luego a la prensa. Comentó que no habló ese día con su hijo; la última comunicación había sido el viernes. El  tono de la conversación no fue político, fue familiar. 

“Hemos mantenido una ausencia durante este campaña. Consejos no doy; a veces hago alguna sugerencia”, expresó. Aprovechó para bromear sobre su figura política. “Cuando empecé era el nieto de Luis Alberto de Herrera. Después fui el marido de Julita y ahora soy el padre de Luis”, expresó entre sonrisas. 

Admitió estar alejado de la vida política. “Son tiempos distintos. Una cosa es Luis Lacalle Pou, que tiene su propia vida, sus propias virtudes, su propio perfil, y otra cosa somos los que ya estamos afuera de la cancha”, sostuvo. 

Luis Lacalle Pou es el tercer presidente hijo de presidente. Las historias de los anteriores, los batllistas, son conocidas y algunas hasta figuran en páginas de libros ya amarillentas por los años. La suya comienza a escribirse desde este lunes.

(Con material histórico proporcionado por Miguel Arregui). 

 

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