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Expertos rechazan la exaltación del suicidio de Abdón Porte

El futbolista de Nacional se pegó un tiro hace 100 años luego de perder la titularidad en el equipo

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10 de marzo de 2018 a las 05:00

Después de entregar a Jesús, Judas se colgó de una higuera sumando a la traición más famosa de la historia un suicidio que lo maldijo en la memoria de los hombres y lo expulsó del cielo de los cristianos.
El martirio de Salvador Allende en Chile y el de Baltasar Brum en Uruguay, quienes decidieron terminar con sus vidas para que la sangre salpicara a los golpistas militares, son recordados como actos heroicos.

Desde la literatura, el veneno y el puñal de Romeo y Julieta han alimentado el imaginario de generaciones de enamorados.

Todo suicidio es triste, pero sus motivos, al menos los aparentes, despiertan emociones diversas según la perspectiva de los observadores que le sobreviven.

En el mundillo futbolero uruguayo, y especialmente entre los hinchas de Nacional, pervive la leyenda trágica de Abdón Porte, un mediocampista que el 5 de marzo de 1918 decidió pegarse un tiro en la mitad de la cancha del Parque Central como muestra de protesta y abatimiento ante la noticia de que, tras una lesión, dejaría de ser titular en el equipo.

"Usted sabe por qué hago esto ¡Viva el Club Nacional! Yo doy mi sangre por todos mis compañeros, ahora y siempre el club gigante. Nacional, aunque en polvo convertido y en polvo siempre amante, no olvidaré un instante lo mucho que te he querido. Adiós para siempre", decía la carta que Porte, de 25 años, le dejó al por entonces presidente del club.

Desde entonces, Nacional recuerda el suicidio de Porte como un acto supremo de amor por la camiseta. Una de las tribunas del Parque Central lleva el nombre del mediocampista, y una bandera perpetua cuelga desde el cemento con la leyenda "Por la sangre de Abdón".

En este 2018 se cumplieron 100 años de aquel hecho y los tricolores lo recordaron especialmente. En uno de sus últimos partidos, el equipo lució una camiseta roja, en cuya espalda destacaba un número 100 con el rostro del ilustre suicida.

Un video institucional fue grabado para la ocasión con fotos del jugador y una voz en off que termina diciendo "gloria, fama y honores se le prodigaron y la hinchada lo alzó como su máximo ídolo coreando su nombre; y una vez que entró en su decadencia, quiso brindarse, cómo póstuma ofrenda, cayendo en el campo mismo de sus hazañas".

Pero la glorificación de la decisión de Porte, particularmente en un país signado por una brutal tasa de suicidios, no es del gusto general. Psicólogos, psiquiatras y sociólogos especialistas en autoeliminaciones no entienden tamaña exaltación de la sangre derramada por un futbolista que empezó a llegar tarde a la pelota.

Color sangre

La psicóloga Silvia Peláez, directora de la ONG de prevención del suicidio Último Recurso, dijo a El Observador que la decisión de Porte inspiró talleres realizados por esa institución en barrios de Montevideo. Y consideró que habría que tener cuidado cuando se recuerda aquel episodio.
"Hay que cuidar el mensaje y criticar activamente el suicidio sin estigmatizar al que se suicida. Hay que transmitir que existen otras formas de expresar el amor y el compromiso por una camiseta, por un proyecto o por lo que sea", dijo Peláez.

"Esa bandera que dice "Por la sangre de Abdón" puede ser entendida como que está bueno poner la sangre (para defender una camiseta de fútbol). Y ese mensaje no es adecuado", sostuvo Peláez e insistió en la necesidad de no dar ningún mensaje que empuje a la emulación del suicidio. La glorificación de la decisión de Porte, particularmente en un país signado por una brutal tasa de suicidios, no es del gusto general. Psicólogos, psiquiatras y sociólogos especialistas en autoeliminaciones no entienden tamaña exaltación de la sangre derramada por un futbolista que empezó a llegar tarde a la pelota.

Por su lado, el sociólogo Víctor González, que integra el Grupo de Comprensión y Prevención de la Conducta Suicida de la Faculta de Ciencias Sociales, dijo que es una decisión "válida y racional" la de quitarse la vida en ciertos casos como el de un enfermo terminal o en el de aquellos que no tienen autonomía física aunque es necesario tender redes para que no lleguen a esos extremos.

Acerca del caso particular de Porte, González no cree que se modifique la tendencia de los suicidios a través de un fenómeno de imitación de su conducta, pero advirtió que "se debe tener cuidado con esos mensajes". Y se preguntó: "¿Es válido quitarse la vida por un equipo de fútbol? En un país con altas tasas históricas de suicidios, ¿está bueno dar estos mensajes?". El psiquiatra e integrante de la Red Mundial de Suicidiólogos Freedy Pagnussat consideró "muy inadecuado idealizar y hasta endiosar" acciones como la emprendida por Porte a quien definió como "un muchacho, que no pudo soportar la herida narcisista de renunciar a su gran amor, el fútbol"

Su colega Pablo Hein tampoco cree que la exaltación de la figura de Porte sume nuevos suicidios y también coincidió en que algunos de los mensajes que surgen desde Nacional no son los mejores. "Esa camiseta color sangre para recordar el aniversario...fue un error. Hay que tener cuidado con los mensajes. El suicida no es un héroe ni un cobarde. No hay que ocultarlo ni alabarlo. Es alguien que no sabe enfrentar una dificultad y que no quiere sufrir más", dijo Hein.

"Habría que celebrar a Porte como deportista y lamentar su suicidio. Ojalá que no haya otros Abdón Porte. Él no solo perdió la titularidad del equipo sino que, seguramente, se sintió precarizado y no tuvo una red de contención. Es algo que pasa mucho en nuestra sociedad y el mensaje debería ir por ese lado", agregó el sociólogo..
"Esa camiseta color sangre para recordar el aniversario...fue un error. Hay que tener cuidado con los mensajes. El suicida no es un héroe ni un cobarde. No hay que ocultarlo ni alabarlo. Es alguien que no sabe enfrentar una dificultad y que no quiere sufrir más", dijo Hein.
Por su lado, el psiquiatra e integrante de la Red Mundial de Suicidiólogos Freedy Pagnussat consideró "muy inadecuado idealizar y hasta endiosar" acciones como la emprendida por Porte a quien definió como "un muchacho, que no pudo soportar la herida narcisista de renunciar a su gran amor, el fútbol, y resolvió que no podía vivir sin él". "Incluso es muy elocuente el hecho de que se disparara en su corazón, ya roto por la pérdida", dijo el especialista.

Luego, Pagnussat lanzó una serie de preguntas y advertencias: "Si ese muchacho hubiese estado enamorado de una chica (y no del fútbol) y ella le hubiera 'roto el corazón', y este muchacho planifica, en lugar de irse al círculo central de la cancha, una cita con ella en el lugar donde siempre se veían, y la mata para después matarse él, ¿a alguien se le ocurriría recordarlo como a un héroe? Los mecanismos son exactamente los mismos, la misma herida insoportable de tolerar, el mismo tipo de sufrimiento, pero ¿lo recordaríamos y homenajearíamos año a año?, ¿verdad que no?

Paraísos artificiales


El corazón literalmente partido de Porte ha sido fuente de narraciones deportivas exaltadas y de distintas ficciones. Horacio Quiroga, otro suicida, se inspiró en la historia del futbolista tricolor para escribir su cuento "Juan Polti, half back". En el párrafo inaugural del relato, Quiroga nos sugiere que fue un cóctel fatal el que se llevó a Porte.

"Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones", escribió el autor de Cuentos de amor, de locura y de muerte.

Pese a las advertencias de la academia, las pasiones del hincha no suelen reparar en razones ni en detalles. El historiador y fanático hincha tricolor Lincoln Maiztegui escribió una columna en El Observador en mayo de 1999 por los festejos de los 100 años del club, y terminaba así su alegato: "También podría haberle espetado que soy de Nacional porque es el único equipo por el cual un jugador, Abdón Porte, dio la vida, en una noche de marzo de 1917. Desolado porque se le había excluido del equipo, el "Indio" Porte se despidió de sus amigos, caminó hasta el centro de la cancha del Parque Central y se pegó un tiro en la cabeza. ¿Una estupidez? Es posible; pero hay estupideces sublimes y de las otras; juzgue el lector a cuál de estas categorías perteneció la del inolvidable Abdón".

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