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Nacional > Una odisea

Por qué hay hasta seis meses de espera en mutualistas para ver a un fonoaudiólogo

La mayoría de los prestadores optan por frenar la cobertura tras haber transcurrido el tiempo previsto en la canasta básica de prestaciones

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05 de junio de 2019 a las 11:07

Las pantallas. La forma de vivir. La alimentación. En el mundo hay una "pandemia de trastornos del desarrollo" por múltiples causas y Uruguay no es ajeno, aseguró la neuropediatra Mercedes Castro, coordinadora del Servicio de Fonoaudiología de la Asociación Española. El aumento de las consultas llevó a que, sin importar cuál sea el prestador, el tiempo de espera para ser atendido por un fonoaudiólogo se mida en meses; a veces, años. 

El Observador informó en abril que los pacientes de salud pública con trastornos del habla tienen que esperar 24 meses para acceder a una consulta. "Sabemos que las demoras son importantes y que los niños con trastornos en el lenguaje entran en un peregrinaje que hay que resolver mucho más rápido”, reconoció entonces Claudia Romero, directora del Programa Nacional de Salud en la Niñez del Ministerio de Salud Pública.

En las mutualistas este peregrinaje no es menos intrincado: la espera se prolonga hasta seis meses, según reconocieron tres fuentes vinculadas al sector en diálogo con El Observador.

A la vez, la duración del tratamiento en los prestadores privados está sujeta a otro factor. El Plan Integral de Atención en Salud (PIAS) —la canasta básica de prestaciones que están obligados a brindar— solo les exige que cubran el tratamiento de sus usuarios durante seis meses. Si bien algunas mutualistas ofrecen un servicio extendido de fonoaudiología, la mayor parte de ellas optan por frenar sus servicios apenas cumplen las exigencias del Ministerio de Salud Pública, aseguraron las fuentes. Trastornos como la deglución atípica se corrigen en ese tiempo, pero muchos otros, no.

Es entonces que entra en juego el Banco de Previsión Social (BPS) y la ley de Ayudas Extraordinarias, explicó a El Observador Alicia Munyo, jefa del servicio de Fonoaudiología del Hospital Pereira Rossell. Esta norma de 1980 prevé la asignación de contribuciones económicas para la "rehabilitación de niños y adultos con discapacidad o alteraciones en el desarrollo", pero muchos entienden que está desactualizada. 

En primer lugar, no todos los niños pueden acceder a la prestación: únicamente lo hacen los hijos de padres que trabajan en relación de dependencia en empresas privadas. Luego de los seis meses obligatorios de tratamiento en la mutualista, los hijos de empleados públicos, dueños de unipersonales o empresarios quedan al margen de este beneficio. Las opciones que tienen son dos: dejar trunco el tratamiento o continuarlo en una clínica privada, donde en promedio cuesta $ 4.000, según contó Castro. 

Por otra parte, la neuropediatra enfatizó en que este beneficio "es una prestación" y que en la mayoría de los casos "no cubre el tratamiento integral" de los pacientes. Actualmente, los beneficiarios de las ayudas extraordinarias reciben $ 5.377,23 para pagar el tratamiento, por lo que —teniendo en cuenta que las prestaciones de un fonoaudiólogo en promedio cuestan $ 4.000— su costo estaría cubierto.

Sin embargo, un correcto abordaje de patologías como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), por ejemplo, es interdisciplinario. En estos casos, las familias tienen que elegir a qué especialidad médica asignar la ayuda económica que el BPS otorga. 

Los trastornos que necesitan apoyo de otros técnicos son varios y frecuentes. “A los pacientes con dislexia, que es un trastorno en la lectoescritura, empezás por fonoaudiólogo, seguís por tratamiento psicopedagógico, psicomotriz, psicológico. La dislexia hasta puede ser secundaria a la disfasia, que es un trastorno en el habla que se manifiesta desde que los niños son chicos", ejemplificó Castro. 

No hay registro de la cantidad de uruguayos que tienen que ser atendidos por un fonoaudiólogo, pero los profesionales consultados por El Observador señalaron que no dan abasto. El problema no es que los prestadores contraten poco personal y ellos deban trabajar más. Sencillamente, la cantidad de uruguayos que se reciben de fonoaudiólogos no alcanza para cubrir la demanda, que —según los registros de las mutualistas— crece año a año. A modo de referencia, una de las mutualistas capitalinas tiene un servicio de fonoaudiología en el que trabajan 25 técnicos, en dos turnos de 7 a 19 horas.

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