Parece mentira pero es cierto. Hacer un atentado como el que la semana pasada causó en Boston el mayor terror después del 11 de setiembre de 2001 cuesta apenas 728 pesos uruguayos. Y no es nada difícil de lograr, porque todas las instrucciones se encuentran en internet y los insumos están, como lejos, en la ferretería y el supermercado del barrio.
“Hacer una bomba en la cocina de mamá”. Ese es el título del artículo que siguieron los hermanos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev para preparar los explosivos que el lunes pasado estallaron cerca de la llegada de la maratón y causaron tres muertes, según declaró el menor de los hermanos.
Bastó poner el nombre de la revista en el buscador de Google para acceder a todas las ediciones en PDF. Su aspecto es similar al de cualquier otra publicación: sus páginas a todo color tienen diseños profesionales, los artículos son variados y las fotos, atractivas. Pero el contenido es bien diferente, ya que es una constante apología de la guerra santa repleta de consejos para los que quieran cometer acciones terroristas.
¿Cuál es el objetivo? No correr el riesgo de viajar para recibir adiestramiento y poder igualmente “apoyar la causa con trabajo individual”. “Con un par de intentos frustrados más podremos lograr la renuncia del presidente de Estados Unidos”, dice un artículo de la primera edición.
Con medios como este, Al Qaeda fomenta la aparición de los llamados “lobos solitarios”, radicales que actúan por su cuenta y que son, por lo tanto, más difíciles de ser encontrados.
Hasta el momento, la revista surgida en el año 2010 tiene diez números. A lo largo de las páginas hay secciones fijas como “experiencia de la jihad” (guerra santa), “Mi vida en la jihad”, “Flash de noticias”, “Qué esperar de la guerra santa” y un correo de lectores. En todas ellas se incita al martirio en nombre de Alá, se engrandece a los que fallecieron por la causa y se invita a no tener miedo de morir por el islam.
Pero sin lugar a dudas la sección más peligrosa de la publicación es la que enseña cómo emprender acciones terroristas paso a paso. En todas ellas los atentados están perfectamente explicados, con imágenes ilustrativas que hacen que sea fácil la comprensión.
En la primera edición se enseña cómo hacer una bomba en casa y cómo enviar y recibir mensajes encriptados. En la segunda hay un manual para hacer un atentado con una camioneta y, en la cuarta, se explica con detalle cómo destruir edificios. No faltan artículos con consejos para el manejo de los fusiles AK, por ejemplo.
Bomba paso a paso
“Si tienes sinceros deseos de servir a la religión y a Alá, lo único que tienes que hacer es ir a la cocina y hacer un explosivo que puede dañar al enemigo si pones tu fe en Alá y lo usas de modo adecuado”. Este es uno de los consejos iniciales que da la revista a sus lectores, antes de presentar las “ventajas” de este tipo de explosivos: sus ingredientes están al alcance de la mano y comprarlos no levanta sospechas, se pueden esconder fácilmente si no son descubiertos los perros entrenados no tienen forma de detectarlos, entre otros.
Después hay una guía paso a paso, como si se tratara de una receta de cocina. Los ingredientes son también del laboratorio de casa: un caño o una olla a presión, fósforos y azúcar. Otros insumos se encuentran en la caja de herramientas o en la ferretería: clavos, una batería, un cable, una bombita de luz y un reloj despertador de los que se compran en la calle por menos de $50.
Lo más caro del preparado es la olla, que se puede conseguir desde los $500. Pero el resto es accesible: azúcar a $ 33 el kilo, fósforos por $19 la caja de 250, $20 por 200 gramos de clavos y otros $106 para la parte eléctrica.
Con estos ingredientes, más un taladro y las explicaciones, cualquiera puede hacer un atentado mortífero y, encima, conseguir –según la revista– “el máximo nivel en el paraíso, el placer de Alá, el cielo en los corazones de este mundo y el gozo eterno en la vida eterna”.
¿Cómo es posible?
Cuesta entender que todo esto sea real, y más aún cuando EEUU es consciente de la existencia de esta revista pero no ha hecho nada por hacerla desaparecer. Las autoridades saben que se publica en inglés y está destinada a los islamistas que viven en países occidentales.
Además, el gobierno ya sabe que el mismo artículo en el que se basaron los hermanos Tsarnaev es el que siguió Jose Pimentel, un argelino que pasará 10 años en la cárcel por haber planeado atentados en templos de Manhattan en octubre de 2011. También lo usó Naser Jason Abdo, un militar retirado que en julio de 2011 fue detenido cuando planeaba un ataque con una olla a presión en un restaurant en Texas.
Incluso en el medio de noticias ABC News hay una reseña completa de uno de sus números, donde también se da cuenta de que “recientemente oficiales británicos encontraron ejemplares en los domicilios de unos sospechosos vinculados con un intento de atentado en el Reino Unido”.
Pero aún la revista sigue ahí, disponible para cualquiera que la quiera buscar. En los foros, los lectores ya preguntan cuándo va a salir el próximo número.