Selección > EL ANÁLISIS

Hasta donde ellos quieran: el nuevo Uruguay se soltó en el infierno, ¡y vuela!

En Barranquilla, Uruguay consiguió más que un triunfo histórico, consolida una idea y descubre que tiene todo para jugar siempre así

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13 de noviembre de 2020 a las 21:51

Ahora sí. Era esto. Ni más ni menos. La expresión futbolística de Uruguay en Barranquilla, donde firmó un histórico 3-0 ante Colombia, alcanzó el nivel que debe rendir esta selección que se nutre de su mejor versión de la vieja camada de jugadores que están llegando al final y de la nueva que comienza a consolidarse en la elite.

Y el asunto por estas horas no pasa por ser exitista, sino por poner el foco en el punto justo.

Tabárez conformó para estas Eliminatorias la mejor selección de Uruguay, incluso superior a la de Sudáfrica 2010.

El grupo que hoy dirige tiene características muy diferentes a la de hace una década. No muerde, juega con la pelota. No lo va a ver defendiendo con el alma, sino utilizando el balón como instrumento para llevar el fútbol a un nivel superior. No habrá sangre, habrá talento. No habrá rostros de sufrimiento, sino de placer. Y ahora, igual que en 2010, hay amor propio, confianza, seguridad y convicción.

El resto, lo que venga, pasa a formar parte de esos vaivenes propios de la producción de cualquier equipo y de las decisiones del entrenador.

El nivel futbolístico de Uruguay que se vio este viernes de tarde en  Barranquilla, ya lo había deslizado la selección en su estreno ante Chile en el Estadio Centenario, hace un mes.

Aquella noche del 6 de octubre, cuando empezó a recorrer su camino a Catar 2022, Uruguay jugó 20 minutos a la altura de lo que puede rendir, e invitó soñar. Igual que este viernes. Por la propuesta futbolística, por el control del juego. Por Bentancur y por Valverde. Porque el ataque de esa noche con Brian Rodríguez, De la Cruz y De Arrascaeta, y Suárez en ofensiva. Desplegó en el campo el fútbol que debía en ese inicio. Luego se apagó, en una reacción lógica de un equipo que hacía un año no jugaba por la pandemia de covid-19, y que terminó ganando con un penal en contra que no pitó el árbitro y por un gol en la hora de Maxi Gómez.

Cinco días después, el infierno. Por Tabárez. Porque subió a la altura de Quito a jugar como en el llano. Así le fue, con una goleada histórica, que golpeó la estructura. Sin embargo, esa misma noche y en los días siguientes, el entrenador se encontró con algo que sabe muy bien: que si va a presionar en la salida, va a presionar y no se queda a mitad de camino. Si va a jugar con un equipo de posesión, tiene que saber que vendrán riesgos, pero debe blindar el equipo para que no lo sorprendan, que fue lo que sucedió en Ecuador, en donde sin argumentos tácticos, por la conformación del equipo, y por sorprendentemente bajos rendimientos individuales, Uruguay la pasó muy mal.

Aquella noche en Quito, Tabárez se confió y pagó caro el precio de la maduración que va logrando esta nueva selección.

En el reencuentro para esta doble fecha de Eliminatorias el foco estuvo allí. En el aprendizaje, que le transmitió a sus jugadores, y en esta tercera ante Colombia recogió los frutos de los golpes.

El triunfo de Tabárez

En esta visita a Barranquilla volvió a mostrar que Tabárez tiene buen ojo para planificar los partidos (aunque en Quito le haya salido mal).

El técnico aprovechó las fortalezas de su selección y las debilidades del rival.

La presión alta en la salida, un ejercicio que será recurrente para este equipo ante un rival que salga jugando, le dio rápidamente resultados (robo de Nandez, asistencia del de Cagliari y gol de Cavani) y a los cinco minutos ya estaba 1-0. Esto le brindó la tranquilidad para lo que vendría después. Tranquilidad pero no para recostarse, sino para jugar ese fútbol que Uruguay es capaz de desarrollar.

La lesión de Valverde, que no viajó porque el domingo se lesionó, le obligó a realizar un cambio que era necesario para jugar de visitante.

El ingreso de Torreira equilibró el mediocampo. Blindó a su equipo de las fragilidades que tiene la propuesta de querer ser protagonista con la pelota. El resto, salió naturalmente.

En ensayo en el pizarrón se dibujó en la cancha, defendiendo, en esta versión del nuevo Uruguay, con la pelota o sofocando al rival con la presión.

También, en este nuevo juego que propone Uruguay, resultaron claves las intervenciones de los defensas (Viña, Godín) y el golero (Campaña sacó un gol en la línea), la concentración y la capacidad para sostener cuando el equipo celeste cede, y rival reacciona y avanza.

Ganar en Colombia marca un mojón en la historia de la selección, y en particular para este grupo. Igual que el primer triunfo en La Paz, en el camino a Rusia 2018. O la victoria en Quito en el trayecto hacia Sudáfrica 2010.

El triunfo en Barranquilla pone a Uruguay futbolísticamente en el lugar que debe estar.  Ni más ni menos. No levanta el listón. Ese listón ya estaba alto por los futbolistas que integran el plantel, pero este equipo aún no lo había alcanzado. Lo consiguió este viernes y logró lo más importante, se convenció que puede y que, aunque las Eliminatorias son terreno difícil, el martes llegará Brasil al Centenario, y si Tabárez sorprende con la propuesta táctica y los jugadores se ajustan al plan, cualquier rival de aquí en más la pasará mal con Uruguay.

Para esta selección no hay cucos, ni invencibles. Los límites los establecerá este mismo grupo que tiene a una generación que madura a pasos agigantados, y a otra que puede ofrendar a los hinchas el último regalo, en ese pacto invisible del pueblo y la celeste.

Después del triunfo en Colombia, será hasta donde ellos quieran, porque el nuevo Uruguay se soltó en el infierno de Barranquilla, ¡y vuela!

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