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Julián Perujo, el compañero de mates de Marcelo Gallardo en Nacional

El lateral derecho pretende lograr el tercer ascenso a Primera con Cerrito, el club al que llegó en agosto y que lo sorprendió para bien

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07 de octubre de 2019 a las 05:03

En la pantalla de la televisión está el programa argentino Central Fox que anuncia que River Plate de Marcelo Gallardo está “a un paso de la final” de la Copa Libertadores luego de ganarle 2-0 a Boca en el partido de ida de la semifinal. En el living de una casa del Parque Batlle está el lateral de Cerrito Julián Perujo (34), que mira desde Uruguay el éxito del entrenador argentino con quien tenía una relación cercana cuando ambos coincidieron en Nacional en la temporada 2010-2011.

Gallardo vivía en la rambla de Montevideo y se juntaba con Perujo para ir hasta Los Céspedes. En el camino tomaban mate mientras charlaban sobre el momento de Nacional. También el lateral escuchaba los cuentos de la exitosa carrera como jugador que tenía el Muñeco –como cuando le contaba anécdotas del entrenador Ramón Díaz– e, incluso, le hacía de chofer cuando le dolía la rodilla por la lesión que aquejaba al argentino en ese entonces.

En ese momento Gallardo ya pensaba en su carrera como entrenador y, de hecho, en la siguiente temporada fue el técnico de Nacional, pero Perujo no continuó en los tricolores pese a que tenía un año más de contrato. En el plantel había dos laterales derechos –Gabriel Márquez y Cristian Núñez–  con quienes tenía que pelear por el puesto de titular.

“Antes de irme tuve una charla con el Muñe porque me dijo que no quería que me fuera, que me quedara tranquilo, que peleara el lugar. Yo quería jugar y me fui a Defensor”, cuenta Perujo a Referí.

En esa época la comunicación entre los dos futbolistas era a través del chat de blackberry, una herramienta que quedó en desuso. Por lo tanto, perdieron contacto. “Es una de las cosas que arrepiento. Después de jugar en Defensor me voy para Argentina y él ya estaba dirigiendo a River. Lo podía haber contactado para ir a la cancha, para ir a ver un entrenamiento”, se lamenta.

Perujo jugó en entre 2012 y 2015 en el fútbol de ese país: primero en Boca Unidos de Corrientes y luego en Atlanta de Buenos Aires. 

De fútbol uruguayo

El lateral llegó a Nacional luego de jugar tres años en Rampla Juniors, el equipo con el que debutó en Primera división cuando Luis “Ronco” López era el entrenador. Antes había hecho las formativas en Central Español, pero no llegó a debutar porque en 2004 el club descendió, hubo una reestructuración y quedó libre.

Perujo se acuerda que en su pasaje por Rampla le hizo dos goles de cabeza a Peñarol en un mismo partido cuando el carbonero era dirigido por Mario Saralegui y el golero era el argentino Pablo Cavallero. “Cuando jugás en un chico y le hacés un gol a un grande queda en la memoria de la gente”, dice.

En 2010 su contrato con Rampla terminaba y Perujo iba a quedar libre. Esto no era un problema porque tenía varias ofertas, entre otras la de Gimnasia y Esgrima de La Plata, pero finalmente llegó al Nacional de Luis González, quien fue cesado al poco tiempo y llegó Juan Ramón Carrasco a dirigir a los tricolores.

Tras jugar en Nacional, el lateral estuvo un semestre en Defensor Sporting, luego volvió a Rampla y el club descendió. Esta no fue la única vez que perdió la categoría, también le tocó vivirlo en Sud América, donde jugó entre 2015 y 2018.

“Con Sud América fue totalmente distinto (el descenso) por cómo se dio, por cómo la luchamos, por cómo se nos escapó”, explica el jugador sobre ese episodio que le tocó vivir dos veces y que cualquier jugador quiere evitar.

Cuando Perujo llegó al buzón, la sociedad anónima que llevaba adelante el club “estaba bien” y los jugadores cobraban sus salarios al día, según cuenta. También le iba bien en lo deportivo: llegó a ganarle a los dos grandes y terminar en las primeras posiciones en un torneo.

Sin embargo, empezaron los “quilombos”. Hubo problemas entre la sociedad anónima y la institución y esto tuvo una influencia directa en los futbolistas que no podían cobrar sus salarios en fecha.

“Lo peor que nos pasó fue que, el año que descendimos, arrancamos el torneo con un técnico gallego que quería jugar como el Barcelona. Ese fue el pecado más grande. Después vino un argentino muy bueno y no se le dieron los resultados. Jugábamos muy bien, pero no podíamos ganar. Se fue y vino Gustavo Bueno y con él encontramos los resultados y llegamos al fin del torneo peleando la permanencia”, recuerda.

Sud América jugó contra El Tanque Sisley para definir quién se quedaba en Primera, pero ganó el equipo presidido por Fredy Varela que el año siguiente no compitió por no pagar su deuda ante la Asociación Uruguay de Fútbol. 

Uno de los partidos en el que Sudamérica tenía el descenso “comiéndole la cabeza” fue contra Wanderers en el Parque Viera. En ese encuentro el árbitro Jonathan Fuentes expulsó a Perujo por una patada a Cristian Palacios. Pero luego el juez lo denunció por un cabezazo que no existió y el futbolista recibió siete partidos de sanción, que luego fue reducida.

“Fue una jugada rápida: la pelota fue hacia Palacios y cuando veo que el línea levanta la bandera, me le tiro y le pego. Yo lo protesté que antes había offside, pero me expulsó bien por la patada. Y en la protesta me acusó de que lo había cabeceado y me puse como loco”, comenta Perujo sobre ese hecho que, en el momento, captó la atención de los periodistas deportivos.

“Después lo llamé y le dije bien claro que nunca lo había cabeceado y no había tenido intención de agredirlo. Él después me agradeció por las disculpas. Los dos pasamos un mal momento al pedo”, agrega.

Por los playoffs

Perujo volvió al equipo donde jugó por primera vez al fútbol 11 catorce años después y, esta vez sí, pudo jugar en el plantel principal de Central Español, “algo pendiente” que tenía. El futbolista se encontró con un club más “complicado” a aquel que lo había formado hasta 2004. “Ahora está peor”, acota.

Perujo luego jugó un año en Racing, pero a mediados de 2019 finalizó su contrato con la escuelita de Sayago. Como no consiguió otro equipo de Primera, recaló en Cerrito para jugar esta segunda mitad del campeonato de la B.

La situación del auriverde lo sorprendió para bien. “Cuando llegué me di cuenta de que está muy ordenado y que tiene todo, incluso más que muchos”, destaca. “Nos pagaron el sueldo el primero de mes, no me pasaba eso hace muchos años”, ejemplifica.  El club tiene el objetivo de logar el tercer ascenso y para esto necesita clasificar a los playoff, algo que, por su posición en la tabla, es probable que logre.

En su primera etapa en Rampla hizo el curso de entrenador. El médico del picapiedra era uno de los profesores del curso y lo impuso –a él y a Javier “Coco” Benia– a que se inscriban. También cursó gerencia deportiva y, ahora, estudia gestión empresarial en el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) gracias a un convenio que tiene la Mutual de jugadores.

Perujo tiene claro que le gustaría estar siempre relacionado con el deporte, pero aun, a sus 34 años, no tiene claro desde qué rol. Aunque primero está el ascenso a primera con Cerrito y desea poder seguir relacionado al fútbol desde adentro de la cancha por lo menos “un par” de años más. “Me siento bien para jugar”, justifica.

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