La de Siria es una de las operaciones humanitarias más grandes del mundo y son infinitas las variables a coordinar para que la ayuda llegue a los millones de hambrientos, desplazados y enfermos a causa del conflicto. Al frente de la oficina de Naciones Unidas que coordina toda esa actividad se encuentra Raúl Rosende, un uruguayo que antes pasó por Nicaragua, Colombia y Yemen.
“Nuestro trabajo, fundamentalmente, consiste en coordinar la asistencia humanitaria y tratar de negociar, tanto con el gobierno como con grupos rebeldes, el ingreso de ayuda humanitaria a las zonas de conflicto”, cuenta por teléfono desde Damasco, una de las tantas ciudades donde desde marzo de 2011 se reiteran los combates entre partidarios del líder Bachar al Asad y sus opositores.
El presupuesto global del Plan de Ayuda Humanitaria para Siria es de US$ 1.400 millones y hasta ahora el nivel de financiamiento alcanzado se acerca al 58 %, es decir unos US$ 800 millones. La conclusión, en palabras de Rosende, es que “todavía hay necesidades que no se han cubierto”.
Los beneficiarios, de todas formas, son muchos. Según el detalle del uruguayo que dirige las acciones, en términos de ayuda alimentaria se llega a 4 millones de personas. Al margen del rubro alimentación, la ONU provee asistencia en salud, agua y refugio, entre otras soluciones.
Pero todavía hay gente que necesita asistencia y que no puede obtenerla. En parte, por la falta de dinero. Pero en parte, también, porque no es fácil el acceso a las zonas más conflictuadas por la violencia, que es donde reside la población más afectada.
Y aquí radica gran parte del trabajo coordinado por Rosende: la negociación con los distintos grupos involucrados para que les permitan avanzar por las áreas de conflicto. “Los grupos rebeldes están muy divididos, fragmentados. Cuando digo que tratamos de negociar con los distintos grupos no implica que negociamos con el gobierno por un lado y con la oposición por el otro; dentro de los rebeldes hay muchos grupos y el trabajo consiste en hablar con muchos de ellos. Esto también dificulta, representa otro impacto”, detalla el uruguayo.
Si se le pide un número del uno al diez para juzgar cómo se van cubriendo las necesidades de la población, Rosende demora en dar su respuesta. “Es difícil”, comenta, pero consiente en que se ha llegado a “más de la mitad de los afectados”. “Pero todavía se necesita un esfuerzo fuerte”, acota al instante.
El dinero que se emplea surge fundamentalmente de países u organismos multinacionales, como la Unión Europea. Hasta el momento, Uruguay no ha hecho aportes de ningún tipo.
Sin perspectivas a corto plazo
El diálogo con alguien que está en el terreno se presta para abordar otros asuntos, como las perspectivas de un final para la guerra.
En estos momentos los diversos grupos rebeldes no logran ponerse de acuerdo entre sí de cara a una conferencia de paz que busca organizar en noviembre en Ginebra el mediador internacional para Siria, Lajdar Brahimi. La ONU y otros países están poniendo los medios necesarios para lograr la cumbre, pero por ahora el panorama es incierto.
“La ONU ha dicho varias veces que esto no es solución, que aquí la única posible es una solución negociada. Pero la experiencia en otros países también indica que la negociación no da resultado en una sola reunión. En un encuentro comienza el diálogo y a veces lleva su tiempo hasta que fructifique”, explica Rosende.
“Pero sería muy importante que esta reunión se realizara y por lo menos poder comenzar el proceso de negociación. Hay fuertes esfuerzos para tratar de que esto tenga lugar”, agregó.
En Siria desde enero de 2012, el coordinador de la oficina de la ONU da una clave sobre sus perspectivas del final del conflicto cuando se le pregunta por su permanencia en el terreno. “En principio, sigo hasta enero, pero es posible que pueda haber una extensión”, comenta. “Sobre todo, teniendo en cuenta que no hay perspectivas de que la situación humanitaria mejore habiendo un acuerdo político. Va a seguir siendo muy mala y es posible que nos quedemos algún tiempo más”, acaba diciendo.