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La emoción del niño que contará que su madre fue presidenta

Por los viajes de Topolansky y Vázquez, Ayala asumió el máximo cargo

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02 de junio de 2018 a las 05:00

Patricia Ayala entra a su despacho en el Palacio Legislativo y el olor a rosa que se siente desde la puerta da una pista de que se trata de un día especial. En su escritorio la espera un ramo de flores reluciente. "Se pasó el ministro (Víctor) Rossi", comenta emocionada y con una gran sonrisa. Desde el mediodía de este viernes, y hasta este domingo, la senadora del Movimiento de Participación Popular (MPP) es la presidenta de la República. Cuando se enteró que le tocaría ocupar ese cargo, hace 15 días, se quedó muda. Ya le había tocado ser vicepresidenta, pero ahora se trata de un paso más.

Este viernes se levantó como todas las mañanas en su casa de El Pinar. Fue temprano a una entrevista en Océano FM y después al festejo de los 70 años del Instituto de Colonización. Sobre el mediodía tuvo que ir al aeropuerto para realizar el traspaso de mando. Ahí la esperaban la vicepresidenta, Lucía Topolansky, y el secretario de Presidencia, Miguel Ángel Toma, para celebrar el acto protocolar. La vicepresidenta estaba pronta para despegar hacia Rusia mientras el presidente Tabaré Vázquez está en Suiza. Por la Constitución, la responsabilidad cayó sobre la senadora artiguense mientras que el senador Rafael Michelini será el vicepresidente.

"Todo tiene mucho peso en lo emocional, en lo social, en las cuestiones de género. Vas abriendo puertas", dice quien supo ser la primera mujer edila del Frente Amplio en Artigas e integró el selecto grupo de las tres primeras intendentas de Uruguay junto a Adriana Peña (Lavalleja) y Ana Olivera (Montevideo).


Apenas comienza hablar sobre lo que significa ser presidenta durante tres días pone sobre la mesa dos temas que la representan: el enfoque de género y el interior del país. "Fue una alegría firmar (el traspaso). Toma también es de Artigas y otro de los funcionarios que estaba ahí era de Bella Unión. Somos de uno de los puntos más alejados de la capital", empieza a decir y los ojos se le llenan de lágrimas. Al traspaso la acompañaron sus dos hijos más chicos, su pareja y su padre, que hizo de chofer.

"Me hubiese encantado que mi madre viera esto. Sé que de alguna manera lo está haciendo", dice y los ojos se le vuelven a poner vidriosos. De sus padres, ambos presos durante la dictadura, heredó la militancia política. Esa militancia de la que no logra desprenderse a pesar de que le toca asumir un cargo que sabe no es partidario. "Yo tomo todo lo que me pasa como parte de la trayectoria militante", explica.

El tono pausado y tranquilo habitual de la senadora se mezcla con la conmoción y la voz se entrecorta. La pantalla de su celular apoyado sobre el escritorio no para de encenderse. Dice que recibió cientos de mensajes de compañeros de la política pero también de amigas de toda la vida y excompañeras de trabajo, de cuando se desempeñaba como fonoaudióloga en su ciudad natal. En un grupo de Whatsapp que comparte con otros exintendentes, el colorado Germán Coutinho (Salto) la felicitó sorprendido. "Nunca pensé que alguien que ayer estaba acá al lado nuestro, llegara a ese cargo", le escribió.

En sus tres días como presidenta no tiene planeado pasar por la Torre Ejecutiva. El domingo tendrá que ir a la Residencia de Suárez y Reyes donde le devolverá el mando al presidente Vázquez y quedará como vicepresidenta. Topolansky recién vuelve el 6 de junio.

En estos días su objetivo es "no armar relajo", tal como le pidió su compañera del MPP cuando firmaron el traspaso. Acordó con Toma que si era necesario que firmara algún documento él la llamaría. Tiene a disposición el chofer de Topolansky y eso fue lo único que cambió en su rutina habitual. Pero estos tres días quedarán para el recuerdo como le dijo su hijo menor: "Yo le voy a decir a mis hijos que tuve una madre presidenta".

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