En 2000 eran solo 2.700 corredores. Pero la movida que se armó en la rambla llamó la atención de los que por allí pasaban. Tanto que a la meta llegaron unos 4.000. Después de 11 años, un parate de cuatro, un despegue organizativo y una campaña de marketing con pegada, los 10 k de Nike se convirtieron en un clásico. No solo del deporte sino también de la salud del pueblo uruguayo.
5 de noviembre de 2011 21:41 hs
En más de un millar se elevó ese número ahora. El desafío para 2012 ya está planteado: superar la barrera de los 10 mil.
Todos los actores que andan en la movida del running traducen este fenómeno de la siguiente manera: los uruguayos están tomando conciencia, cada vez en mayor número, de que correr es una actividad saludable.
Un cambio de hábito para combatir el sedentarismo y las enfermedades que pueden derivarse de ello.
El ambiente de camaradería
–dibujado en cada sonrisa, palpable en cada aliento del que empuja al compañero a su meta– es otra de las buenas razones para correr una 10 k.
Un gran espectáculo
Además, el show que propuso la marca de la pipa fue sencillamente espectacular.
Horas antes del comienzo, con música y profesionales encargados del calentamiento, la tarde ya había tomado color.
Ni el frío, ni la tormenta amenazante, ni el viento pudieron empañar la fiesta.
Sobre el final, los fuegos artificales le pusieron un broche de oro al espectáculo.
Un desafío para superar una organización excelente. Un llamador para que el año próximo sean más quienes se sumen a correr por la salud.
Con ómnibus –de línea y contratados– llenos y pintados del color de la carrera, la Nike fue también una fiesta de integración, ya que vinieron a correrla aficionados de todo el interior del país y hasta de Argentina, más allá de los corredores profesionales que le pusieron nivel a la zona de elite.
En materia de porcentajes se calcula que corrieron 70% hombres y 30% mujeres, lo que demuestra un significativo aumento participativo de las damas, ya que antes la relación era de 80% a 20%.
En cuanto a la franja etaria, se calculó 23% jóvenes (hasta 25 años), lo que indica que la edad no es impedimento para largarse a correr por las calles. Tampoco el peso ni las capacidades diferentes.
Integrados por la ocasión, hermanados por el deporte, siete cuadras apretujadas de gente largaron de a paso chiquito. Vibraron al llegar al puente de Sarmiento, se emocionaron al escuchar un griterío ensordecedor mezclado con aplausos, de los propios participantes y del público que se arrimó a ver la carrera.
Cayó la noche y los valientes seguían llegando. Un recuerdo que jamás olvidarán.