En esta newsletter EnClave seguiremos en clima de campaña. Aunque puedas pensar que estoy insistente con el tema, no hay duda de que la inseguridad será uno de los principales debates que se instalarán desde ahora hasta que tengamos un nuevo presidente o presidenta.
Un comentario de Gustavo, un suscriptor, me hizo darme cuenta de lo complejo que será para los candidatos, sean oficialistas u opositores, hacer campaña en este tema. Es fácil hacer propuestas desde la vereda de enfrente y criticar lo que está mal pero después de que se gobernó, y se ejecutaron las políticas de seguridad con resultados a la vista, es otro cantar.
De "cargar" con Heber a "cargar" con la promesa de Vázquez
Gustavo respondía a mi columna sobre Laura Raffo: si bien ella “jugará más libre que Delgado para la autocrítica y proponer sobre cosas no resueltas o mal resueltas, tiene el problema de cargar con Heber. El tema inseguridad se instalará en la campaña”.
La fuerte discusión que protagonizó esta semana la precandidata nacionalista con el periodista Gabriel Pereyra en informativo Sarandí demostró que el lector tiene razón en cuanto a lo de "cargar" con Heber. Raffo no salió bien parada del intercambio. Se enfrascó en que “bajaron los delitos” y "hubo un cambio de paradigma" y cuando Pereira le retrucó por los homicidios ella insistió en su idea y no hubo más diálogo. Incluso quedó la sensación –así lució– de que realmente no sabía que las estadísticas del Ministerio del Interior se hacen en base a denuncias y no a delitos probados por la Justicia.
Efectivamente el tema seguridad será más álgido para Raffo por ser el ministro Heber uno de sus integrantes del comando político. Heber es una figura que se ha desgastado al frente del Ministerio del Interior, puesto que ha dado algunas señales erráticas en el manejo de datos y en su discurso. Te puedo asegurar que la frase inmortalizada por Zin Tv “volvieron las carteras” lo acompañará toda la campaña.
Pero Delgado tampoco la tendrá fácil. No podrá marcar distancia de quien fue su ministro en el gobierno que integra. Y además tendrá en sus filas a otras piezas claves del ministerio: tanto el actual director de Secretaría, Nicolás Martinelli, como el anterior, Luis Calabria, quien fue mano derecha de Larrañaga, formarán parte de su comando de campaña.
Del lado opositor, Carolina Cosse y Yamandú Orsi tampoco podrán zafar de las críticas. La intendenta ocupó el gabinete de Tabaré Vázquez en la gestión en la que el Frente Amplio había prometido bajar 30% los hurtos y rapiñas. Entre 2014 (cuando Vázquez hizo esa promesa) y 2020 (cuando entregó el gobierno) las rapiñas crecieron 53% y los homicidios 45%.
Orsi, por su parte, integra el MPP, sector del ministro fallecido Bonomi y que dirigió la política de seguridad en casi 10 años de los 15 en que gobernó el FA. Bonomi decía en una entrevista del 17 de abril de 2015 en El Observador TV que al exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani (a quien tomó como modelo) le llevó diez años “arreglar” la seguridad. Quedó claro que en diez años de gestión ese objetivo no se logró en Uruguay.
Los analistas han opinado que uno de los motivos que llevó a perder al Frente Amplio en 2019 fue la inseguridad. La sensación de una política errática en la que se destinaron recursos, adquisición de tecnología y planes pero que fueron ejecutados en un permanente tironeo entre mano dura (Bonomi y su cúpula del ministerio se daban cuenta de que la necesitaban porque la opinión pública la pedía) y mano blanda (el Frente Amplio poniendo palos en la rueda para frenar ese impulso) que se traducía en peores cifras de delitos llevó a la gente a cansarse y exigir resultados a través de un cambio de signo político.
Guerra de relatos
Cifras del actual Ministerio del Interior que comparan la evolución de los delitos desde 2019 hasta 2022
Es muy claro identificar patrones en los discursos políticos que se repiten y es fácil adivinar que estarán en la guerra de relatos en lo electoral.
Desde el oficialismo se señala que los datos estadísticos, realizados por el mismo equipo que trabajó en los gobiernos anteriores, muestran que la mayoría de delitos bajaron. (La foto muestra el último cuadro divulgado por el ministerio, cerrado 2022). También subrayan que hubo un cambio de paradigma en la conducción de la seguridad, que se le dio respaldo a los policías, se le volvió a dar preponderancia a las comisarías que –afirman– Bonomi había desmantelado.
Desde la oposición se señala que bajaron las rapiñas porque se desalienta la denuncia y la pandemia le dio una gran mano al gobierno pero terminada la crisis sanitaria los delitos volvieron a guarismos de antes. Así lo escribió esta semana quien fue durante los diez años de Bonomi el director de la Unidad de Comunicación del ministerio, Fernando Gil. En un blog escribió: “Si precarizo los mecanismos de denuncia, dispongo que las víctimas deban acudir a las comisarías; o no uso más las tablets para tomar denuncias, estas van a decaer de forma notoria y la baja no será una buena noticia sino una burda falsificación de la realidad”.
El director de Secretaria del Ministerio del Interior Nicolás Martinelli dijo que se pasó de tener 1.480 tablets en marzo de 2020 a 1.829 en el pasado enero y que todos los patrulleros tienen una. Además aportó datos que indican que mientras que en 2019 el 33,6% de las denuncias de las rapiñas se hacían por tablet, en 2022 fueron el 36,8%. Explica que todas las denuncias se pueden tomar en la tablet pero cuando se trata de delitos contra la persona (violación, lesiones) se debe ratificar en la comisaría.
Gil también lanzó que bajaron los delitos porque en el gobierno son “dueños de un aceitado aparato mediático, bajaron los minutos de la crónica roja en horario central”. Confirmé con colegas que dirigen los principales informativos que no se han difundido mediciones sobre la cantidad de minutos destinados a los policiales pero todos me aseguraron que no es cierto que haya disminuido los minutos al aire de esa información, para empezar porque es lo que el televidente consume. "Cuando ponemos policiales el rating sube, cuando ponemos deportes o política, baja", me dijo uno de ellos que admitió que emite más policiales de lo que le gustaría.
Otro me explicó que el cambio sí se dio en la forma en que se hace la cobertura. Mientras años atrás se mostraba sangre o gente llorando, ahora se intenta evitar esas imágenes porque cambió el gusto de la gente. Pero eso ya viene desde el último gobierno del Frente Amplio.
También estoy segura de que lo que lanzó Gil, sin pruebas, lo repetirán otros en la campaña.
En el medio de los discursos y los relatos estará el ciudadano que tomará la decisión de definir a quién le dará su voto de confianza.
Sin duda las cifras (las actuales y las del pasado) entrarán en la ecuación porque son una manera tangible de medir la gestión. Pero también pesará cómo se gestionen los homicidios, qué nivel de aclaración haya en crímenes como el del gerente de Tata, o la joyera de la Unión, porque lo peor que puede pasar es que se instale una sensación de impunidad.