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La pesadilla de una pareja uruguaya en Perú que no pudo volver pese a gestión de Cancillería

Pese al éxito del Poder Ejecutivo en lograr la repatriación de más de 140 orientales en Lima y Cuzco, hay al menos dos que se quedaron en ese país, y no saben cuándo ni cómo volverán, debido a las medidas sanitarias 

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22 de marzo de 2020 a las 18:40

Shelby Eleana Peralta habla sin pausa porque la angustia, la ansiedad y la incertidumbre la desbordan. Está con su pareja al norte de Perú, en la ciudad de Jaén, a 1.000 kilómetros de Lima, a donde fue a visitar a su hermana por 15 días, y hoy no sabe cuándo ni cómo podrá volver a Uruguay, al balneario de La Juanita, en donde ambos viven y tienen trabajo.

"Estamos trastornados y no tengo comunicación con mi familia, porque en esta locura perdí mi celular; tengo una hija chica", dice Guillermo Tejeira, su novio. 

Ella –peruana pero residente en Uruguay desde hace 13 años– repite que ya no saben qué más hacer, y que apenas les queda dinero para sobrevivir en un país en el que tampoco pueden trabajar porque, al igual que todos aquellos que dispusieron cuarentena obligatoria, tiene a gran parte de la economía paralizada.

Los dos hicieron hasta lo imposible por volver en alguno de los tres vuelos que dispuso el gobierno uruguayo para repatriar este fin de semana a los más de 140 uruguayos que estaban en el país incaico y no podían volver por las fuertes restricciones sanitarias que decretó días atrás el presidente Martín Vizcarra.

Estaban al tanto de estos operativos y empezaron a solicitar ayuda desde que el domingo 15 Vizcarra dispuso el cierre de fronteras, y los boletos aéreos que tenían comprados para regresar el martes 17 pasaron a ser papeles inútiles. Intentaron que la aerolínea los reubicara en un avión que salía el lunes –último día con aeropuertos abiertos–, pero les dijeron que eso no sería posible. Que no tendrían que pagar de nuevo el pasaje, los consolaron, pero que tampoco tenían fecha para el próximo vuelo. Solo tenían la referencia del 30 de marzo, día en que vencerá el plazo de la cuarentena general, pero tampoco hay garantías de que así ocurra, porque el colegio de médicos peruano está presionando para extender la medida por 90 días.

Entonces les ganó la desesperación. "Encontré un número de contacto en una página de uruguayos en Perú, y ahí logré entrar a un grupo de WhatsApp de todo los que estábamos en la misma situación", contó Peralta a El Observador.

Así fue como supo que había tantos otros uruguayos como ellos, pero en una situación menos dramática: o ya estaban en Lima, o a tiempo de llegar este domingo a las nueve a la embajada para luego desplazarse todos juntos al aeropuerto Jorge Chávez –como lo había organizado la Cancillería uruguaya–, o reunidos en Cuzco, donde salía el avión de Amaszonas. 

Ellos, en cambio, estaban a 18 horas de ómnibus de la capital –en 15 si fueran en auto–, pero sin posibilidades de circular, a no ser que consiguieran una habilitación excepcional, como tienen los conductores de vehículos que trasladan alimentos o elementos sanitarios indispensables. 

Necesitaban un salvoconducto, pero los compatriotas escribían en el grupo de WhatsApp que todavía ni ellos tenían seguridad de que podrían volver. De hecho, los dos primeros vuelos que habían sido dispuestos tras arduas negociaciones entre el gobierno de Vizcarra y el canciller Ernesto Talvi, tuvieron que ser reprogramados porque no se aceptó que llegaran durante la noche, cuando regía el toque de queda, e incluso el avión Brasilia de la Fuerza Aérea Uruguaya, que iba a llegar el jueves a Lima, debió dar media vuelta y aterrizar en Antofagasta (Chile).

Finalmente, en la madrugada de este sábado llegaron 17 uruguayos en esa aeronave, y el resto –en el que se incluye otro grupo de siete que estaban en Santa Cruz– lo hará este domingo, en el Hércules de la FAU y un avión de Amaszonas, que lograron obtener una autorización especial.

Fuentes de la Cancillería señalaron a El Observador que están al tanto del problema, y que están haciendo "grandes esfuerzos" para solucionar también esta situación.

El no de la policía

Eran las tres de la tarde de este sábado, y la pareja fue a suplicar a quién los escuchara en la Comisaría de Jaén, a pocos metros del río Amojú. 

Viajar desde Jaén hasta Lima era una proeza casi imposible. La policía peruana ha montado guardia en rutas y calles, y detiene a todos los vehículos para requerir documentos y la habilitación excepcional que permita la circulación. Y además, por supuesto, no hay empresas de transporte que hagan ese servicio.

Consiguieron a un taxista dispuesto a llevarlos hasta la capital, por no menos de US$ 700, pero solo si obtenían su salvoconducto para mostrar a las autoridades cuando los detuvieran, y otra habilitación para que él pudiera volver a Jaén.

Y tenían que llegar a las nueve de este domingo a la embajada uruguaya.

El funcionario que los atendió les dijo que no podía hacer nada por ellos, pero insistieron. Ellos le dijeron que sabían de un coronel del Ejército llamado Renan Guerra que había contribuido en la logística de la repatriación del grupo grande de uruguayos, y que podía hablar con él. Peralta llamó al militar y le pasó el celular al policía. 

"Ellos tienen que estar a las nueve en Lima. Por favor no me los tranque. Es gente que necesita llegar a su casa", alcanzó a escuchar Peralta que le dijo Guerra al agente

El policía se llevó el teléfono hasta la oficina de su jefe, quien regresó con el celular hasta donde esperaba la pareja. Les informó que ese coronel no tenía injerencia, y que nadie podía hacer nada por ellos. "Si yo les doy el permiso de circulación, me juego mi puesto", dijo el jerarca que se identificó como Martín Díaz Vasquez.

Peralta y Tejeira, desbordados de estrés, se acordaron de otro militar que también ayudó a otros compatriotas a subirse a los aviones: un prefecto de Lima, llamado William Moreno. Lo llamaron de inmediato en busca de ayuda y, en efecto, les dijo que había otro uruguayo que estaba en ese momento yendo desde Arequipa hasta Lima –también a 1.000 kilómetros de distancia, pero en el sur–, con una carta personalizada de la embajada uruguaya que le abría las puertas.

Salieron a la calle, cruzaron a la vereda, y se contactaron enseguida con la cónsul Analía Magunes, quien media hora después les envió el documento por WhatsApp.

Cruzaron de nuevo corriendo con la euforia de los desesperados y no iban a detenerse hasta llegar al despacho del comisario, pero un policía les dio la voz de alto y volvió la desolación. El jefe Díaz salía a la vereda justo con un papel en la mano, que reproducía una nueva disposición presidencial, con más limitaciones en la circulación, y un gesto de desdén hacia ellos que terminó por vencerlos: "No, no. No hay más pases de circulación. Son órdenes del presidente", gritó.

Peralta dice que hay al menos otro uruguayo en su misma situación, a quien El Observador intentó contactar sin éxito.

El taxista que se había ofrecido a llevarlos, y que esperó en todo momento junto a ellos, les dijo que seguía a las órdenes, y que se mantendrían comunicados.

 

 

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