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La utilería que marcó Ligüera

Una acción solidaria de Martín le permitió al utilero de Fénix descubrir que su hijo era autista, y desde ese día el 10 lo ayuda; Enrique Rivero pasó de la barra de Danubio a ser agradecido con el club de Capurro

Enrique Rivero

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08 de mayo de 2017 a las 05:00

Martín es una persona...". Los ojos le brillan. Luego de la pausa retoma: "Tas loco, una persona con todas las palabras". La voz se apaga. No es para menos. Habla de una historia de vida que tiene como protagonista a su hijo.

"Un día vino Ligüera acá a traerme la ropa y nos pusimos a hablar. Entonces le digo, 'sabés Martín que mi botija es muy especial. No come, se pone la ropa que quiere'". Ligüera escuchó.

Pasado un tiempo, el 10 que por aquel entonces militaba en Fénix, llamó a Román Enrique Rivero, utilero de Fénix al que llamaba Noni, para avisarle que una pareja que tenía un nenito autista le iba a dejar una pancarta y unas remeras para que los jugadores salieran a la cancha con ellas. Fénix jugaba contra Peñarol ese fin de semana.

"Estamos en el Estadio y la muchacha vino a dejarme las cosas y me dio un folleto que tenía 10 síntomas de la enfermedad. Pah, cuando empecé a leer, la primera no tanto, pero de la segunda para abajo... Les juro que me encerré en el vestuario y se me caían las lágrimas. Me puse a llorar", reveló el utilero de Fénix a Referí.

"Martín se dio cuenta. Al otro día le expliqué. 'Mirá Martín, esos síntomas los tiene mi hijo'. Llegué a mi casa, le mostré a mi señora y se empezó a mover. Fue al Pereira Rossell, le hicieron unos test y nos dijeron que era autista. Y Ligüera me empezó a ayudar. A medida que se fueron enterando muchos me ayudaron como (Ignacio) Pallas, el Lolo (Fabián Estoyanoff), Juancito Álvez. No tengo palabras. Gracias a Fénix, después de tres años buscando, hoy en día mi hijo consiguió una escuelita donde va tres veces por semana y a unas clínicas".

La historia del utilero de Fénix es muy particular. Vive en el barrio Marconi y concurría a la barra de Danubio. "Atrás del arco, ahí tengo a todos mis amigos. Soy hincha del club y acá todos lo saben. Pero yo respeto y Fénix me ayudó muchísimo. ¿Cómo vine a dar acá? Yo nunca había trabajado en esto. Cuando falleció el Negro Acosta (utilero de Fénix) un amigo, 'Samanta', me dijo si me animaba. Cómo no me voy a animar si tengo dos botijas, el chico de seis años que es autista y el grande de 12. Y la verdad que Fénix me abrió muchas puertas".

El 7 de enero de 2015, Quique comenzó a trabajar en la utilería del club de Capurro. Por aquellos años Fénix era dirigido por el exigente Rosario Martínez.
La pretemporada transcurrió entre los nervios de concentrar en un hotel donde la lavandería no le entregaba la ropa en tiempo y forma y las bromas de los jugadores. "Me volvían loco", admite.
Pero lo complicado fue su debut. Fénix fue a Las Piedras para jugar con Juventud.

"Pah, mi primer partido oficial con Juventud... Jugaba (Gonzalo) Papa y en pleno partido le rompen la camiseta. Me fui al vestuario como loco y me puse a buscar su segunda camiseta por todos lados. Buscaba números y a las camisetas les veía letras de los nervios que tenía. Y no aparecía. Demoraba y demoraba y por dentro dije, 'ta, me echaron. Y le digo al muchacho que me ayudaba, ya está, último partido. ¿Saben dónde tenía la camiseta? ¡Colgada en el hombro! De los nervios ni cuenta me di. Ahí salí de vuelo para la cancha y en ese momento mete el gol Juventud. Me quería morir. Me vine caminando cabeza gacha y dije 'este es el último partido'. Termina empatado. Y en eso veo que viene Rosario. Y pensé, bueno, ahora me va a decir algo. Pero no, al contrario, me saludó y me dijo bien igual. Y fue un alivio", narró Quique.

Los recuerdos y las anécdotas se suceden. "Yo armo los bolsos acá, pongo los zapatos, las remeras y cuando voy teniendo todo armado voy sacando las cosas para afuera. Samanta y el otro muchacho de la utilería llevan los bolsos para el ómnibus. 'Bueno, todo pronto', dije 'nos vamos'. Cuando salgo del portón para afuera ya voy mal porque voy pensando de qué me pude haber olvidado. Llegamos al Parque Rodó, partido con Defensor. Y me dice Waterman: 'Noni, ¿los zapatos?'. Y empecé a buscar los bolsos. Noooo (se toca la frente). ¡Me olvidé de todos los zapatos! Faltaban 20 minutos para salir a calentar. Llamamos a uno que andaba por la esquina de Capurro y los llevó. Todo por atrás de Rosario para que no se enterara".

En Florida se olvidó de las canilleras. ¿Qué hizo? Llamó al presidente Álvaro Chijane y le dijo: "Después, si quieren me relajan, pero traigan las canilleras. Ya estaba pensando en cortar cartones".
Como en todo equipo en desarrollo, a Quique también le tocó vivir la etapa dura de no cobrar.
"Si claro, nos tocaron épocas difíciles, sin cobrar. Uno ya entró sabiendo que en el fútbol es así, no es solo acá, pasa en todos los cuadros. Y en esos momentos me han ayudado. Los jugadores hacen fondo. Ligüera me ha ayudado hasta estando ahora en Nacional".

Y Rivero da paso a otra historia solidaria de Ligüera como protagonista.
"El hombre me ha llamado y él sabe que no me gusta pedir. Prefiero morirme de hambre pero no pedir, queda feo, y más un hombre. Un día Martín me llama por teléfono, me pregunta por mis gurises y me dice: 'Escuchá Noni, pasame tú número de cédula'. '¿Para qué Martín?', le respondí yo. Y me insistió: 'Vos pasame'. Él estaba con Samanta (su amigo) que es amigo de Ligüera. Entonces Martín me dice: 'Mirá, no me pasás nada, te mando plata con Samanta. Yo sé que están sin cobrar'. Yo me negaba pero el hombre me la mandaba".

"Pallas (al que define con la palabra capitán) también me ayudó. El Lolo, casi todas las semanas el hombre venía. Juancito Álvez. Abascal que es el que lleva la recaudación del fondo. Yo nunca me fui con las manos vacía para casa", cuenta Rivero.

El utilero expresó que los jugadores le hicieron varios regalos. "A mi botija, que colecciona camisetas, le mandan de todos lados. Seba Ribas que jugó en Inter y lo adora al botija, cambió con Deco del Manchester City y se la trajo. La de Llorente también. Ligüera, Papa, Schettino, todos le mandan la camiseta".

El utilero de Fénix dice que le tocó trabajar un buen tiempo con Rosario Martínez, al que definió como "exigente y estricto".

"Con Rosario tengo varias. Un día estábamos en la Naval en un amistoso. Y para entregar los chalecos yo tenía que esperar que el hombre me avisara. Y de repente me dice Martin (Ligüera) 'dame el chaleco'. Pará Martín, le digo. Y Rosario me empezó a gritar. Yo lo dejé, luego me arrimé y le digo: 'Rosario, no sé para qué me grita. A mí nadie me dijo que diera chalecos, pero la próxima vez le voy a dar chalecos a todos. Al otro día me llamó y me pidió disculpas delante de todo el plantel porque me subió la voz delante de todos. Eso tenía de bueno, reconocía".

Quique agregó: "Acá siempre hay que estar de buen humor. Si tenés problemas los tenés que dejar en la puerta de tu casa o acá afuera del portón porque si te ven mal lo notan. Para trabajar acá tenés que ser especial.

Y el hombre concluyó diciendo: "Para mí fue tremendo cambio esto. Yo no sabía nada y fui aprendiendo a los golpes. Si no estaba acá no sé lo que sería... Lo que conseguimos para mi hijo fue todo gracias a Fénix, que me abrió un montón de puertas".

Las cábalas de Denis

Rivero admite que el mayor trabajo lo tiene con los goleros. "Son bravos", expresa. Claro, son los que disponen de más prendas y revela que siempre están "pidiendo las calzas y las térmicas".
Pero con el actual golero de Fénix, Darío Denis, se vuelve loco. Es que es sumamente cabalero.
"Darío es tremendo con las cábalas. Ahora agarró la onda de llamarme, porque la otra vez me llamó y ganamos. Entonces me llama y me pregunta si en la utilería no quedó su calza negra. Y me hace revolver todo. Me enloquece. Y la verdad no está, ya le agarré la onda porque al otro día viene y me dice: 'Sabés que la tenía en el bolso'".

Y enseguida contó una anécdota. "La AUF manda la comunicación de cómo debemos ir vestidos a los partidos. A veces le dicen una ropa que Darío no quiere usar. Todo negro no le gusta. Quiere jugar de camiseta verde y short blanco o si no todo rojo. Cuando vino el juego rojo no teníamos medias y me dijo 'parecemos un circo'. Tuve que pedir que le compraran medias rojas. Fue el día que empatamos 4 a 4 con Danubio. Y claro, para la próxima fecha quería ir de rojo. En la semana le fui hablando: 'Mirá Darío que no sabemos con que ropa nos toca'. El día que jugamos con Nacional nos vestimos de negro. Y como perdimos, para el otro partido con Cerro no quería jugar de negro y fue todo un problema".

La confianza del plantel

Quique dice que los jugadores le dejan cosas de valor. Pero no olvida lo que le pasó en el Saroldi. "Los jugadores habían cobrado y me dejaron todo el dinero. Tenía la billetera llena y lo menos que hice fue mirar el fútbol. Atendía más el vestuario. No tenía ni ganas de salir. Mi mochila, que era chica, parecía Juncadella (por la empresa de caudales)".

Bombilla de Maxi Pérez

"El día que llevaron preso a Rosario en el Parque (Central) salgo y le querían pegar a Maxi Pérez. Maxi estaba con el termo y el mate. Y cuando miro para atrás eran un viaje. Y le digo, vení, vos sos jugador yo no tengo nada para perder. Agarré el termo. Eran una banda de Nacional. Y en el tumulto le perdí la bombilla que le habían regalado para el día del padre".
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