31 de enero 2024 - 5:02hs

El senador del Frente Amplio Charles Carrera hizo un pedido de acceso a la información pública para clarificar “un llamativo y sistemático crecimiento” de las muertes catalogadas oficialmente como “dudosas”.

Carrera está alarmado por el continuo aumento de estas muertes: aquellas que en principio no queda claro si fueron naturales, accidentes, suicidios u homicidios.

El senador del MPP indicó que en el primer semestre de 2023 hubo 108 muertes dudosas. Una cifra que impacta porque en solo seis meses supera el total de 105 que hubo en 2019. En declaraciones a La Diaria dijo que el tema es “un escándalo”.

Denunció, además, que hoy las muertes catalogadas como dudosas equivalen a más de la mitad de los homicidios registrados. Una tasa, “totalmente por fuera” de las reglas internacionales que, según dijo a El País, indican que esa cifra no debería superar el 10% del total.

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Los datos son llamativos, sin dudas. Pero hay algunos puntos importantes que también es necesario tomar en cuenta.

El crecimiento de las muertes dudosas comenzó hace muchos años y también existió en los años en que Carrera fue una figura decisiva en la Policía y el Ministerio del Interior.

Las muertes dudosas no eran el 10% de los homicidios sino casi el 23% en 2012 y en 2019, el último año de gestión completa del Frente Amplio, ya habían ascendido al 27%.

En cifras absolutas, de 63 muertes dudosas en 2012 se pasó a 105 en 2019.

O sea, el crecimiento que alarma a Carrera ya existía cuando él estaba en el Ministerio del Interior.

Eso, por supuesto, no le quita interés al asunto. Si de alguna manera hay homicidios que quedan disimulados como muertes dudosas, es algo que sin duda merece ser denunciado, aclarado y corregido.

Pero Carrera tampoco debería omitir que las cifras que hoy cuestiona son resultado del trabajo del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad, una institución cuyo principal responsable desde hace doce años es el sociólogo Javier Donnangelo, quien también la dirigió durante los gobiernos del Frente Amplio.

¿Donnangelo era confiable cuando el ministro era Bonomi y ahora dejó de serlo?

En 2022, en una entrevista para La Diaria, le pregunté a Donnangelo sobre el aumento de las “muertes dudosas”.

Explicó entonces que un caso terminaba dentro de esa categoría tras un trabajo conjunto de la Policía y la Fiscalía. Y que en caso de no haber acuerdo primaba el criterio de la Fiscalía.

Donnangelo dijo que muchas muertes dudosas podían deberse a personas que morían solas. La pandemia había reforzado esas situaciones, así como también había demorado los trámites que se realizaban para aclarar posibles circunstancias de un fallecimiento de ese tipo.

Pero las muertes dudosas venían aumentando desde antes de la pandemia y siguieron creciendo después. El asunto parece trascender las circunstancias tan particulares que rodearon la emergencia sanitaria.

Donnangelo aportó en aquella entrevista un dato interesante. Sorprendidos por ese crecimiento, el Observatorio había analizado las muertes dudosas de 2020 y 2021. El resultado de ese estudio fue que las víctimas de homicidios y las personas cuya muerte estaba en la categoría de “dudosa” no se parecían entre sí.  “Hay claras diferencias en los perfiles demográficos”, señaló. “Mientras los homicidios involucran mayormente, en promedio, a hombres jóvenes, en las muertes dudosas el perfil de las defunciones es mucho más heterogéneo: la proporción de mujeres es bastante más alta y el promedio de edad de los fallecidos también es apreciablemente más alto”.

O sea que, de acuerdo con ese relevamiento, se trataría de gente distinta y, en consecuencia, de fenómenos distintos.

En abril, el periodista Tomer Urwicz publicó en El Observador una nota que quizás también puede significar una pista a tomar en cuenta. El artículo daba cuenta que las muertes por causas inexplicadas también vienen creciendo en las estadísticas que lleva el Ministerio de Salud Pública. Con algunos altibajos, el incremento se arrastra desde 1997. Y ha sido continuo y muy notorio a partir de 2017. En 2022 hubo 5.295 muertes por causas inexplicadas para las autoridades de la salud.

Consultado por Urwicz, el catedrático de Medicina Legal, Hugo Rodríguez, señaló que el fenómeno no está del todo claro. Pero sus hipótesis van por dos lados: aumento de gente que muere sola en sus casas y médicos que no completan los certificados de defunción como corresponde y dan pase a un fiscal, que nunca aclarará las razones médicas de un fallecimiento.

Los fiscales que intervienen junto con la Policía en la fijación de la categoría del fallecimiento –natural, accidente, suicidio, homicidio o dudoso- son los de flagrancia.

El 25 de enero, en el programa Desayunos Informales, se le preguntó sobre este tema al fiscal Willian Rosa, que además de presidente de la Asociación de Fiscales del Uruguay es, justamente, fiscal de flagrancia.

Rosa explicó que los fiscales no siempre van al terreno de los hechos y por lo tanto –para saber si una muerte fue provocada o no - se manejan con la información de la Policía y con la que luego les envía el Instituto Técnico Forense.

“Cuando no es claramente un homicidio se suele llamar a un fiscal de flagrancia. A partir de ahí, el fiscal da determinadas órdenes, que lo valore en un médico forense...”, dijo Rosa.

El presidente del gremio de fiscales señaló que tras esa intervención del forense, el caso se archivará o pasará a un fiscal de homicidios. Agregó que si los forenses comprueban que efectivamente se trató de un homicidio, él no sabe si el Ministerio del Interior le cambia o no el rótulo de “muerte dudosa”. Su atención está focalizada en aclarar los casos y no en las estadísticas que lleva el Ministerio del Interior. “A nosotros no nos interesa en absoluto entrar en esta polémica, porque es una polémica claramente política”, agregó.

Pero cuando a Rosa se le preguntó en concreto si le pasa con frecuencia que casos que llegan como “muertes dudosas” luego, tras la intervención de un forense, resulta que eran homicidios, fue claro y contundente: “No, en absoluto”, respondió, tajante.

O sea, los fiscales de flagrancia no detectan el maquillaje que denuncia Carrera.

Mientras tanto, las cifras de Salud Pública –que no las maneja el Ministerio del Interior– parecen indicar que no se trata de un asunto criminal, sino de otra índole, y que viene creciendo desde hace décadas.

Un fenómeno que, además, en lo que respecta al Ministerio del Interior, es medido por una oficina que dirige el mismo profesional que lo hacía durante los gobiernos del Frente Amplio.

¿Tiene pruebas Carrera de su supuesto maquillaje de “muertes dudosas”?

¿Tiene un caso concreto al menos? ¿Dos casos, tres casos?

Si tiene esas pruebas o conoce algún caso, sería bueno que los presentara para poder analizarlos.

De lo contrario, sería más prudente estudiar a fondo el tema con seriedad y lejos del ruido electoral.

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