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Los 34 granjeros que evitaron bajar la cortina y son exitosos

Le venden al Estado, tienen puesto en el Mercado Modelo y una moderna planta procesadora de vegetales 

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03 de noviembre de 2019 a las 15:30

Por Juan Samuelle, enviado a San Antonio

Cuando lo habitual es saber que hay productores que por un conjunto de adversidades se ven obligados a bajar las cortinas, satisface conocer que otros no estuvieron lejos de eso, pero que se las ingeniaron para seguir adelante (y con un éxito admirable).

Lo del fracaso sucede sobre todo con tamberos, arroceros y granjeros. Lo del ejemplo de la batalla ganada tiene como protagonistas a 34 horticultores de San Antonio, integrantes de la Cooperativa Agraria de Productores Rurales Unidos de San Antonio (Coaprusa).

 

 

Su presidente, Noel Pérez, recibió a El Observador en la sede que la cooperativa posee en esa ciudad canaria. Allí explicó que esta historia, con final feliz y buenas perspectivas, comenzó hace cinco años cuando la Intendencia de Canelones trasladó a la Sociedad de Fomento Rural de San Antonio un proyecto relacionado con la comercialización de hortalizas al Ministerio del Interior, para abastecer a las cárceles, en el marco de emprendimientos similares con entidades que agrupaban a productores de carnes de pollo y cerdo. Y Coaprusa nació desde la Fomento Rural de San Antonio para aprovechar ese proyecto.

Los productores de Coaprusa (coaprusa.com) son todos de San Antonio y de escala familiar, con tres o cuatro hectáreas promedio para producir los más pequeños, algunos que tienen 20 y el más grande con algo más de 100 hectáreas. No obstante, todos tienen las mismas obligaciones y beneficios: “Todos tienen la misma cuota de remisión de mercadería, todos tienen un voto y las utilidades son equitativas”.

Esa variedad de tamaños, explicó, es una de las fortalezas, dado que permite mantener la imagen de seriedad al cumplir con los volúmenes demandados y los plazos de entrega. Otra, señaló, es que “los productores tienen mucho conocimiento, experiencia y altísima calidad productiva”.

Esta cooperativa, dedicada inicialmente a abastecer al Ministerio del Interior (primero para unas pocas cárceles en el sur  y ahora para las de todo el país) se trazó otras dos metas y las alcanzó.

Hace un año instaló en el Mercado Modelo un local mayorista propio, donde con el gerenciamiento de Gustavo Patrón también se expende mercadería fresca. Incluso ya se activó la inversión para disponer de dos puestos en la futura Unidad Agroalimentaria Metropolitana –hacia donde se mudará el Mercado Modelo– y uno en el mercado polivalente que allí habrá para comercializar procesados.

Lo nuevo es que hace un par de meses, tras tres años de inversión y esfuerzo, se estrenó la planta de procesamiento de vegetales, en uno de los extremos de la ciudad, sobre el camino que va hacia la vecina Santa Rosa.

El emprendimiento inicial, vender verduras frescas para las cárceles, fue vital para ahorrar e invertir en la planta. “La idea siempre fue no conformarnos, llegar a nuevos mercados e incluso ya tenemos algunas otras ideas”, reflexionó.

¿Cómo se llegó a concretar el anhelo de la planta propia? La intendencia cedió en comodato un terreno con una construcción básica, primero por cinco años y ahora por 20; el Ministerio de Industria y Energía aportó equipamientos, herramientas y tecnología; y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca hizo un aporte económico. “Valoramos mucho cada ayuda”, remarcó.

Respecto al capital necesario para la obra, la Fomento Rural de San Antonio se ocupó al inicio y alcanzó a un 20% del total. Luego todo dependió de la cooperativa, en una inversión global de US$ 200 mil. Eso es estimado, porque hay desarrollos pendientes. Y ese dinero lo generó la cooperativa evitando financiaciones externas. Solo se recurrió a ello (al Instituto Nacional del Cooperativismo) para adquirir tres camiones que trasladan la producción fresca y eso se pagó con los ahorros en el costo de los fletes (para lo procesado se contrata transporte con cámaras de frío).

 

 

La inversión, como la cantidad de empleos generados, son de enorme valor en San Antonio, una ciudad de unos 3.000 habitantes donde ya es por lejos la principal fuente laboral.

“Tenemos 20 trabajadores, seis en la planta y el resto en la comercialización de productos sin procesar. Es una cantidad importante. Quisiéramos que fueran más y tenemos muchas expectativas”, dijo Pérez, quien recordó que apenas se supo que esto se pondría en marcha sin hacer un llamado de inmediato había 90 interesados.

La planta posee todas las habilitaciones para que lo que de allí sale se comercialice en Montevideo y Canelones. Además de vender la producción a una red de comerciantes que se enriquece conforme los productos se van conociendo, ya se ganó una licitación para abastecer al hospital de Las Piedras.

Desde la planta salen vegetales procesados, lavados y desinfectados, distribuidos por la cooperativa en bolsas de calidad alimentaria de dos, tres y cinco kilos, prontos para ser consumidos directamente y/o utilizados para diversas elaboraciones (listos para ir a la olla, por ejemplo) y con una vida útil promedio de cuatro días si se los conserva con 4 °C a 5 °C.

“La producción es de calidad uniforme y excelente”, dijo Pérez, aludiendo al cumplimiento de protocolos productivos y de procesamiento que aseguran valores nutritivos óptimos y seguridad alimentaria. Leonardo Barrero es el técnico que se ocupa de ello. “Tenemos excelentes comentarios desde los distintos clientes”, señaló Pérez con orgullo.

Añadió que “queremos seguir paso a paso, con la expectativa de competir en el mercado con otras propuestas muy buenas y con más recorrido, pero nos tenemos una confianza bárbara”.

Mencionó que al desafío de crecer en lo económico se añade el de avanzar en el respeto a los valores de cooperativismo, en un escenario en el que normalmente ha primado la individualidad.

Subrayó que el de Coaprusa es “un excelente ejemplo” de ayudas a “productores de verdad, esto cayó donde debía caer, acá no hay gente de otros rubros, no hay capitalistas, somos todos granjeros y por esto tiene mucho de pasión”.

Y es, a la vez, “un excelente ejemplo de un buen uso de ayudas que sirvieron para el empujón inicial, pero lo mejor de todo es que la gran parte de todo esto lo hicimos nosotros, con la alegría de haber ayudado a evitar que muchos deban tirar la toalla”.

 

 

Está identificado el origen de cada alimento

En la planta el proceso se inicia recibiendo la materia prima fresca preseleccionada (llega “de quintas propias” de los cooperativistas y eso es clave para la calidad del producto final).

Catherine Pavan es la encargada y responsable de los manejos en la moderna planta. Allí explicó que lo primero es la recepción, pesado y registro de toda la mercadería que arriba.

Según cuál sea el producto, hay un primer lavado. Luego se pasa al pelado y al lavado principal (o único) para quitar impurezas. Después la mercadería va a la zona de envasado, donde lo primero es una desinfección para bajar la carga microbiana y luego el cortado y envasado. Ese lavado desinfectivo es antes o después de los cortes o picados, según convenga. Y en el caso de papa, boniato y manzana hay además un pardeamiento, para evitar que el alimento se oscurezca. Cada uno de los procesos está debidamente habilitado. Con relación a los cortes, algunos se hacen a mano y para otros hay un robot, tecnología que permite adecuar los cortes a las necesidades de los clientes.

El final del proceso es el etiquetado y la disposición de las bolsas en la cámara frigorífica a la espera de la distribución.

Un gran ventaja es que existe trazabilidad, es decir que en caso de un eventual problema al consumo se puede ir hacia atrás en la cadena y saber de qué quinta provino el alimento.

 

 

 

 

 

Mucho espacio para crecer
La planta de Coaprusa está activa cuatro horas diarias de lunes a viernes y cada semana se procesan 700 kilos de vegetales. La capacidad para crecer es enorme. La cooperativa, además, comercializa en el Mercado Modelo 80 mil kilos de hortalizas frescas por semana de los cooperativistas y otros productores, nucleando a 60 remitentes de diversas localidades canarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los productos

Coaprusa vende desde su planta de procesamiento de vegetales: papa en cubos, bastones y entera; zanahoria entera, rallada y en cubos; zapallo kabutiá en trozos y en cubos; zapallo calabacín en trozos y rodajas; boniato cuabé y cuarí en trozos, rodajas, cubos y mitades; cebolla en cubos, juliana y entera; acelga en hojas enteras; morrón en cubos, tiras y entero; lechuga en hojas enteras; espinaca en hojas enteras; y puerro en juliana y entero. También se procesa una fruta, manzana: pelada y descarozada. Y hay otros productos “planeados”, por ejemplo acelga cocida (lista para el relleno).

 

 

 

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