24 de octubre 2017 - 5:00hs

Un país decidido a hacer las cosas bien": así definió el presidente Mauricio Macri el contundente respaldo obtenido este domingo en las urnas, 41% a nivel nacional que superó largamente la ya expresiva marca de 36% que había logrado en las Paso de agosto.

Después del clima enrarecido que caracterizó el cierre de campaña, con el país en vilo ante la resolución del caso Maldonado, los festejos en el búnker de Cambiemos, más contenidos que en otras ocasiones, tuvieron mucho de alivio.

Para empezar, por los cuatro puntos de ventaja sobre el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, la contundente victoria de Elisa Carrió en capital federal y las victorias en otras 12 provincias, incluidas Salta y Santa Fe, donde el peronismo se había impuesto en las primarias.

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Pero no fue ese el único motivo de alivio para el gobierno. También hubo tranquilidad por la reacción medida de la propia Cristina fernández de Kirchner.

En las horas previas a la elección circuló la versión de que la expresidenta podría impugnar un eventual resultado negativo, una situación a la que muchos temían por sus impredecibles consecuencias en un momento de ánimos exacerbados.

Pero a pesar de no estar acostumbrada a perder, y aunque aclaró que los números de su centro de cómputos no daban los mismos resultados que el del escrutinio oficial, reconoció la derrota en un discurso calmo y sin estridencias.

La sensación que dejó la elección legislativa de medio término es que la coalición Cambiemos ganó mucho más que 21 nuevas bancas en la cámara de diputados y ocho en el Senado: logró despejar los fantasmas de la "falta de gobernabilidad" que acecha a todo partido no peronista que alcanza el poder.

Ahora con la sensación de que empieza la fase "en serio" del programa del gobierno y con Macri en la "pole position" para la reelección de 2019, quedó en claro para todos que arranca una nueva etapa política.

Y el mayor cambio no necesariamente será el que ocurra a nivel parlamentario, ya que Macri seguirá sin mayoría propia y dependiendo de la negociación con el peronismo ligado a las gobernaciones provinciales.

De la misma manera que en estos dos años necesitó el voto peronista para aprobar leyes fundamentales, como la negociación con los fondos buitre o el blanqueo de capitales y la reparación histórica a los jubilados, también deberá continuar con ese estilo negociador con la nueva agenda de reformas.

En cambio, donde sí se moverá el tablero es en el plano de la política partidaria: el peronismo ingresa en una etapa compleja donde no queda en claro si Fernández será capaz de mantener su liderazgo.

No por casualidad, el cántico más coreado de la noche, con cierto estilo de "gastada" futbolera fue el "no vuelven más", dedicado por los militantes macristas a los kirchneristas.

Por más que la expresidenta intente presentar el resultado como la consolidación de su liderazgo personal en una porción de la sociedad que, con casi 60%, se opone al macrismo, todos saben que esa no será la interpretación que harán ni la opinión pública ni la interna del peronismo.

La expresidenta sabe que, por más que haya conquistado una banca en el Senado, ahora vendrán los pases de factura del peronismo, un partido en el cual se perdona todo menos la derrota.
Perdió Fernández, ¿Macri sufre?

Mientras Fernández intenta convencer a su militancia de que la derrota electoral es una circunstancia remontable y no es un fin de ciclo, el macrismo se enfrenta a su paradoja: empieza a perderse el principal combustible del crecimiento de Cambiemos.

Porque si alguien le sacó todo el jugo posible a la "grieta", ese fue Macri: hasta ahora, su gran capital político fue su capacidad de impedir un regreso del kirchnerismo al poder.

El caso Maldonado confirmó lo que se creía: que en situaciones de fractura social y ánimos exasperados, este tipo de episodios refuerza las creencias previas. De manera que, ante la politización de la desaparición del joven artesano, el macrismo no perdió votos sino que hasta revalidó sus defensas ante el kirchnerismo.

Pero, como todo, también eso tiene un efecto decreciente. En algún momento, el "no vuelven más" que se escuchó la noche del festejo macrista perderá vigencia y será necesario sustituirlo por otra consigna. Está ahí la gran paradoja de Cambiemos.

Es un espacio político que nació, creció y se consolidó impulsado por una fuerza poderosa: el espanto al kirchnerismo. Eso fue lo que mantuvo la cohesión en una alianza heterogénea, donde conviven desde los viejos radicales que piden más institucionalidad hasta la nueva derecha liberal con valores de eficiencia empresarial.

Eso fue, también, lo que disimuló la impaciencia y el enojo por la falta de resultados de la economía y por las desprolijidades del "tarifazo" en los primeros meses de gestión macrista.

Fue lo que acalló las protestas de quienes pedían más velocidad en los cambios y más decisión a la hora de los ajustes. El miedo al kirchnerismo fue lo que impulsó a la clase media a volcarse a las calles cuando en abril sintió que la oposición quería instalar un "clima destituyente".

Pero ahora aparece el gran desafío para Macri y Cambiemos: a medida que el "fantasma K" se diluye y que Fernández empieza a preocuparse más por sus problemas con la Justicia que por candidaturas para 2019, el gobierno debe ingresar en una nueva etapa.

Algunos la definen como la del "verdadero" programa de gobierno macrista.

En medio de la alegría por los festejos, los principales dirigentes de Cambiemos dejaron señales en el sentido de que captan el punto de inflexión: las alusiones a la necesidad de mejora en la gestión y en los indicadores sociales empiezan a ocupar más espacios de discurso que las alusiones a las diferencias de estilo con el kirchnerismo.

EN CIFRAS

14 provincias apuntalaron el triunfo de Cambiemos en todo el país.

3 provincias ganó el kircherismo: Tierra del Fuego, Río Negro y San Luis.

40,59% es el total de votos obtenido por el oficialismo contra 21,03% del kirchnerismo y 13,77% del justicialismo.

107
diputados tendrá Cambiemos; el kirchnerismo 67 y el Partido Justicialista 38. En el Senado, Cambiemos tendrá 24 bancas; 23 serán justicialistas y 10 kirchneristas.



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