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Jorge Cardaccio en la actualidad; al igual que muchos años atrás, sigue trabajando en el taxi

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Nacional lo dejó libre en 1988, pero volvió mientras corría por los canteros y manejaba un taxi: la vida de Cardaccio

Nacional lo dejó libre tras clasificar a la Copa 1988, pero lo volvió a contratar mientras corría por los canteros y manejaba un taxi; cargó garrafas de supergas al hombro y jugó con Manga y Ancheta en Gremio: la vida de Jorge Cardaccio

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06 de junio de 2021 a las 05:00

Su hermano Alberto era el famoso que jugaba en la selección y que fue al Mundial de Alemania 74, pero él, Jorge Daniel Cardaccio, llegó a un grande como Nacional que lo dejó libre justo cuando iba a empezar la Libertadores de 1988 y entonces salió a correr por los canteros de la Avenida Centenario. Pero Roberto Fleitas le pidió al club que volviera para jugar al lado del Vasco Ostolaza y ganaron la Copa y la Intercontinental.

De aquellos potreros de Piedras Blancas en los que se crió, su padre lo llevó a entrenar a los tricolores. Se llamaba Víctor Adolfo (tenía un hermano mellizo cuyo nombre era Adolfo Víctor) y había jugado en la Reserva de Nacional. En su puesto de lateral derecho, su papá tenía por encima de él al Mono Schubert Gambetta, que jugaba todos los partidos, nunca se lesionaba y tenía un nivel impresionante. Por eso no pudo jugar nunca en Primera.

Jorge siempre se reflejó en su hermano Alberto, que era su ídolo. Le dejó las mejores enseñanzas. Vivió en carne propia cómo era como profesional. Pero siendo un niño, jugaba a ser Artime y que atajaba como Manga. Su hermano murió en 2015, en un accidente de tránsito con el taxi en la rambla del Parque Rodó. Fue un golpazo para todos.

Jorge Cardaccio con su familia a pleno en una celebración; entre otros, aparecen sus nietos

Su padre lo llevó a entrenar al Gran Parque Central, porque conocía al intendente que era nada menos que el Pato Galvalisi. Fue una o dos veces, pero era muy complicado poder ser elegido en un equipo de jóvenes que dirigía el argentino Miguel Ignomiriello y en el que estaban, entre otros, Darío Pereira y Juan Ramón Carrasco.

“Al lado de ellos era un pichoncito. Después agarré más físico. Ahí fui y me probé como lateral derecho, como había jugado mi viejo”, explica Jorge a Referí.

El debut de Jorge Cardaccio fue este día con Central y en la B; es el segundo de abajo desde la izquierda

Entonces, se fue a probar en la Quinta de Central que jugaba en la B. Se tomaba el 192 y lo dejaba en la puerta del Parque Palermo. Pasó la prueba y al tercer año jugó en el plantel principal.

En aquella época ascendió Fénix y compró a tres futbolistas de Central: el arquero Mario Alles, Sergio Peluffo y a Jorge. Ya allí jugaba como volante. “Como mi hermano era medio famoso de ‘5’, me pusieron en esa posición”.

En esa época trabajaba porque lo que ganaba no le alcanzaba para vivir. Su padre tenía un taxi y él comenzó con ese trabajo que conserva hasta el día de hoy.

Jorge Cardaccio con la camiseta de Fénix; se lo observa en el medio entre los parados

En Fénix tenían un gran equipo y fueron campeones de los chicos, ganando la Copa Montevideo. Para costearse sus propios sueldos, hicieron una gira por Costa Rica, Colombia, Ecuador, Honduras y Venezuela, jugando 11 partidos en pocos días. “En Honduras no nos dejaban salir a la calle por la inseguridad y en El Salvador nos tiraron de todo desde la tribuna. Estuvo muy complicado”, dice.

En esa época, hacía reparto de supergas ayudando a su padre. “Me levantaba bien temprano, a las 6, para ir a la planta a cargar las garrafas en La Tablada, había que hacer cola y salíamos a repartir a la zona que nos tocaba. A eso sí que había que ponerle el hombro. Y de ahí a Capurro a entrenar”, recuerda.

Marcos Lubelski, uno de los primeros representantes que tuvo el fútbol uruguayo, habló con los dirigentes de Fénix y lo llevó a Gremio de Porto Alegre. Entre él y Juan Figer acordaron todo. “Para mí era algo tremendo. Era un gurí de los de antes, porque ahora se van más jóvenes. No tenía mucha experiencia en Primera, solo un año”.

El arquero Walter Corbo estaba como uno de los dos extranjeros y a su salida entró él ocupando ese lugar.

Atilio Ancheta, Manga y Jorge Cardaccio, con la copa de campeones del Torneo Gaúcho 1979 defendiendo a Gremio de Porto Alegre

Cuando llegó se encontró que el golero del equipo era nada menos que Manga y el notable futbolista que había pasado por Nacional, y quien había sido justamente compañero del arquero, el uruguayo Atilio Ancheta. “Me parecía increíble estar ahí, porque los había ido a ver como hincha al Estadio Centenario. Eran figuras, además, no solo compañeros. También compartió plantel con Paulo César Cajú, el famoso puntero campeón del mundo con Brasil en 1970. “Me saqué una foto con él cuando salimos campeones gaúchos en 1979”, comenta, a la vez que recuerda que otros delanteros que había eran Eder (quien jugó el Mundial de España 82) y Baltazar (que en 1989 ganó la Copa América ante Uruguay, aunque no jugó). Con este último fueron compañeros de apartamento. “Era goleador empedernido”, dice.

Ancheta tocaba la guitarra, y Jorge lo vio cantando cuando lo invitó a su casa; hasta llegó a tener su disco propio.

Jorge Cardaccio junto a Paulo César Cajú, el puntero que ganó la Copa del Mundo con Brasil en 1970, mostrando la copa ganada con Gremio tras la obtención del Torneo Gaúcho 1979

Pese a que jugó poco, tiene un buen recuerdo de Gremio. Cuando se fue del club, le dejó el lugar de extranjero nada menos que a Hugo De León.

Lubelski lo llevó con el Huevo Franco a Toluca. “Querían un ‘9’ y como mi hermano estaba en México y en una etapa muy buena, Marcos aprovechó y me metió a mí. Teníamos que entrenar en la altura. Jugamos una Liguilla y no nos fue bien”.

Allí jugaba Juan Carlos Paz, el volante ex Wanderers y que luego sería campeón de la Libertadores 1987 con Peñarol. “Era el número 1, ¡qué jugador!”, explica. Y agrega con una sonrisa: “Nos invitó a su casamiento a mí y a Franco. Nos dio la dirección y nunca encontramos la iglesia. No sé si nos perdimos o nos dio mal la dirección”.

Jorge Cardaccio en la actualidad; maneja su propio taxi

Entonces, se fue con su hermano a Monterrey y se quedó lo que faltaba del año sin jugar. El técnico de Monterrey era el argentino Pedro Dellacha -quien en 1977 había dirigido a Nacional-, llegó a practicar, pero nunca habló para quedarse.

Jorge volvió a Fénix, a quien dirigía el profesor José Ricardo De León y el preparador físico era Antonio Tchakidjian. De León, quien había estado en Nacional, se llevó a Adán Machado y a Miguel Caillava para los albivioletas.

“Tenía su forma de jugar y de acuerdo a eso trabajaba y entrenaba. Tenía un método y él jugaba a eso. Trabajaba mucho e inculcaba la idea que él tenía, que era distinta a lo que se practicaba acá, sobre todo, en los tiempos que te hacía trabajar determinada cosa. Era muy estratega”, sostiene. Luego lo dirigió Gualberto Díaz.

El pasaje de Jorge Cardaccio por Sud América; se lo ve en el medio de la fila de arriba en la que están además, entre otros, Nelson Agresta, el Culaca González, Miguel Piazza y el arquero Juan Bogado

Se quedó sin equipo y recibió una llamada. Del otro lado del auricular escuchó al presidente de Progreso de entonces, Tabaré Vázquez. “Tenía casi todo arreglado, pero al otro día me llamó Gualberto, que ya me había dirigido, para que me fuera con él a Sud América. ‘¡Qué te vas a ir a Progreso! ¡Venite conmigo!’, y entonces le agradecí a Tabaré, pero le dije que no y me fui con Gualberto”, explica.

En Sud América había estado Roberto Perfumo de técnico y le hizo un juicio y el club “quedó en la vía. No había un peso. Fuimos a jugar contra Peñarol al Estadio Centenario y entramos con un cartel que decía: ‘Nos deben ocho meses de sueldo’, ¡y le empatamos a Peñarol!”.

En ese plantel estaban Nelson Agresta, Julio Ribas, el Culaca González, Miguel Piazza y el arquero era Juan Bogado. Más tarde llegó como técnico el Cata Roque.

Se quedó nuevamente sin equipo, pero entonces ya estaba casado y no tenía qué hacer. “Empecé a entrenar por mi cuenta y en ese momento hablé con el Ing. Del Campo por la posibilidad de jugar en Danubio”, dice.

Jorge Cardaccio y Nacional, una sociedad que consiguió muy buenos dividendos

Pero Nacional contrató al Cata Roque, quien lo volvió a llamar por la confianza que su juego siempre le daba. Le dijo que estaba hablando con Danubio, y el técnico le contestó: “No se apure que está la posibilidad de que venga a Nacional”.

“Nunca me imaginé que me iba a llamar. A los pocos días me llamaron que me presentara en la sede para ir a hablar. Hablé con Lavalleja Sarriés y arreglé enseguida”. Así recuerda uno de los momentos más felices de su carrera futbolística.

“Vivía en casa de mis suegros porque no tenía dónde vivir y corría por los canteros de la Avenida Centenario. Cuando llegué a la sede de Nacional, había una señora que se me cruzó de frente y me dijo: ‘Al que queremos es al Pelado Peña’. ¡Quedé congelado! Recién entraba a la sede y una señora que no conocía me dijo eso. Después, con el tiempo, nos regalaba caramelos en todos los partidos. Arreglé por un año y fue aquel Uruguayo que terminamos con más puntos que Peñarol, pero por un acuerdo interno de ambos clubes hubo que jugar una final y nos ganaron por penales”.

En 1987 llegó Sergio Markarian a Nacional. “Me volvieron a contratar y me llamó para comer un asado junto al profesor Sosa. Sergio me dijo: ‘Bocha, quería comentarte que nosotros tenemos pensado traer al Vasco Ostolaza’. ‘Ah, bueno’, le dije. Y me respondió: ‘Pensamos que tener a dos jugadores en la misma posición es complicado’, como diciéndome que no tenía pensado contar conmigo. Y yo le respondí: ‘¿Sabe una cosa? Yo no tengo problema si me tengo que quedar en Nacional para pelear el puesto con otro jugador’. Y le cayó bien eso que le dije y me comentó que si era así, que me quedaba”.

El equipo de Nacional que hizo historia en 1988

Y añade: “Nacional se iba de gira y me salió un pase para Mandiyú de Corrientes que estaba en la Primera del fútbol argentino. Yo quería quedarme en Nacional. Estaba en la sede y se cruzó Rogelio Ramírez: ‘¿No está contento que se va para Mandiyú?’. ‘No, la verdad que no’, le contesté. ‘¿Cómo no?’, insistió. ‘No, yo quiero seguir en Nacional’, le volví a decir. Fue para adentro, arregló todo para que me quedara, y ahí me llevaron a la gira”.

Luego llegó a Nacional el profe De León, quien ya lo había dirigido en Fénix, y tuvo como compañero a Julio Ribas, con el que había coincidido en Sud América.

A fines de la temporada 1987, ya en enero de 1988, clasificaron a la Copa Libertadores de 1988 y Nacional lo dejó libre. “Pensé: ‘¡justo que tengo la oportunidad de jugar la copa, me dejan libre!’. Empecé a entrenar por los canteros de Centenario otra vez. Empezaron los amistosos y yo no estaba. Pasaron 20 días y me llamaron con la posibilidad de volver. Ceferino Rodríguez se ocupaba de la parte económica y fue quien me mandó llamar. Fleitas quería contar conmigo”.

Jorge Cardaccio junto a José Luis PIntos Saldaña celebrando la Copa Libertadores 1988 para Nacional

La alegría de volver a su equipo era enorme: “De a poquito, me tuve que ganar el puesto otra vez. Jugamos juntos con el Vasco (Ostolaza) y había algunos que decían que no podíamos porque éramos dos roperos”, recuerda.

Y en marzo, se acuerda que debieron hacer una gira por Centroamérica para poder conseguir fondos para los sueldos.

“La alimentación era complicada porque en Centroamérica comen arrocito, frijoles y poco pan. Una noche sacaron de apuro unos sándwiches para engañar el estómago porque habíamos llegado tarde. Esa gira nos fue juntando, nos fuimos conociendo más. Lo mejor es conocerse en las malas. Pasamos momentos difíciles, pero no nos llevamos mal. Estábamos en un momento de la guerrilla de El Salvador y veías a todos los guerrilleros con sus metralletas. Además, hacíamos viajes insólitos en los que pasábamos a 30 centímetros del precipicio. ¡Era una cosa de locos! Pensábamos que en cualquier momento se caía el ómnibus. No sabíamos qué hacer”, explica Cardaccio.

Y añade: “Por todas las dificultades económicas con las que empezamos aquel año, ni soñábamos con ser campeones de la Copa Libertadores”.

Levantando los brazos en Tokio tras ganar la Intercontinental 1988 con Nacional; Jorge Cardaccio fue un puntal en el mediocampo

Cuando firmó su nuevo contrato con Nacional, le dijeron el dinero que le podían pagar de sueldo, una cifra no muy grande. Y a Cardaccio se le ocurrió decirle a Ceferino Rodríguez: “Acepto el sueldo, pero me gustaría poner cifras por premios. Por ejemplo, si ganamos la primera fase de la Copa”. Entonces cuenta que él “ponía cifras chicas y Ceferino me las aceptaba. Y le dije: ‘¿Y por salir campeones de América?’ Y puse una cifra como de US$ 1.000 o US$ 2.000, y él aceptó. Capaz que le decía US$ 20.000 y también aceptaba. Nadie creía en que nosotros podíamos ganar la Copa”.

En aquella Copa pasó de todo un poco. En la fase previa contra Newell’s Old Boys –en esa Copa se enfrentaron antes de las finales– se hizo un gol en contra que dejaba fuera del torneo a Peñarol, que al mismo tiempo enfrentaba a San Lorenzo en Argentina. ¡Y justo el 28 de setiembre, el día de fundación del eterno rival!

“Fue sin querer, no fue a propósito ni de gusto. Peñarol quedó eliminado por ese gol ya que lo dejaba fuera la diferencia. Recuerdo que cuando salí del vestuario, vino Rosa Luna –gran hincha de Nacional–, me abrazó con todo, me palmeó la espalda y me comentó: ‘Bochita, este fue el mejor gol que hiciste en tu vida’.

Varios campeones de la Libertadores 1988 con Nacional celebraron los 30 años en octubre de 2018; entre ellos, aparece Jorge Cardaccio

Su compañero de pieza era Daniel Felipe Revelez, un tremendo zaguero con una personalidad enorme. Cardaccio se acuerda de una anécdota: “Era un roble. Jugó mucho tiempo con un pinchazo en el talón y no sabía qué le pasaba, ni él ni los médicos. No encontraban nada. En aquella época, los zapatos de fútbol se limpiaban con cepillo de alambre y uno de los hilos de ese alambre, lo había atravesado en el talón. Él jugaba como si nada, pese a ese dolor tremendo, hasta que se dio cuenta y se le fue el dolor”.

Uno de los mejores recuerdos de aquel título continental de 1988 se dio con el gol de Juan Carlos De Lima a América de Cali de visita para el 1-1 a falta de 8 minutos y la clasificación a la final.

El capitán Hugo De León levanta la primera Recopa Sudamericana en 1989, luego de vencer a Racing de Avellanda; a sus flancos aparecen Jorge Cardaccio y Sergio Olivera

“Estaba el tema de los narcos, no salíamos ni a la esquina. Al mediodía del partido nos pusieron una tarima y empezó un desfile de chicas. Saúl Rivero, Cono Caminatti y Fleitas cerraban las cortinas para que no viéramos. Estaban todas en bikini. La noche anterior era una lluvia de cohetes por todos lados para tratar de que no pudiéramos dormir. Al entrar al estadio, el capo de la hinchada pechó a Jorge Seré para amedrentarnos. Siempre dije que esas cosas nos hicieron más fuertes de cara al partido. Llegó ese gol de Carlitos (De Lima) con la pelota cruzada que le metió Yubert (Lemos). Fue espectacular. Se tiró de cabeza. Teníamos como árbitro a Arpi Filho que flechaba la cancha de una manera bárbara. Por suerte, sacamos ese punto para llegar a la final”.

La final tan esperada ante Newell’s contó con todo un movimiento de hinchas tremendo.

“La salida de Los Céspedes fue espectacular. La gente paró el ómnibus por el hipódromo, se nos ponía delante. Juntaban las manos como pidiendo por favor y eso cómo te llega adentro, lo sentís. El año anterior, el título lo había ganado Peñarol y el hincha quería ganar esa copa”, explica.

Y añade: “El recibimiento en el Centenario fue tremendo, teníamos un jugador más. Fue el mejor partido que jugamos”.

Jorge Cardaccio en un homenaje a los campeones de 1988 con Nacional

Después de ganar la final, de la vuelta olímpica inolvidable, se fue con sus hermanos y sus padres. Luego, con sus hijos que eran chicos, fue hasta 18 de Julio y se entreveró con los hinchas, como para vivir el festejo desde adentro. “Iba camuflado dentro del auto, porque si me reconocían, de la alegría me daban vuelta el auto”, cuenta sonriendo.

Entonces recuerda el contrato que había firmado. “A Ceferino le cobré el premio, firmé el peor contrato en cuanto a sueldo, pero puse esa cláusula y fue el año que gané más”.

El Bocha, apodo que heredó de su hermano, también fue campeón de la Copa Intercontinental, aquella inolvidable que fue a la definición por penales infartante ante PSV Eindhoven de Ronald Koeman y Romário, entre otras figuras. Jugó hasta los 75 minutos y lo suplantó Héctor Morán.

Pero no se quedó allí su periplo con los tricolores. También ganó la Recopa Sudamericana contra Racing de Avellaneda, y en marzo de 1989, del último título internacional que obtuvo un equipo uruguayo: la Copa Interamericana ante Olimpia de Honduras. Total: cuatro títulos internacionales.

Allí ya fue con Héctor “Pichón” Núñez como entrenador. “Él  venía con una idea europea que estaba buena, interesante, y hubo un poco de recambio de jugadores porque se sumaron Fonseca, Noé, Cabrera y Zoppi, entre otros”.

Pese al paso del tiempo, Nacional siempre está en el mejor recuerdo de Jorge Cardaccio

Hoy trabaja en su propio taxi y también con su hijo hacen arreglos en apartamentos que heredó para alquilar.

Hace poco se contagió de covid-19 con toda su familia y lo sobrellevaron bien.

El Bocha Cardaccio es un icono viviente de Nacional. Dejó un recuerdo imborrable en una hinchada que lo quiere como hace más de 30 años cuando jugaba. Como cuando entrenaba corriendo por los canteros de la Avenida Centenario.

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