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23 de marzo de 2017 5:00 hs
Neymar jugó solo una vez en el estadio Centenario. Fue en 2011 cuando tenía 19 años y llegó con Santos para disputar la final de la Copa Libertadores frente a Peñarol. En un video de la previa de aquel partido, el delantero dijo: "Oh, caramba, el infierno está ahí". Hoy vuelve al averno, en una situación diferente: vistiendo la camiseta de Brasil frente a la selección de Uruguay.

Es figura en un equipo de grandes luminarias como Barcelona de España, y la estrella máxima del seleccionado norteño que lidera las Eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018.

"Neymar quedó en deuda" tituló El Observador una crónica sobre el desempeño del jugador en aquella final contra los aurinegros y agregó: "El niño del pelopincho (por el corte que tenía en aquel tiempo) se fue del Centenario dejando sabor a poco. Tal vez se guardó los bombones para el Pacaembú. Allá, protegido por su gente, arropado por el clima de su patria, tal vez demuestre por qué lo quiere Real Madrid. Porque acá, anoche, Neymar exageró hasta su propia fama".

En la revancha marcó un gol, Santos se coronó campeón de la Copa Libertadores y dos años después fue transferido a Barcelona en € 57 millones, club con el que disputó 176 partidos, convirtió 99 goles y ganó todo, cuando apenas tiene 25 años.

De la tribuna a la cancha

Todo comenzó a tomar forma cuando se terminaba el año 1998. El padre de Neymar fue a jugar un torneo de fútbol playa y Betinho, un captador de talentos contratado por Santos, observó a un garoto de seis años que corría en las tribunas. "Yo estaba armando un equipo de niños nacidos en 1991 y 1992 para un club llamado Tumiaru. Vi a Neymar y fui a hablar con su padre", recordó el caza talentos.

Le llamó la atención porque corría por las gradas como si fuera un lugar llano. "Vi que tenía habilidad, agilidad y gran coordinación motora. A eso le sumé la genética, porque vi que su madre era delgada y alta, y su padre, que había sido futbolista, tenía un buen biotipo. Pensé que si lo juntaba todo iba a dar un buen futbolista".

Betinho conoce del tema. Unos años antes, entrenando a un equipo de fútbol sala, encontró a Robinho, otro que brilló en el conjunto santista. "Neymar era diferente a los otros. Un jugador como él nace entre cada mil millones de seres humanos. Lo comparé con Robinho en la misma edad y era más habilidoso. Ya avisé a su padre que allí había un futbolista que sería, como mínimo, tan bueno como Robinho", reconoció el descubridor del crack en una entrevista.

Jugó al fútbol sala en el Portuguesa Santista y se enroló después al Santos, club que Pelé hizo famoso en la década de 1960. El 7 de marzo de 2009 debutó en Primera división frente a Oeste Futebol Clube por el Campeonato Paulista. Tenía 17 años y entró con el número 18.

A los 15 años ya ganaba un sueldo y con ese dinero compró una casa al lado del estadio Vila Belmiro para su familia. En base a regates y goles importantes comenzó a construir su carrera en Brasil. La fama traspasó fronteras y Chelsea y West Ham del fútbol inglés ofrecieron millones por su talento. Y aunque el sueño que tenía era jugar en Europa, prefirió quedarse un tiempo más en Santos.

El romance con la selección

El 10 de agosto de 2010 debutó con la selección de Brasil en un partido contra Estados Unidos en el estadio New Meadowsland de Nueva Jersey, hoy llamado MetLife Stadium.

La verdeamarelha había fracasado en el mundial de Sudáfrica 2010 dirigida por Dunga, quien fue sustituido por Mano Menezes. En la primera convocatoria del nuevo entrenador entraron Neymar, con el número 11, y Paulo Henrique Ganso.

A los 28 minutos del partido Andrés Santos desbordó por la izquierda y metió el centro. Neymar se anticipó a los defensores y cabeceó a la derecha de Howard, el golero estadounidense. El debutante se arrodilló, besó el escudo de Brasil y enseguida recibió el abrazo de Ganso y Alexander Pato.

Así, con gol incluido, comenzó su romance con la selección mayor a los 18 años. El pueblo brasileño aplaudió el regreso del jogo bonito y el estreno del nuevo Ronaldinho, con sus regates y sus pedealadas sobre el balón.

Desde entonces suma 75 partidos y 50 goles con la selección. Ganó la Copa Confederaciones y fracasó, como todos, en el Mundial de 2014. Neymar era el capitán, pero no pudo jugar por lesión en aquel fatídico 1-7 contra Alemania en semifinales por una lesión ante Colombia.

Tras ese torneo renunció a la cinta y dejó de hablar con los periodistas de su país por las críticas recibidas. Con Tite recuperó la alegría y hoy intentará demostrarlo en el infierno del estadio Centenario.

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