Por un lado, la decadente dictadura cubana convertida en un faro de luz libertaria. Por el otro, el democrático Partido Socialista Obrero Español (PSOE) acusado de financiar narcodictaduras y terroristas, y los republicanos que pelearon contra el régimen franquista rebajados a una panda de extremistas.
En los últimos días, buena parte de la clase política uruguaya dio ejemplo de cómo errarle al evaluar el presente y el pasado de países que, por distintos motivos, estuvieron ligados a la historia de esta pequeña nación del sur. Es así que el lunes 24, en ejercicio de la vicepresidencia por encontrarse Beatriz Argimón de viaje, la inefable senadora nacionalista Graciela Bianchi parece haber llegado a su techo en su permanente militancia tuitera en la que no ha dudado en reproducir informaciones falsas y sembrar violencia discursiva por doquier.
Esta vez generó un incidente diplomático cuando respondió a un tuit del exfiscal de Corte, Jorge Díaz, en el que este había escrito que le daba "placer ver que la ultraderecha nacionalista, machista, misógina y antidemocrática de Vox" no llegaría al "gobierno de España". "Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez parece haberlo logrado de nuevo", opinó en referencia al resultado de las recientes elecciones en aquel país. La respuesta de Bianchi fue lamentable: "Debe leerse: Con el PSOE se tiene asegurado la financiación y los valores de las narcodictaduras cubana, venezolana, nicaragüense, iraní, el terrorismo de la ETA, y el separatismo catalán que quiere terminar con España. Un lujo de opción. Pero ganó el PP”.
"El PSOE actual no es el de Felipe González; el sanchismo es el de la Guerra Civil en que predominaba el comunismo y el anarquismo; y si no hubiera implosionado se seguiría admirando el régimen soviético. Stalin fue el inspirador de ese PSOE. Con estudiar Historia se soluciona", se ensañó la legisladora. El PSOE fue un partido fundamental en la democratización y la modernización de España tras la dictadura de Franco y la acusación de financiar dictaduras y terroristas es de una falsedad inmensa. Pero Bianchi suele ver extremistas y conspiradores donde solo suele haber gente que piensa distinto a ella.
Tras el tuit, el gobierno español citó a la embajadora de Uruguay en Madrid, Ana Teresa Ayala, y el canciller Francisco Bustillo se reunió con el embajador de España en Uruguay, Santiago Jiménez Martín, ante quien se disculpó en nombre del Estado uruguayo. Lo mismo hizo en una conversación telefónica con su par español, José Manuel Albares. La vicepresidenta Argimón, así como diversos dirigentes nacionalistas, colorados e independientes rechazaron los dichos de Bianchi a quien, según informó El País, llamó el presidente Luis Lacalle Pou para pedirle que dejara de hablar sobre la política interna de España.
Previsiblemente, desde el Frente Amplio las críticas no tardaron en llegar. “Fueron horas de vergüenza como país”, dijo el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, y el presidente del FA coincidió que los dichos de Bianchi “son una vergüenza internacional de Uruguay”. Tienen razón Orsi y Pereira; los dichos de Bianchi dan pena. Pero ¿qué se puede decir de la presencia del presidente FA y de otros dirigentes frenteamplistas en un acto organizado por el PIT-CNT este miércoles al cumplirse 70 años del comienzo de la revolución cubana?
Pereira dijo allí que con el asalto al cuartel Moncada dio comienzo “un proceso que iluminó con su ejemplo las esperanzas de soberanía e independencia de todos los pueblos hermanos”. En tanto, la senadora Sandra Lazo agradeció a la revolución cubana “por haber sido y ser luz permanente para la libertad”.
Es cierto que la revolución cubana fue recibida con entusiasmo en sus inicios, y no solamente en filas de la izquierda. Y que pudo “haber sido”. Pero, casi 65 años después de régimen de partido único y de represión permanente a cualquier oposición interna, resulta inexplicable que se considere que ahora Cuba es un faro de luz libertaria.
No se entiende cómo la mayoría de la izquierda no ha realizado aún una autocrítica seria y creíble sobre el gobierno de la isla que, con el paso de las décadas, mutó de ilusión a desengaño.
Se dirá que los dichos solitarios de Bianchi sobre España tienen una enjundia menor a la casi colectiva del Frente Amplio en relación a Cuba. Pero así como la izquierda debería romper amarras con aquello que alguna vez la entusiasmó hasta la adoración, el presidente Lacalle Pou debería poner coto a aquellos dichos que muestran una cara feroz del nacionalismo que poco ayuda a la concordia con quienes piensan diferente.
Además, Bianchi no es una parlamentaria más: es la “número tres” en la línea de sucesión presidencial y es probable que la cuota femenina la vuelva a poner en el Senado tras las próximas elecciones.
Ni Cuba es un faro de libertad ni los socialistas españoles son apañadores de terroristas y dictadores. A veces, para celebrar la democracia y la libertad de expresión, hay que saber callarse la boca.