18 de junio de 2013 18:39 hs

Ayer fue un nuevo día de multitudinarias protestas en Brasil y la presidenta, Dilma Rousseff, se dijo dispuesta a escuchar los reclamos de los manifestantes. El problema es que, tal como sucede con otros movimientos espontáneos que se organizan gracias a internet, en realidad no está del todo claro cuáles son los reclamos de los miles de personas que copan las calles.

Rousseff tuvo una actitud diferente a la de tantos otros líderes que han visto en los últimos años a los jóvenes de su país salir a las calles. Su respuesta fue, incluso, diferente de la que está teniendo por estas horas y ante un problema similar Recep Tayyip Erdogan, de Turquía, quien insiste en criticar a los que se congregan en la plaza Taksim. Al contrario de lo que sucede allí, Rousseff dijo ayer: “Mi gobierno está escuchando esas voces por el cambio. Mi gobierno está empeñado y comprometido con la transformación social”.

Pero habrá que ver cómo se soluciona este asunto, dado que, por el momento, nada parece sencillo.

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El motivo inicial de la protesta, que comenzó hace seis días pero que recién este lunes alcanzó una adhesión de cientos de miles de personas, es el aumento del precio del boleto de transporte público, que en San Pablo subió de los tres reales a los 3,2 reales (US$ 1,6; el salario mínimo mensual es de US$ 339).

De acuerdo con una información publicada por El País de España, desde 2003 aumentó la cantidad de usuarios de transporte público en un 142 %, mientras que la flota de vehículos creció 50 %.

Contrariamente a lo que declaró Rousseff, el alcalde de San Pablo, Fernando Haddad, comentó que aunque entendía los reclamos, era “imposible” anular el aumento de los precios del transporte público y atender así al reclamo de los autodenominados Movimiento Pase Libre (MPL).

Un poco más desconcertante fue lo que asumió el secretario general de Presidencia, Gilberto Carvalho, quien admitió que el gobierno federal no logra entender las razones de las manifestaciones.

“Sería presuntuoso decir que comprendemos lo que está sucediendo”, dijo el ministro a la prensa de su país. “Son nuevas formas de manifestación que nosotros, de la generación de los 70, 80 y 90 no conocíamos”.

Habrá que ver entonces si puede Rousseff dar cabida a los otros reclamos de las protestas, que aunque son de lo más variados tienen otros dos blancos principales: el gasto en el acondicionamiento de cara al Mundial y la corrupción de la clase política.

Entre los del primer reclamo se encuentran los aglutinados bajo el eslogan “¿Copa para quién?”, que protestan por el despilfarro en las grandes obras y exigen que todavía faltan viviendas para ocho millones de familias o una educación de mayor nivel. El manejo de las obras de cara al Mundial es denunciado como corrupto –al igual que parte de los políticos–, y esto hace que un 40 % de los manifestantes declarara que marchaba en contra de esta práctica, según un sondeo de Datafolha.

Problemas de crecimiento

La explicación más lógica de las protestas parece ser la de los problemas de crecimiento, propios de una sociedad como la de Brasil, donde la mejora económica es innegable pero donde los cambios políticos y administrativos no han acompañado tal repunte.

Un artículo de El País de España indicaba ayer que “la culpa, paradójicamente, es de quien le dio a los pobres un mínimo de dignidad”: un ingreso no miserable, la posibilidad de tener una cuenta en el banco y el acceso a créditos.

“Los pobres llegados a la nueva clase media han tomado conciencia de haber dado un salto cualitativo en la esfera del consumo y ahora quieren más. Quieren, por ejemplo, unos servicios públicos de primer mundo, que no lo son; quieren una escuela que además de acogerles les enseñe con calidad, que no existe; quieren una universidad no politizada, ideologizada o burocrática. La quieren moderna, viva, que les prepare para el trabajo futuro”, se lee en el texto de Juan Arias, corresponsal en Brasil desde hace 12 años.

El megáfono de internet

Y a las anteriores características del movimiento que surge hay que agregarle el de la interconectividad facilitada por las redes sociales. De acuerdo con un sondeo de Scup divulgado por O Estado de Sao Paulo, ahora 79 millones de personas hablan del tema a través de ellas.

En lo que hace a la organización de las marchas, Facebook fue un agente importante: 276.000 personas confirmaron su asistencia a la de este lunes en San Pablo. En la calle había una cantidad similar de gente, pero lo importante es que la gente mostró su “apoyo virtual”, según el análisis de Eliseu Barreira Junior, gestor de comunicación de Scup.

Otro dato apoya este hecho, y es que el 81% de los que se reunieron el lunes en San Pablo supieron del evento a través de Facebook, de acuerdo con Datafolha. Además, el 85% buscó información en internet, el nuevo ágora global y caldera de cocción de los nuevos movimientos de protesta.

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