La penumbra se había adueñado de la ciudad, cuando la maestra de una escuela del barrio La Tablada, al sur de Rosario, acababa de repartirles la cena a sus estudiantes. El silencio de la noche entrante hacía todavía más ensordecedor el mutismo percibido durante el lunes, después de que la violencia narco desenfundada en cuatro asesinatos al azar condujo a una cuarentena de facto. La maestra cargó coraje, desafío el vacío de las calles, y acompañó a sus 18 alumnos, uno por uno, hasta la puerta de sus casas.
Para el periodista Germán de los Santos fue una de las escenas más tiernas y aterradoras en los más de 25 años que lleva narrando la marcha de la ciudad argentina “espejo” de Montevideo. “A pesar del terror y del cierre de escuelas, la gente sigue mandando a sus chicos a los comedores, a alimentarse, y eso rompe hasta el miedo a morir”, contó a El Observador el coautor del libro Rosario: la historia detrás de la mafia narco que se adueñó de la ciudad.
Entre La Tablada y el monumento a la Bandera —ícono de esa ciudad argentina— hay menos de cuatro kilómetros de separación, una distancia similar a la de Estadio Centenario con el Antel Arena. Y en todo ese radio —incluso bastante más allá de él— este lunes la población se encerró sin que se lo pidieran, como si fuese el comienzo de una nueva pandemia. Solo que el “virus”, como le llama en su analogía De los Santos, es un conocido de hace “más de una década” para el cual la ciudadanía todavía no encontró su inmunidad. Al contrario.
“El toque de queda espontáneo me impresionó. Nunca pensé que en una ciudad como Rosario la gente hubiese decidido quedarse dentro de sus casas, como la pandemia, por temor. Influyeron las redes sociales y la viralización de mensajes catastróficos por WhatsApp, pero sobre todo lo que hubo fue un miedo genuino”. De los Santos busca la palabras exactas, como quien lleva años intentado descifrar qué hay debajo del manto de su propia ciudad.
El vaciamiento de las calles en Rosario, unas pocas semanas después de que la estadística oficial confirmase que la tasa de homicidios de esa ciudad quintuplicó el último año a la registrada en toda Argentina, no pasó desapercibido siquiera en Montevideo. “(Uruguay) un ejemplo en la superficie. Me preocupa mucho lo que está pasando abajo (y la posibilidad de que haya) una erupción de violencia como en Rosario”, dijo este lunes el politólogo argentino Andrés Malamud a su paso por una charla en el think tank liberal Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).
Rosario —para seguir el latiguillo de Fito Páez— siempre estuvo cerca. Nadie sabe a ciencia cierta la razón. Puede que sea la similitud del tamaño poblacional con Montevideo, la misma agua dulce de la hidrovía que baña las cosas, la proximidad con Buenos Aires pero sin querer serlo, Marcelo Bielsa, la cantera de estrellas futbolísticas, o de músicos, escritores y una melancolía disfrazada de bohemia. Pero, ¿también está cerca en el avance del crimen organizado?
De los Santos había dicho a El Observador que "la hidrovía y el puerto de Montevideo tienen un protagonismo importante" en el narcotráfico. En su última visita a Montevideo —como parte de un taller para periodistas sobre crimen organizado que dictó la Universidad ORT Uruguay— advirtió que “Uruguay está en un periodo inicial de lo que transitó Argentina, sobre todo Rosario, que hubo primero un incremento de la violencia, sobre todo expresada en homicidios, en crímenes sangrientos, que se empieza a ver la utilización de los llamados 'soldaditos' o sicarios”. Pero los narcos de Rosario no son (a priori) los mismos que en Montevideo.
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Requisa en cárcel rosarina este lunes.
Los Monos y los seguidores de Alvarado —por mencionar a los dos principales grupos criminales que se disputan el poder en Rosario— se dedican al mercado doméstico (narcomenudeo) y “no son lo que mueven la droga por la hidrovía”.
La Policía en Uruguay identificó a 51 grupos delictivos (“crimen organizado”) que operan en el país (sin contar los siete que actúan en zonas fronterizas con Brasil). De ese universo, son 11 los que están involucrados con delitos de sicariato, homicidios y atentados, y ninguno cuenta con una operativa que alcance las rutas internacionales del narcotráfico. Así lo constata un documento oficial divulgado por La Diaria el fin de semana.
Por decantación, Rosario parece estar cerca… pero no tanto. De hecho, el criminólogo Emiliano Rojido concluyó en una reciente investigación que más de la mitad de los homicidios por “ajustes de cuentas” reportados en Uruguay tienen, en realidad, un motivo desconocido. Y solo el 11% de los homicidios cometidos en el país durante la última década está vinculado al tráfico de drogas.
Eso no significa que Uruguay no tenga un incremento de los homicidios. Según el sociólogo Ignacio Salamano, la tasa en Montevideo de este delito se duplicó en los últimos 25 años. Tanto es así que, por ejemplo, en 2018 y 2019 la tasa de homicidios en la capital uruguaya fue superior a la registrada en Rosario (13 cada 100.000 versus 16 cada 100.000).
Dado el imaginario y un diagnóstico “equivocado” del avance de los homicidios perpetrados por el narco en Uruguay, “se piden políticas públicas equivocadas pensando en que el crimen organizado está descontrolado. Cuando se piden más militares en las calles o aumentar las penas de todo, se demuestra que se parte de un diagnóstico equivocado que se viene arrastrando hace décadas”, sostiene el asesor del Ministerio del Interior, Diego Sanjurjo.
Pero este lunes, en Rosario, parte de la población pedía “más mano dura”. Al menos eso percibió el periodista Esteban Trebucq, de El Observador Radio, quien estuvo durante “algunas horas” recorriendo la ciudad semi-vacía que retomaba “lentamente” su normalidad.
“No se ve policías por ningún lado. La poca cantidad de patrulleros que se observan están destruidos. Parecería que la gente se acostumbró a la inseguridad: una parte se cuarentenó cuando el miedo les invadió y otra parte desafío el temor porque no le quedaba otra. La policía no tirotea al narco porque está todo podrido. La estación de servicio donde mataron a un pistero inocente, este lunes estaba sin un policía de custodia. La mano está jodida. La gente quiere policías, mano dura, ¡qué manden fuerzas federales!”, relató Trebucq a El Observador.
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Gendarmería entra a Rosario.
De los Santos, en cambio, no ve en la “receta Bukele” una solución: “No pasa por cantidad de policías o gendarmes. De los últimos diez años, en nueve enviaron Gendarmería (federal) a Rosario y se repitió la misma receta que se está usando ahora. El Estado no le ha encontrado la vuelta. Los sectores más progresistas (como el socialismo santafesino) buscaron esquivar el problema. Los sectores más de derecha que gobiernan ahora van por la mano dura. Pero hay un abordaje más profundo, más social y de la cultura narco, que no se está interviniendo por falta de recursos y programas”.