Dólar
Compra 37,20 Venta 39,70
11 de abril de 2011 19:05 hs

Muchachos, si tienen entre 18 y 50 años y trabajan en las finanzas, háganle un favor a su país. Controlen el potencial asesino de la economía que corre por sus venas y háganse un análisis.

Necesitamos saber si Uds. son portadores de testosterona tóxica.

No todos Uds. son potenciales accidentes del mercado financiero esperando estallar. Pero algunos -y tú sabes quién eres--están operando a niveles que exigen una seria supervisión adulta.

Sabemos cómo tú odias el dolor, así que permíteme asegurarte que esto no va a doler. Es un simple análisis de saliva y podemos determinar si eres una persona de alto riesgo. E incluso puedo recomendarte un médico.

Bueno, no es un médico, pero sabe un par de cosas sobre los mercados y sobre la desagradable manera en que unos elevados niveles de testosterona pueden hacer que Uds. se comporten de manera verdaderamente anormal.

“Durante el auge de las puntocom, noté que cierta gente actuaba de manera extraña, maníaca, alucinada”, recuerda John Coates, investigador sénior en Neurociencia y Finanzas en la Universidad de Cambridge en el Reino Unido. “Sospecho que hubo algún elemento químico involucrado en hacer que esos operadores perdieran la chaveta”.

Un elemento químico que milagrosamente ha esquivado al pequeño grupo, menos agitado, de mujeres que hay en Wall Street, dice el médico financiero.

Coates, un ex operador de derivados en Goldman Sachs, Merrill Lynch y Deutsche Bank, reunió a 17 operadores londinenses y les tomó muestras de saliva dos veces por día durante ocho días hábiles. En un estudio publicado el año pasado, informó que cuanto más alto estaban los niveles de testosterona de los operadores al comienzo del día, más dinero ganaban estos.

Las hormonas se disparan

Las ganancias son algo bueno, por supuesto, pero la investigación de Coates sugiere que la euforia de la testosterona puede estimular el tipo de conducta “que acaso sea responsable de que un mercado alcista se convierta en una burbuja”. Funciona de esta manera: comienzas el día con elevados niveles de la hormona. Ganas en una operación. Tu maquinaria de producción de testosterona, alegre por la ganancia, genera aún más testosterona. Corres más riesgos. Te sientes muy bien, ¡eres invencible! Ganas de nuevo. Te sientes incluso mejor. Entonces --¡epa!-- te confías demasiado. Tomas demasiados riesgos. La arruinas.

Los operadores no son los únicos hombres que amenazan sus ingresos netos con una confianza desbordada. La jactancia de los inversores masculinos derivó en que tuvieran un desempeño significativamente inferior al de las mujeres en un estudio de 35.000 inversores realizado en el 2001 por la Universidad de California en Davis. Los hombres que participaron en el estudio operaron un 45 por ciento más que las mujeres y redujeron sus rendimientos netos en 2,65 puntos porcentuales al año. El exceso de operaciones por parte de las mujeres redujo los rendimientos solo en 1,72 puntos porcentuales.

Apego a la embestida

Hasta la crisis financiera, la mayoría de los que tomaban decisiones en Wall Street tenían admiración por sus arrojados amos del universo, si bien podría haber una destacable excepción en un fondo de cobertura de riesgo de Stamford, Connecticut.

En una demanda contra SAC Capital Advisors LP presentada en 2007, Andrew Tong, operador y analista, dijo que había sido acosado sexualmente por su jefe, Ping Jian, quien presuntamente buscaba eliminar los defectos de personalidad de Tong exigiéndole que “usara cierto tipo de ropa en el trabajo”, según documentos judiciales. SAC negó vehementemente las acusaciones y un juez de Nueva York envió el caso a mediación privada. Pero no antes de que un informe del canal CNBC dijera que Jian había hecho que su empleado tomara hormonas femeninas para bajar su agresividad.

Si las acusaciones eran ciertas --y nunca se puede saber en un caso que fue a parar al oscuro abismo de un arbitraje--, quizá este tipo Jian se haya dado cuenta de algo.

Equilibrio de sexos

Una solución menos radical, y que probablemente produzca menos estragos en el sistema endocrinológico masculino, sería sencillamente conseguir un mejor equilibrio de sexos en el sector financiero y los mercados. Necesitamos contrarrestar los géiseres de confianza excesiva que pueden llevar a riesgosas tomas de riesgo, dice Jonah Lehrer, neurocientífico y autor del libro “How We Decide” (Cómo tomamos decisiones), publicado recientemente. “Quizás lo que se necesita es menos hombres en las juntas directivas de las empresas”, dice.

Ya está sucediendo. En Islandia se puso a dos mujeres al frente de bancos en problemas que fueron nacionalizados. En Noruega, la ley exige que el 40 por ciento de los directores de compañías cotizadas en bolsa sean mujeres. Sylvia Ann Hewlett, presidenta del Center for Work-Life Policy, de Nueva York, sugiere la misma regulación para empresas en Estados Unidos.

Michel Ferrary, profesor de Recursos Humanos en Ceram, la escuela de negocios francesa, calculó los porcentajes de mujeres en cargos gerenciales en empresas francesas que cotizan en bolsa para ver si el sexo marcó una diferencia en el desplome de los mercados del 2008. Empresas tales como Hermes Internacional, el 55 por ciento de cuyos gerentes son mujeres, tuvieron un mejor desempeño en el CAC 40 el año pasado mientras que aquellas como Credit Agricole, con un 16 por ciento de gerentes mujeres, tuvieron un desempeño inferior, descubrió.

En la próxima burbuja, quizás a las empresas con muchos hombres les vaya mejor. Pero ¿no nos sentiríamos mejor si los máximos fueran más bajos y los mínimos fueran más altos? Mientras estudiamos el problema, tengamos un poco de compasión con nuestros amigos varones en las finanzas. No es fácil aguantar que se burlen de uno porque ha malogrado las cosas con sus volubles y desenfrenadas hormonas.

Más noticias de Referí

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos