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Alejandro Astesiano

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Un golpe en la mandíbula de Lacalle Pou

La imputación de su jefe de custodia por falsificar pasaportes es, acaso, el episodio más oscuro desde el inicio de su gestión 

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28 de septiembre de 2022 a las 05:03

Cuidando sus espaldas y las de su familia, el jefe de custodia de Luis Lacalle Pou terminó de ganarse poco a poco la confianza del presidente pese a que los antecedentes del policía no eran nada límpidos. Heredado de los tiempos en que cuidaba a Luis Lacalle Herrera, Alejandro Astesiano era, al decir del actual mandatario, un funcionario “intachable” que lo vigilaba con “exceso de celo”. Pero, se sabe, hay amores que matan.

El affaire Astesiano golpeó a Lacalle Pou como ninguno otro desde el inicio de su gobierno, mostró una faceta presidencial muy lejana de la del político que siempre se  mostró seguro de sus determinaciones, y lo dejó no solo expuesto a las críticas opositoras sino a los cuestionamientos que, en reserva, realizan algunos de sus propios correligionarios cuando se los consulta sobre lo ocurrido.

Los cinco días de vacaciones que Lacalle Pou decidió tomarse en el extranjero, comenzaron mal y terminaron peor. Diferencias internas en su partido, denuncias de presuntos espionajes a un periodista y a integrantes del gremio policial y, finalmente, la imputación de su jefe de custodia por falsificación de pasaportes, de la que se enteró apenas arribó al aeropuerto, se desplegaron durante esos pocos días que el mandatario imaginó de reposo y que la realidad mutó en horas de inquietud.

El primero de los problemas, acaso el menor, comenzó a gestarse públicamente el domingo 18 cuando, durante un congreso de Aire Fresco, el intendente de Durazno, Carmelo Vidalín, le pidió al secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, que sea el precandidato presidencial del sector. "Permitime hoy decirte que todos los que estamos acá, todos –y si hay alguno que no esté de acuerdo, que levante la mano– queremos que vos seas nuestro precandidato", dijo Vidalín dejando al resto de los concurrentes en una posición incómoda.

El martes 20 el senador Sebastián Da Silva le salió al cruce al jefe comunal. “Parece mentira que haya gente que esté pensando en juntar votos a esta altura del partido. Es de una enorme torpeza porque al gobierno lo eligieron por cinco años y no por dos y medio”, dijo Da Silva adelantando que la interna del Partido Nacional será, como casi siempre, algo más que movida. Vidalín no se quedó atrás y lo trató de “senador suplente”.

El jueves 22 Búsqueda informó que Lacalle realizó llamados a dirigentes de su entorno para que la discusión bajara de tono. Las palabras del mandatario tuvieron un efecto moderado ya que el domingo 25 Da Silva la volvió a emprender contra Vidalín a quien, sin mencionarlo, trató de “empalagoso” por haberle agradecido al expresidente José Mujica por fundar la UTEC.

Fuentes nacionalistas coincidieron en señalar que los llamados de Lacalle Pou a la paz interna para preservar la concordia en el gobierno serán vanos a medida que los apetitos electorales de los dirigentes y las grescas verbales se intensifiquen.

Ese mismo día otros dos asuntos le explotaron al presidente Luis Lacalle Pou, y uno de ellos lo tocó muy de cerca. Demasiado.

 Primero, el periodista Gabriel Pereyra escribió en twitter que el tercer jefe del Servicio de Inteligencia policial ordenó tareas de vigilancia y seguimiento sobre él. Agregó que el presidente Lacalle Pou y el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, estaban informados del asunto y que “deslindaron responsabilidad”.

Luego, el ministro Heber informó a la APU que se realizó una investigación interna –en realidad fueron preguntas obvias a los presuntamente involucrados– y descartó que se hubiera realizado ese tipo de seguimiento.

No obstante, desde el sindicato policial redoblaron la apuesta y dijeron que tenían información de que a integrantes de ese gremio le habían pinchado los teléfonos. Estas denuncias, aunque difíciles de comprobar, dejaron una sensación de desconfianza en filas de la policía, dijeron a El Observador fuentes del gobierno.

El affaire Astesiano golpeó a Lacalle Pou como ninguno otro desde el inicio de su gobierno, mostró una faceta presidencial muy lejana de la del político que siempre se  mostró seguro de sus determinaciones, y lo dejó no solo expuesto a las críticas opositoras sino a los cuestionamientos que, en reserva, realizan algunos de sus propios correligionarios cuando se los consulta sobre lo ocurrido.

Pero el domingo pasado, cuando arribó al aeropuerto de Carrasco, al presidente lo esperaba la noticia que verdaderamente lo golpeó fuerte en los últimos días: a su jefe de custodia, Alejandro Astesiano, lo esperaba la policía en Suárez y Reyes para detenerlo en el marco de una investigación por falsificación de documentos para la emisión de pasaportes rusos.

Lacalle reaccionó rápido y en la tardecita del lunes 26 convocó a una conferencia de prensa en la que se mostró sorprendido ante el episodio y mal de ánimo por lo que estaba ocurriendo. “Si hubiera tenido el más mínimo indicio, yo no le entregaría lo más preciado que tengo, que es mi familia", dijo el presidente y reflexionó acerca de la demostración que el hecho implica en cuanto a la independencia y el profesionalismo tanto de la Fiscalía como de la policía.

Le cabe razón al mandatario cuando rescata la independencia que mostraron la fiscalía y la policía que no dudaron en apersonarse ante la residencia presidencial para detener nada menos que al jefe de custodia. También pareció sincero al destacar la confianza que tenía en el hombre que le guardaba las espaldas a él y a su familia.

Sin embargo, lo ocurrido es grave. Porque resulta extraño que a un político como Lacalle Pou, siempre atento a los detalles de su actividad, no le importara, cuando decidió echar mano a sus servicios, que Astesiano tuviera más de veinte indagatorias sobre sus hombros por delitos de hurto, apropiación indebida, daño y estafa aunque no llegó a ser imputado por ninguna de estas denuncias. Esos antecedentes –que se extendieron desde 2002 hasta 2018– fueron divulgados luego en varios medios de prensa pero Lacalle siguió confiando en su custodia.

Tuvo que actuar la Fiscalía imputando a Astesiano en el caso de la falsificación de pasaportes para que, finalmente, Lacalle decidiera este martes prescindir de los servicios de su funcionario.

La persistencia de la confianza de Lacalle Pou en Astesiano tiene su base en el vínculo que este hombre tenía con su padre, el expresidente Luis Lacalle Herrera, para quien cumplió funciones en la campaña electoral de 2004. El actual presidente “heredó” la confianza que su progenitor había depositado en “el fibra”, como lo apodan, y siguió confiando en esa persona que, de alguna manera, se había convertido en parte de su paisaje familiar.

En las explicaciones públicas dadas por el presidente sobre este asunto, se lo vio incómodo, un tanto dubitativo, muy lejos del Lacalle Pou que se venía bebiendo los vientos en cada conferencia de prensa.

Resulta extraño que a un político como Lacalle Pou, siempre atento a los detalles de su actividad, no le importara, cuando decidió echar mano a sus servicios, que Astesiano tuviera más de veinte indagatorias sobre sus hombros

Desde la izquierda no le perdonaron la elección de Astesiano como hombre de confianza, y en el propio oficialismo consideran que el hecho golpea a Lacalle como ningún otro desde el inicio del gobierno.

La confianza depositada por Lacalle Pou en este hombre lejos está de representar un asunto personal, una decisión fallida que solo influye en el desánimo del presidente. Astesiano se había convertido en un hombre con poder. Por ejemplo, podía recabar información de cualquier agencia nacional o extranjera referente a eventuales riesgos para el presidente, sus familiares directos, y cualquier otra persona que determinara. De hecho, usó su despacho en la Torre Ejecutiva para organizar los negocios ilícitos por los que  fue imputado.

Exitoso en sus decisiones durante la pandemia, sólido en sus apariciones públicas, bien tratado en las encuestas, al presidente Lacalle Pou le pegaron fuerte en el inicio de la segunda mitad de su mandato. Y el golpe se lo propinó el hombre al que había elegido para prevenir cualquier atisbo de violencia contra su persona. Aunque Astesiano trabajaba a sus espaldas –literal y figuradamente– no se entiende cómo, dado los antecedentes del individuo, el fogueado Lacalle Pou no previó semejante sopapo.

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