9 de enero 2014 - 10:46hs

Hace siete meses que está radicada en Amherst, en Massachussets; con 30 años armó las valijas y dejó atrás su casa en Pocitos para ir a cursar un doctorado en Economía Ambiental en la universidad de dicho estado, en el noreste de Estados Unidos y que tiene a Boston como capital.

Verónica García habló con El Observador y dijo estar sintiendo el frío como nunca antes y eso que también supo vivir en la gélida región escandinava. Relató las peripecias para caminar en las calles, con unos zapatos de clavos comprados en Suecia y cómo altera su vida cotidiana esta ola de frío que azota a América del Norte y que ya ha dejado a su paso una veintena de muertos.

“Está superfrío, este miércoles al mediodía había -12 ºC de temperatura y alrededor de -20 ºC de sensación térmica. Generalmente cuando hace mucho frío y tengo que salir me llevo una taza térmica con líquido bien caliente y trato de usar doble capa de ropa, sobre todo en las piernas, además de evitar salir de noche, que es cuando está peor”, fueron sus primeras palabras. Agregó que lo que está viviendo “ni se compara con Suecia”, pero que se trata de “algo fuera de lo común”, pues en días normales, “las temperaturas suelen ser similares”.

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De todas maneras, explicó que “la mayor diferencia es la preparación. Acá (en EEUU) limpian y ponen sal, pero no hay buen sistema de desagüe, por lo cual toda la nieve que se derrite se congela y no tiene donde desagotar”.

Esta situación la lleva a ser más precavida en sus tareas diarias, a programar casi cada paso y a estar atenta al mail o celular para saber de cambios de último momento en el transporte o en la universidad.

“Tengo que planear ir al supermercado temprano porque me lleva tiempo ir y venir, dado que el transporte donde vivo es bastante malo y no hay un buen sistema de paradas de ómnibus, como hay en Suecia, por ejemplo”, explicó.

También agregó que la tecnología es muy útil en estos casos, ya que “cuando nieva mucho y está complicado, la universidad cierra y avisa con tiempo”. Pero si esto sucede durante el día, existe “un plan de salida de la universidad”. “Se reciben mails y sms y se puede consultar por Twitter, por ejemplo, si los ómnibus cambian el recorrido, la frecuencia o si no pasan”.

A la hora de andar por la calle, “unos pinchos de acero” que se pone en los zapatos son sus grandes aliados si ve que “hay que caminar sobre hielo”, ya que “en un momento la nieve se empieza a derretir y cuando baja la temperatura se congela todo y se puede ver hielo negro”.

Pese a todas estas medidas de contingencia, dijo que debe volver “a casa antes de las 17, porque a esa hora ya es de noche y el frío es peor”.

Como si fuera un norteamericano más, intenta cumplir con todas las recomendaciones y trata de no estar mucho tiempo afuera y no tener piel descubierta. “La piel de la cara, por ejemplo, me arde horriblemente porque el frío quema todo lo que tengas expuesto”, aseguró.

La uruguaya transmite el frío con sus palabras, pero se las arregla, y eso que estuvo en Montevideo para las fiestas de fin de año sufriendo la ola de calor.

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