¿Esperaba que fuera a suceder, que se generara ese efecto positivo cuando observó que comenzaba la crisis sanitaria?
Es imposible de formular eso.
Pero hay antecedentes.
Sí, hay muchos antecedentes. En realidad, la literatura sobre el tema muestra que cuando existen crisis fuertes, terremotos, guerras, u otro tipo de catástrofes naturales o sociales, que no sean adjudicables al gobierno, hay un reflejo ciudadano de alinearse en torno al gobierno. Obviamente, eso depende de que el gobierno actúe de manera razonable. Y eso ha pasado. Este crecimiento en popularidad e imagen que está teniendo Luis Lacalle Pou se ha visto en muchos presidentes en el mundo –aunque no en todos– y hay muchos antecedentes.
O sea que Lacalle Pou sale fortalecido de esta crisis.
Sin duda que el presidente está fortalecido, al igual que el elenco político de gobierno. Quizá el punto más claro de esta construcción de liderazgo en el manejo de la pandemia fue el momento en que el presidente decide no impulsar la cuarentena obligatoria, sino apelar a la libertad responsable. En esa definición, personal, afirmada en valores, y contraria a lo que la enorme mayoría del clima de opinión local e internacional sugería, el presidente puso en juego buena parte de su liderazgo. Si los contagios se disparaban, iba a asumir costos. Pero con los resultados conocidos, su liderazgo salió fortalecido. Y estamos teniendo una situación de cambio político desde el punto de vista de la opinión pública en la imagen y el liderazgo muy relevante, porque en Uruguay la constante desde hace 30 años es que los líderes políticos de mejor imagen sean del Frente Amplio.
¿Es un punto de inflexión la situación de Lacalle Pou?
No sabemos el futuro, pero digamos que hubo algunos momentos puntuales. En el primer semestre de Jorge Batlle, en el 2000, Batlle se transformó en el líder político más popular del país, pero eso duró muy poquito, fue muy efímero. Hoy el líder político con mejor imagen del país es el presidente Lacalle Pou, y dentro de los cinco principales líderes políticos con mejor imagen del país, tres son elenco del gobierno.
¿Esos serían...?
El canciller Ernesto Talvi ha salido claramente fortalecido, ha incrementado mucho su imagen respecto al período electoral; otras figuras que eran menos conocidas para el público en general, como el secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, han incrementado significativamente su imagen sin ninguna duda; hay buena parte del elenco ministerial, algunos que eran líderes políticos ya conocidos y con trayectoria, como el ministro del Interior, Jorge Larrañaga, o el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, y otros que eran ministros desconocidos para el gran público,
como la ministra de Economía (Azucena Arbeleche), el ministro de Salud Pública (Daniel Salinas) y el ministro de Desarrollo Social (Pablo Bartol), que mejoraron su imagen. También ocurrió con la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, que han estado con un protagonismo importante y que han mejorado mucho su imagen.
Lacalle Pou ha tenido una exposición pública muy fuerte. Viajó a Rivera dos veces en una semana, da conferencias o ruedas de prensa en forma periódica, va a los velorios cuando asesinan a un policía. Hay quienes dicen que puede generarse un desgaste de su imagen, pero a la vez él procura enviar un mensaje de respaldo a los actores de su gobierno. ¿Qué incide más?
Ahí eso es algo que depende de sus propias características. Es imposible que un presidente disimule o sea lo que no es. Y yo creo que esta característica de Lacalle Pou de querer seguir la jugada de cerca, en algún sentido también se vio durante la campaña y efectivamente responde a su naturaleza. Eso tiene sus puntos a favor, que son los que mencionabas, y por supuesto que también implica algunos riesgos: la sobreexposición.
¿Y cómo opera el desgaste, de haberla?
El desgaste opera porque si el presidente en última instancia es visto como responsable de todo, eso implica que si las cosas van mal la responsabilidad es suya. Y es lo que ha dicho.
Durante la campaña electoral, el Frente Amplio le criticaba a Lacalle Pou que no estaba preparado para gobernar. ¿Cree que la gente que tenía esa percepción la sigue teniendo o a raíz de la gestión de la emergencia sanitaria se modificó?
Es posible, es una de las hipótesis. Hubo un alineamiento muy fuerte en los niveles de aprobación dentro de los votantes de la coalición –hoy están por encima del 90%, que es muy alto– y dividió también la opinión de los frenteamplistas, porque dentro de los votantes del Frente Amplio hay opiniones divididas. El presidente sorprendió a un conjunto de gente que no lo había votado y probablemente Lacalle Pou mostró atributos de liderazgo en una circunstancia difícil que para mucha gente no era evidente en lo previo. Y obviamente que la pandemia y la forma como el gobierno reaccionó también en algún sentido creo que desacomodó un poquito al Frente Amplio
¿Cuánto de lo positivo que logró el gobierno en estos 100 días se corresponde con una manera de comunicar?
Creo que el gobierno ha tenido un muy buen desempeño en ese plano. En definitiva, eso tiene tres o cuatro dimensiones. Primero, una velocidad de reacción muy grande. Realmente, si uno mira lo que era la agenda de debate en la segunda semana de gobierno, la que comenzaba el 9 de marzo, la discusión estaba centrada en el aumento de tarifas. E inmediatamente en dos días cambia 180 grados la agenda y el gobierno reacciona de una manera inmediata. Y eso que era un gobierno que recién había entrado, para un gobierno en el cual muchos de sus integrantes se conocían relativamente poco. Me imagino que el vínculo o conocimiento mutuo entre el ministro de Salud Pública y el resto debía ser escaso. Y muchos de ellos tampoco conocían el territorio, sin antecedentes de gestión pública, sin antecedentes en el Estado. Entonces realmente creo que ahí hubo una capacidad de reacción que impresionó a la opinión pública.
En segundo lugar, se implementó rápidamente una política de información que si uno la compara con la que están teniendo otros países del mundo –países desarrollados a los que se les ha hecho muy difícil contar la cantidad de casos, de muertos, de positivos, etc.–, la verdad es que el gobierno mostró también una transparencia fuerte. En tercer lugar, se llevó adelante un régimen de vocerías.
¿Lo sorprendió en ese sentido la figura de Álvaro Delgado como jefe de gabinete?
Evidentemente, cuando se supo que Delgado iba a ser secretario de Presidencia era esperable que tuviera un rol protagónico en la gestión del gobierno. Al igual que ocurrió con el gobierno y con el presidente, la situación de la pandemia le dio a Delgado un nivel de exposición pública mucho mayor al que se hubiera dado en una situación normal, y se transformó en un vocero que la opinión pública reconoció como muy confiable en este contexto. Entonces, si bien a diferencia de varios ministros Delgado era ya una figura pública, muchos uruguayos no lo conocían. Esto le dio un impulso a su nivel de conocimiento y simpatía y aprecio popular.
¿Considera que le alcanza como para proyectarse como una figura política importante de cara a 2024?
Es muy difícil saberlo en este contexto. Los niveles de incertidumbre son enormes. Pero está claro que para cualquier político aumentar su base de conocimiento y simpatía siempre es una buena noticia.
¿La marcha atrás en decisiones como la realización de la encuesta del Mides para analizar su imagen, en atención a su gasto –$ 475.000–, es señal de debilidad o fortaleza?
No me resulta cómodo hacer comentarios porque justamente la empresa seleccionada había sido Equipos Consultores. Pero más allá de este episodio puntual, sí es relevante mencionar que la investigación social y de opinión pública tiene un valor enorme para los gobiernos, así como para cualquier empresa. Tomar decisiones sin conocer con precisión las preferencias y necesidades de los ciudadanos puede ser un error muy caro.
Al enviar la LUC al Parlamento mientras se procesaba la emergencia sanitaria, el gobierno se enfrentó a “Lo urgente es la gente”, el concepto del que se aferró el Frente Amplio para oponerse en los últimos meses en plena emergencia sanitaria.
Creo que ahí el gobierno tenía argumentos fuertes, porque por supuesto que lo urgente era la emergencia sanitaria, pero ese argumento hubiera sido mucho más fuerte si la gente hubiera sentido que el gobierno no estaba atendiendo la emergencia sanitaria. El argumento del Frente Amplio era inteligente, pero hubiera funcionado mejor en un contexto en el cual la gente se hubiera sentido desatendida, pero ese no era el contexto.
La seguridad fue el primer problema de los uruguayos durante mucho tiempo y uno de los temas que accionó la alternancia. ¿Cómo están procesando ese tema los uruguayos con la pandemia?
Estamos en plena ebullición porque este shock sacudió y puso de cabeza las prioridades de los uruguayos, entonces en marzo los uruguayos señalaban la pandemia y la salud. Ya en abril, el empleo, ahora en mayo probablemente sea un poco más la seguridad. No solo hubo un shock en marzo sino que en abril y mayo seguimos. Hemos visto más cambios en las prioridades en tres meses que en 10 años. Eso en algún momento se va a estabilizar.
¿Este buen desempeño del gobierno en los números de opinión pública puede trasladarse a los candidatos de la coalición?
Las campañas departamentales tienen vida propia. Hoy tenemos como 16 departamentos donde ya sabemos quién va a ganar.
¿Cuáles son?
Diría que el Partido Nacional va a ganar la gran mayoría, el Partido Colorado va a ganar Rivera y puede pelear en alguna otra, y el Frente Amplio va a mantener algunas intendencias.
¿En Montevideo por ejemplo?
Las encuestas muestran que el Frente Amplio tiene ventaja.
¿Esa ventaja es inamovible? ¿Está liquidada la elección?
La última encuesta mostraba al Frente Amplio con 54% contra 34% de la coalición pero veremos como se desarrollo la campaña.