"¡Es enemigo de nuestro país!": la difícil tarea de ser el corresponsal de la BBC en la Rusia de Putin
El corresponsal de la BBC en Rusia reflexiona sobre las dificultades de informar día a día desde el país gobernado por Putin.
2 de febrero 2026 - 20:50hs
El corresponsal de la BBC Steve Rosenberg y el productor Ben Tavener son sometidos a inspecciones adicionales cada vez que entran y salen de Rusia. BBC
Steve Rosenberg visitó por primera vez Moscú cuando todavía existía la Unión Soviética. Steve Rosenberg
El corresponsal de la BBC puede ocasionalmente hacerle preguntas al presidente Putin, lo que arroja luz sobre cómo ve el mundo y su resentimiento hacia Occidente. Getty
La Plaza Roja de Moscú ha sido el escenario de mítines de ferviente apoyo a Putin. AFP via Getty Images
Un famoso presentador de la televisión rusa lanza una diatriba contra Reino Unido en su programa.
"¡No hemos echado a la maldita BBC con ese Steve Rosenberg! Camina por ahí y parece una ardilla defecando... ¡es un enemigo de nuestro país!"
Bienvenidos a mi mundo: el mundo de un corresponsal de la BBC en Rusia.
Es un mundo al que ofrecemos un vistazo en "Nuestro hombre en Moscú". El documental del programa Panorama de la BBC relata un año en la vida de la oficina de la cadena pública británica en Moscú, mientras el Kremlin libra una guerra contra Ucrania, aprieta las tuercas en casa y construye una relación con el presidente Trump distinta a la que tuvo con otros mandatarios estadounidenses.
El insulto de la ardilla no me molesta. Las ardillas son bonitas. Y tienen la piel gruesa, algo que un corresponsal extranjero necesita aquí.
¿Pero que me llamen "enemigo de Rusia"? Eso duele.
La Rusia que desapareció
He pasado más de treinta años viviendo y trabajando en Moscú. De joven me enamoré del idioma, la literatura y la música de Rusia. En la universidad en Leeds dirigí un coro que interpretaba clásicos folclóricos rusos. Para un concierto escribí una canción en ruso sobre un muñeco de nieve que se puso tanta ropa que acabó derritiéndose.
Como ese muñeco de nieve, la Rusia que conocía pareció derretirse en febrero de 2022. Con su invasión a gran escala de Ucrania, el país más grande del mundo había emprendido el más oscuro de los caminos. La "operación militar especial" del presidente Putin se convertiría en la guerra más mortífera en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que esto no salió de la nada: Rusia se había anexionado Crimea en 2014 después de arrebatársela a Ucrania y ya había sido acusada de financiar, alimentar y orquestar un levantamiento armado en el este de Ucrania. Las relaciones con Occidente se estaban volviendo cada vez más tensas.
Aun así, la invasión a gran escala fue un momento decisivo.
En los días que siguieron, aquí se adoptaron nuevas leyes represivas para silenciar la disidencia y castigar las críticas a las autoridades. Las plataformas de la BBC fueron bloqueadas. De repente, informar desde Rusia empezó a parecer caminar por una cuerda floja sobre un campo de minas legal. El desafío era informar con precisión y honestidad sobre lo que estaba sucediendo sin caerse del alambre.
El arresto en 2023 de un reportero del Wall Street Journal demostró que un pasaporte extranjero no lo libraba a uno del riesgo de "acabar en la cárcel". Evan Gershkovich, ciudadano estadounidense, fue condenado por cargos de espionaje. Pasaría dieciséis meses tras las rejas. Él, su empleador y las autoridades estadounidenses denunciaron que el caso era una farsa.
En la oficina de la BBC en Moscú somos ahora un equipo mucho más pequeño. Juntos intentamos sortear los desafíos diarios de contar lo que pasa en Rusia
El productor Ben Tavener y yo nos enfrentamos a menudo a "controles adicionales" al entrar y salir de Rusia. A los reporteros de países etiquetados como "hostiles" por el Kremlin, como Reino Unido ya no se les emiten permisos de un año. Nuestras visas de periodista y tarjetas de acreditación deben ser renovadas cada tres meses.
Muchos colaboradores que solían hablar con nosotros ahora son reacios a hacerlo. Probablemente piensan que en un momento de tensión internacional elevada, verse asociados a la BBC no vale la pena.
Steve Rosenberg visitó por primera vez Moscú cuando todavía existía la Unión Soviética.
Preguntas a Putin
Sin embargo, junto con otras emisoras occidentales que han mantenido presencia en Rusia, todavía recibimos invitaciones a eventos del Kremlin.
Y a veces tengo la oportunidad de hacerle preguntas al presidente Putin.
Una sola pregunta y su respuesta en una conferencia de prensa pueden proporcionar una valiosa perspectiva sobre el pensamiento del presidente ruso.
El resentimiento hacia Occidente impulsa a Vladimir Putin: por la ampliación de la OTAN hacia el este, y lo que él percibe como años de falta de respeto hacia Rusia por parte de los líderes occidentales. Sus críticos lo acusan de tener desiginios imperialistas, de intentar reforjar la esfera de influencia de Rusia.
"¿Habrá nuevas 'operaciones militares especiales'?", le pregunté al presidente el pasado diciembre, como parte de una pregunta más amplia sobre sus planes.
"No habrá ninguna operación si nos tratan con respeto. Si respetan nuestros intereses...", respondió el líder del Kremlin.
Esto plantea la siguiente pregunta: si Vladimir Putin concluye que los intereses de Rusia no han sido respetados, ¿entonces qué?
El corresponsal de la BBC puede ocasionalmente hacerle preguntas al presidente Putin, lo que arroja luz sobre cómo ve el mundo y su resentimiento hacia Occidente.
Con Donald Trump de vuelta en la Casa Blanca, Moscú siente que Washington le respeta más. En la cumbre de Alaska el pasado agosto, el presidente de Estados Unidos desplegó la alfombra roja para el líder de Rusia. Al invitarlo a Anchorage, Donald Trump sacó a Vladimir Putin del frío del aislamiento internacional, aunque la cumbre no logró poner fin a la guerra en Ucrania.
No todo ha salido como Moscú hubiera deseado. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, capturado recientemente por tropas estadounidenses, era aliado de Rusia. Luego Estados Unidos incautó un petrolero en el Atlántico: navegaba bajo bandera rusa.
Aun así, resulta sorprendente lo poco que el Kremlin ha criticado a Estados Unidos durante los últimos 12 meses. Moscú parece creer que las buenas relaciones con el gobierno de Trump le ayudarán a terminar la guerra de Ucrania en términos beneficiosos para el Kremlin.
Así que ahora la mayor parte de la retórica antioccidental en los medios estatales rusos se dirige, no a Estados Unidos, sino a la Unión Europea y a Reino Unido.
Otros tiempos
Cómo han cambiado las cosas.
En 1997 me invitaron al Club del Loro Blanco, un popular programa de comedia ruso protagonizado por un loro blanco llamado Arkasha.
Celebridades rusas se sentaban en un bar, se contaban chistes británicos entre sí y hablaban con cariño de Reino Unido.
"En 1944 estaba en la línea del frente en la Segunda Guerra Mundial", recordó la leyenda del cine Yuri Nikulin. "Recuerdo cómo Gran Bretaña y los Aliados abrieron el Segundo Frente. Eso nos ayudó muchísimo".
La fraternidad del Club del Loro me invitó a "cantar algo británico". Me senté al piano y canté sobre "¡Daisy! ¡Daisy!" y "una bicicleta hecha para dos".
Sentado en ese bar de Moscú, sentía como si Gran Bretaña no pudiera estar más cerca de los corazones rusos. Recuerdo que pensé que Rusia y Occidente iban en esa "bicicleta hecha para dos", y que la confrontación al estilo de la Guerra Fría quedaba en el pasado.
No fue así.
En treinta años, hemos pasado de "loros blancos" a "ardillas que defecan".
Mucho peor, hemos pasado de esperanzas de amistad entre el este y el oeste a una guerra de cuatro años en Europa que ha sido devastadora, sobre todo para Ucrania.
La manera en la que termine esta guerra afectará no solo el futuro de Ucrania y el de Rusia, sino el de Europa.
La Plaza Roja de Moscú ha sido el escenario de mítines de ferviente apoyo a Putin.
En los últimos cuatro años ha habido momentos que me han impactado. Nunca olvidaré mi conversación con Vera en una manifestación pro Putin en 2022. Le había preguntado si tenía un hijo. Contestó que sí.
"¿No le preocupa que lo recluten en el ejército y lo envíen a Ucrania?", le pregunté.
"Prefiero que maten a mi hijo en combate en Ucrania a verlo meterse en problemas en casa", respondió Vera. "Mira cuántos hombres jóvenes aquí no tienen trabajo y pasan el tiempo emborrachándose".
También ha habido encuentros más agradables. Unos días después de que el presentador de televisión Vladimir Solovyov me etiquetara como "enemigo de Rusia", varios moscovitas se me acercaron para estrecharme la mano y fotografiarse conmigo.
Es como el símbolo nacional de Rusia: el águila bicéfala. Una cabeza gruñe y te llama "ardilla que defeca".
La otra dice: "Gracias por estar aquí".
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