El veredicto del césped en Dallas volvió a ser implacable. La agónica eliminación de Portugal ante España en los octavos de final del Mundial 2026 no solo significó la despedida del seleccionado luso en el torneo, sino también el punto final definitivo a la trayectoria de Cristiano Ronaldo en la competición más importante del planeta.
A sus 41 años, el legendario delantero cerró su libreta mundialista dejando atrás una historia llena de récords personales, pero con un sabor a cuentas pendientes colectivas que marcaron sus 20 años persiguiendo el trofeo.
Los Mundiales de Cristiano Ronaldo con un muy mal saldo
El viaje de Cristiano Ronaldo comenzó con la ilusión de la juventud en Alemania 2006. Cobijado por una generación brillante que lideraba Luís Figo, un joven CR7 alcanzó las semifinales y se quedó con el cuarto puesto tras caer ante Francia y Alemania.
Lo que parecía el prólogo de un dominio absoluto se convirtió, con los años, en una muralla infranqueable. Cuatro años más tarde, en Sudáfrica 2010, España, que terminaría siendo campeón del mundo, lo frenó en octavos de final con un solitario gol de David Villa.
El punto más bajo de su idilio mundialista llegó en Brasil 2014, donde los problemas físicos y un rendimiento colectivo opaco condenaron a Portugal a armar las valijas de forma prematura en la fase de grupos.
La historia no mejoró demasiado en las citas siguientes: en Rusia 2018, pese a arrancar de forma espectacular con un triplete ante España, la solvencia de Uruguay lo despidió nuevamente en octavos. Para Qatar 2022, sumido en el ojo de la tormenta mediática y relegado al banco de suplentes por Fernando Santos, las lágrimas del astro tras quedar fuera en cuartos de final a manos del sorpresivo Marruecos parecían el cierre definitivo.
Sin embargo, su inquebrantable mentalidad competitiva le dio una última oportunidad en el Mundial 2026.
Con la cinta de capitán en el brazo, Cristiano batalló durante los 90 minutos ante España en Dallas en busca del pase a cuartos, pero un agónico gol de Mikel Merino en el minuto 90, decretó otra eliminación en octavos de final.
Un final que ratifica una paradoja del destino: el hombre que lo ganó absolutamente todo a nivel de clubes y que grabó su nombre en letras de oro en la historia del fútbol, se retira de la gran cita de la FIFA con la espina clavada de no haber podido levantar jamás la Copa del Mundo.