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25 de febrero de 2012 22:29 hs

Herido en su honor y en su fútbol por tantos embates, de los rivales y de su propia tienda –porque Peñarol no sufre por estas horas solo los cuatro goles de Atlético Nacional en la Libertadores sino la interna feroz de un club que se presenta muy debilitado– no fue fácil para Peñarol salir al campo para defender sus primeros tres puntos en el Clausura. A pesar de ello, con muy pocos argumentos, con la convicción de algunas individualidades y las debilidades del rival, los aurinegros debutaron con una victoria ante El Tanque Sisley por 2-0 que brinda un poco de alivio entre tantas angustias.

La imagen de soledad de la tribuna con la que se encontraron los jugadores cuando subieron el último escalón del túnel para ingresar al campo de juego fue la peor cachetada que pudo recibir un plantel que se había acostumbrado a las caricias de su gente. Y eso, aunque intenten minimizarlo, porque es un aspecto que el técnico debería haber hablado con los futbolistas previo al partido, pesa, y fue determinante en la disposición anímica de los aurinegros. Fue por esa razón que sin sorprender ni impresionar con su juego, Peñarol sufrió casi todo el partido ante una formación de El Tanque Sisley que se plantó bien en la cancha, pero dejó en evidencia que le faltan jugadores de peso en ofensiva.

Lento, anunciado, sin la pelota en su poder ni jugadores que manejaran el balón para llevar el fútbol con buen criterio al ataque, porque Freitas pareció perdido en el mediocampo y no tuvo a quien entregarle, porque Cristóforo estuvo demasiado afectado por lo que está viviendo con Peñarol, la pelota llegó a los delanteros solo a través de los pelotazos que lanzaron los defensas. Casi como único argumento, así se generó a los 14 minutos el córner que derivó en el primer gol, cuando, tras dos cabezazos en el área, Darío Rodríguez estableció la apertura.

Ese gol abrió para los aurinegros un escenario más favorable, pese a las deficiencias de su juego, porque El Tanque se adelantó unos metros en la cancha y le dejó el partido servido a Peñarol para jugar de contragolpe, con la velocidad de Estoyanoff, Mora y Maximiliano Pérez. Con esa propuesta, durante los 10 minutos siguientes a la apertura, los aurinegros tuvieron sus mejores momentos de fútbol y goles en los pies de Pérez y Albín, que no concretaron. Tras esas emociones el partido volvió al ritmo monótono que surgía desde el campo y que también imponía la banda de la Amsterdam, que parecía alentar sin entusiasmo.

El instinto de Pérez que despertó a los 43 minutos para aprovechar un contagolpe, la velocidad de Mora y la definición de Estoyanoff, establecieron el 2-0.

El complemento ofreció muy poco más, porque con la ventaja y sin muchos argumentos futbolísticos para desplegar en el campo, el juego transcurrió casi como un compromiso. A falta de 10 minutos los hinchas le brindaron el apoyo al entrenador Gregorio Pérez (ver página 6) y el partido terminó con 10 jugadores de cada lado, por la expulsión de Ignacio González y porque a los 87 minutos Amodio se retiró lesionado y los aurinegros no tenían más cambios.

Al final, entre abrazos y gestos de aliento, los jugadores de Peñarol intentaron transmitir un mensaje de unidad para reforzar el espíritu de un equipo herido que sufre sus peores horas.

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