Admiré en sus comienzos el fútbol de los equipos de Carrasco, por la propuesta, porque es arriesgado y porque rompía el molde uruguayo. Fue tan innovador y marcó un punto de inflexión en la competencia, que ese modelo sirvió de inspiración para otros entrenadores, que resultaron exitosos después. También inició un cambio en la forma de ver y sentir el juego, y promovió un hincha más exigente. Pero a medida que avanzaba el tiempo y no existía un punto de equilibrio ni matices -era blanco o negro para JR- empecé a mirarlo con recelo, porque tanto derroche de fútbol mal aprovechado era un despropósito. Desde entonces espero ver a Carrasco campeón a algo, y sigo esperando.
Tomo como punto de partida que no le puedo pedir a JR que proceda con la misma inteligencia que tiene Diego Aguirre -que tomó lo mejor del modelo de Carrasco y lo desarrolló sin estridencias-, porque JR se conduce a su manera y con espíritu trasgresor. Esas mismas formas que le permitieron imponer en el fútbol local un modelo innovador, de otra forma hubiera sido imposible en una estructura tan rígida como la uruguaya.
El problema que se plantea, entonces, es que Carrasco no supo completar la obra porque el gran invento se le termina escapando de las manos y, como sucedió tantas veces con el técnico de Nacional, acaba provocándose daño a sí mismo.
Cómo se puede explicar que alguien visionario, con un modelo tan brillante, porque nadie le puede discutir parte de su propuesta futbolística, sea capaz de flagelarse con sus actitudes prepotentes y soberbias.
Porque no quiere concentrar, porque falta al entrenamiento el día después de una derrota, porque va a dirigir de chancletas o se retira de la práctica al chalé de los entrenadores y vuelve comiendo algo mientras sus jugadores entrenan, o atiende el teléfono en el entrenamiento. O porque el plantel está concentrado en la pretemporada y él solo va a dirigir el entrenamiento y se vuelve a su casa, porque rota la cinta de capitán y le quita cierto liderazgo al/los referentes del grupo, porque en el plantel que utilizó el domingo contra Miramar Misiones no puso a ningún defensa en el banco de suplentes y si el árbitro hubiera procedido como correspondía -Christian Núñez mereció la tarjeta roja- el técnico no tenía variantes. Y si por ahí entiende que los defensas que tiene en el plantel no están a la altura de lo que pretende, que los saque del grupo y que lo complete con algún otro jugador de Tercera división.
Vuelvo a insistir con Aguirre, porque me parece que es un ejemplo debido a que el técnico de Peñarol no es tan brillante como Carrasco, pero es inteligente y compensa lo que por allí pueden tener los genios, como sin dudas es Carrasco, con las buenas decisiones en los momentos justos. Aguirre utilizó lo mejor de su colega y lo aplicó en el campo. Además: concentra, se mide en sus palabras, es muy respetuoso de todos, jamás habla de más, no falta a las prácticas y es un ejemplo para el grupo. No rota al capitán, ni entrena de chancletas. Es un profesional íntegro y, al menos públicamente, nadie le puede reprochar nada.
La crisis que vive Nacional en la actualidad es responsabilidad Carrasco, sin dudas. Ahora bien, si el argentino Gallardo lo rescata y hace arrancar la máquina tricolor, bien por el técnico albo, pero es una pena que JR, que revolucionó el fútbol uruguayo en la última década, que quedará en la historia como uno de los grandes innovadores, también sea recordado por ese porcentaje menor de inteligencia y sentido común que le falta para completar su obra.
Quizás alguien le puede hacer entender que no sea tan cabeza dura, pero después que sus actitudes lo revolcaron en la selección y ahora en Nacional -se salvó en Fénix y River porque la caja de resonancia es menor-, definitivamente no quiere aprender. Y lo escribo con dolor por el valor que JR tiene como genio innovador del fútbol. Es una pena, pero ya le dieron suficientes oportunidades.